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Archivo de la etiqueta: Sierra Maestra

Décimas SU MAJESTAD, LA MUJER

mujeres foto

Foto tomada de cadenagramonte.cu

Wilfredo Verdecia González, el niño analfabeto que se hacía hombre en las labores del campo en plena la Sierra Maestra (Ver De campesino analfabeto a Ingeniero Eléctrico), y sustituyó azadón y machete por el fusil libertador de las huestes de Fidel Castro, hoy saluda a todas las compañeras en el Día de la Mujer con las décimas:

SU MAJESTAD, LA MUJER

I    La mujer es la energía

     Que al tiempo hace avanzar,

     Esperanza para amar,

     Por habernos dado el ser.

      Es simiente, es energía,

     Con causa para la vida,

      Ella cura las heridas,

      Con una sonrisa bella,

      Iluminando la estrella,

      Y a las personas sufridas.

 II  Su Majestad es la mujer,

      Y se merece un altar,

      Así poderla adorar,

      Por habernos dado el ser.

     Tenemos que agradecer,

     Con toda nuestra humildad,

     Obrando con la verdad,

     Sin desmayar ningún día,

     Logrando siempre armonía,

     Para la felicidad.

III Un homenaje a la flor,

      Más hermosa de la tierra,

      Para acabar con la guerra,

      Y darle paso al amor.

       Un homenaje mayor,

      Como la mujer merece,

       La vida que reverdece,

       Por su obra cotidiana,

       A la mujer soberana,

       Hoy todo el mundo agradece.

Otras décimas de este autor:

Décimas Amor y amistad
 
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Publicado por en 07/03/2017 en Cuba, cultura, Familia, Política, Revolución, Sociedad

 

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Fidel, el de las agallas

Por Ilse Bulit

fidel-castro-con-la-campana-de-la-demajagua

El estudiante Fidel Castro Ruz, en la Universidad de La Habana, junto a la campana del ingenio La Demajagua que llamó al combate el 10.10.1868

Era viernes, el día de la Bohemia. La abuela regresó, revista en mano. La niña sabía leer, pero la abuela dirigía las lecturas. Se detuvieron frente a la foto del joven y la campana. La pequeña reconoció la campana. La abuela le había hablado de Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, un juramento y la campana. La abuela ordenó la lectura. Sonrió pícara. “Ese blanquito tiene agallas”, dijo. Fue el primer encuentro con Fidel.

Después, un día lo descubrió hecho voz en la radio, en la COCO, y por lo que denunciaba, repitió lo de las agallas y buena conocedora del sonido humano, le felicitó también la entonación viril. Pasaría el tiempo, contado más largo para los de abajo en la escala social, cuando ansiosas, la nieta ya adolescente, buscaban en el radio Phillips de bombillos la emisora rebelde. Encontrada solo una vez, la identificaron por la voz de la mujer, la “estática” -así le decían entonces a aquella interferencia-, no permitió conocer si era él el hombre que hablaba.

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Tras las huellas de Fidel (IV y final) Viet Nam del Sur: La colina 241, histórico escenario de un encuentro *

Por Magali García Moré (Enviada especial)

Fidel Castro reunido con combatientes vietnamitas

El comandante en Jefe Fidel Castro en fraternal reunión con combatientes en zonas liberadas de Viet Nam del Sur

Un espectáculo impresionante se ofrece ante nosotros: cráteres de bombas, cientos de proyectiles sin estallar y casquillos de armas de los más diversos calibres, restos de tanques y camiones se mezclan en terrible confusión. La colina 241 –Base “Carroll” para los norteamericanos—es la demostración más fehaciente de que los yanquis no son invencibles.

Aquí estalló en pedazos la potente maquinaria de guerra creada por los imperialistas norteamericanos y utilizada esta vez para aplastar las fuerzas patrióticas en el Sudeste asiático. Aquí se respiran aires de liberación. Aquí se lucha y se vence. Este es un ejemplo válido para todos los pueblos que en el mundo se enfrentan al imperialismo.

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Universidad Central: Girón y Rodolfo de las Casas, Casitas

Por Pedro Hernández Soto

Fidel con combateintes en la Sierra Maestra. Casitas el primero de la izquierda

Sierra Maestra. Fidel se reúne con combatientes. Casitas, el primero de la izquierda.:

Abril es pródigo en hechos heroicos recogidos en las paginas  historia Patria. Quienes   tuvimos la oportunidad de aportar desde la Universidad Central Martha Abreu de Las Villas, un pequeñísimo grano de arena a la Primera gran derrota de los Estados Unidos en América Latina, también es de recordar cada día 21 de este mes –a partir de 1969- el aniversario de la pérdida de aquel gran revolucionario, infatigable combatiente por la justicia social que fue Rodolfo de las Casas, Casitas para sus amigos u Ofi, para los aún más allegados. En la foto que ilustra este trabajo, tirada en plena Sierra Maestra,  se encuentran: (De I a D):Rodolfo de las Casas; Faustino Pérez; “Manzanillo”, es el de la boinita; José Quián Cullén, Cheito, solo se le ve la espalda y la parte de atrás de los pantalones; Carlos Franqui, con camisa oscura y gorra; Paco Cabrera, sentado en el suelo; Piti Fajardo, de pie de espaldas y de completo uniforme; Fidel; un combatiente sin identificar; Teté Puebla, a la derecha agachada. Además aparecen dos políticos de Manzanillo medio acostados en el suelo.

El propio día 17 de abril de 1961, cuando salí del improvisado albergue situado en “la casita del maíz”, debajo del antiguo y ya derruido tanque de agua, lo hice vestido de miliciano, tras la orden de Fidel desde el día anterior, de Alarma de combate para todo el país. No era el único, así estaban también aquellos quienes caminaban presurosos,  parte de aquel puñado de estudiantes, trabajadores y profesores, incorporados a las Milicias Universitarias Ramón Pando Ferrer, que no es ocioso recordar que si acaso llegábamos tan solo a una compañía.

En el Teatro Universitario –aún no terminado totalmente- alguien, no recuerdo ya quién, me informó: Dirígete al SEDER, hay reunión de la Milicia. Allí me encontré con unos pocos compañeros y compañeras. Eugenio Urdambidelus, a la sazón presidente de la FEUC y jefe de aquel cuerpo armado me dijo: hay un desembarco enemigo por Playa Girón, incorpórate que tendremos una misión importante.

Casi terminando de hablar llegó un carro donde viajaban un teniente mulato y achinado, de uniforme y boina verde olivo, Casitas y Pepe el Cura. Estos dos muy respetados dirigentes estudiantiles, fundadores de las Milicias Estudiantiles en Santa Clara. Todos portaban armas. Salieron con rapidez.

Estaba casi recién llegado yo desde mi natal Cienfuegos para estudiar Perito Químico Azucarero, lo recuerdo bien desde los primeros momentos de 1960, enfundado en un traje verde olivo de reglamento, tocado con boina negra y pistola calibre 45 al cinto, y venía precedido de un bien granada aureola de estudiante.

Al poco rato nos trajeron unas armas largas. Ya éramos más. Nos formaron y distribuyeron en dos escuadras de hombres y otras tantas mujeres. Tomamos posiciones protegiendo la instalación, incluso con ametralladoras en el techo, la puerta y otros lugares en derredor.

Entonces llegó el primer grupo de detenidos (hombres) que se acomodaron en el tabloncillo con ellos venían, custodiándolos Casitas y otros jóvenes más. Después me enteré que las detenidas eran cuidadas por nuestras milicianas en un local de la entonces Escuela de Pedagogía, creo. A partir de entonces, hasta la desmovilización, hacíamos guardia doce horas y descansábamos otras doce. Con el tiempo y las tensiones aquello se volvió francamente agotador.

El resto de la historia es bien conocida, por las instalaciones deportivas pasaron unos 700 contrarrevolucionarios según unos, otros afirman fueron más de mil. Era una mezcla de pequeños burgueses, obreros acomodados, lumpens, profesionales y hasta estudiantes universitarios. Entre ellos la llamada Niña de Placetas, que posteriormente se alzó en el Escambray y protagonizó la tristísimo historia de matar a la criatura que allí gestó y parió, para que no le estorbara en su afán como bandida.

Una anécdota: entre los detenidos estuvo un gordito, bastante pesadito él, de Santa Clara (los había de toda la provincia de Las Villas y un poquito más allá), que se quiso hacer el gracioso y comenzó a cantar con voz estentórea. Coincidió esto con la presencia de Casitas quien lo llamó con suavidad a un lado y le dijo algo bajito, muy bajito al oído: santo remedio, se calló de una vez y por todas. El horno no estaba para galletitas.

Desde aquel momento me di cuenta que Rodolfo de las Casas era un torrente de acciones organizativas y de trabajo político ideológico, en un discurso que sostenía con una conducta intachable de cubano honesto y comprometido con la Revolución.

Siempre tenía tiempo para escuchar a su interlocutor y le prestaba toda su atención mientras se mesaba la espesa barba negra crecida en la Sierra Maestra como miembro de la columna Uno del comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, donde llegó a ostentar la jefatura de una capitanía según Juan Nuiry ha relatado en su ascenso al baluarte montañosos en octubre de 1958. Después daba su opinión con el carácter que recomendaba los planteamientos escuchados.

Fue organizador principal de la fundación de la Beca Universitaria  y el Batallón Universitario, supo disciplinar con métodos muy pedagógicos y políticos a aquel grupo de cerca de 500 jóvenes que ingresamos desde diferentes procedencias y educaciones, poco después de Girón, la gran mayoría a cursar estudios de nivelación a muchos de los cuales tuve la suerte de dar clases de Física.

Rodolfo de las Casas Pérez, Casitas

Rodolfo de las Casas Pérez, Casitas

Entonces pude conocer mucho mejor, más de cerca al dirigente estudiantil Casitas, y por supuesto admirar más su moral, sencillez, humanidad, carácter y gran cariño por la Revolución. Nunca le vi usar grados, ni alardear de su jefatura en el Instituto Nacional de la Vivienda como delegado en Las Villas.

Por terceros me enteré de su azarosa lucha clandestina, de haber trabajado con hombres y mujeres de la talla de Osvaldo Herrera, Ramón Pando Ferrer, Quintín Pino, Margot Machado, José Quián Cullén (Cheo), Julio Camacho Aguilera, Enrique Hart , Faustino Pérez y Oscar Lucero, entre otros. De no cobrar salarios al Gobierno Revolucionario.

Al parecer, afectado por grave enfermedad nerviosa debida  a las torturas recibidas, los dramáticos momentos que vivió y la presión de trabajo, en una consecusión de inexplicables acciones, se quitó la vida en Camagüey el 21 de abril de 1969. Sus restos descansan en el Panteón de los Héroes y Mártires de la lucha revolucionaria del Cementerio de Santa Clara.

Vale la pena conocer más de este extraordinario joven. Le recomiendo leer los trabajos:

Rodolfo de las Casas Pérez

Rodolfo de las Casas Pérez (Casitas)

 
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Publicado por en 22/04/2013 en Cuba, Historia, Política, Revolución, USA

 

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