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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (II): LA LUCHA CONTRA BANDIDOS

Por Luis Machado Ordetx

Elio-Jorge-Martínez

Elio Jorge Martínez, centenario miliciano y productor, residía en Manicaragua, y figuró entre los entrevistados para el libro Operación Jaula, escrito por José R. Herrera Medina, y publicado en 2008. (Foto: Manuel de Feria).

Elio Jorge Martínez cumplirá 102 años el próximo octubre. Es nativo de Calabazar de Sagua, pero hace décadas reside en Manicaragua. Allí fundó su familia y se quedó para siempre. Figuró como administrador de granjas agropecuarias y miliciano cazabandidos. Todavía sus recuerdos e ideas son tan cristalinas como el agua que emanan los manantiales del lomerío.

Fue de los hombres que a partir de 1960 estuvo en la Limpia del Escambray. Cursó instrucción militar en La Campana, donde aprendió, entre campesinos y obreros, la combinación de las operaciones tácticas con labores político-cultural.  Las clases las impartían “combatientes, algunos de la columna número 1 de Fidel, gente muy buena que nos enseñó el arte de pelear”, dijo.

Allí por vez primera vio al Comandante en Jefe, y como todos, recogió su saludo. “El 7 de septiembre, un día antes de salir los 18 pelotones de operaciones para perseguir a los bandidos, llegó a la escuela. Estaba encima de unos sacos llenos de arena, y dijo: …arrímense para acá que les voy a hablar: tengo que dar unos detalles que cumplirán, y atiendan bien. Ustedes van a llevar dinero para comprar todo lo que vayan a comer por ahí. Al campesino tienen que pagarle lo que compren, incluso darle un poquito más de lo que piden. No pueden meterse en ninguna casa, y sobre todo respetar las familias. Cuando divisen a los bandidos se tiran en el suelo y disparan al aire hasta que se entable el combate.

“Eso me sirvió mucho a mi porque una vez me topé con unos alzados y hubo tremendo volumen de fuego allá en Aguacate, y el humo de la pólvora se confundía con la neblina. Allí le di un tiro a Ismael (Látigo Negro) Heredia en una pierna. Enseguida salieron corriendo. Nosotros éramos pocos hombres.”

Jorge Martínez, de hablar pausado, recuerda cuando “en La Cariblanca, Fidel se montó en una mula y le regaló su camisa a un combatiente. Siempre fui forjado en la estirpe de Enrique Otero (Gallego) , Gustavo Castelllón (El Caballo de Mayaguara) y Puro Villalobos. Todos éramos rastreadores de bandidos. De esos hombres había muchos en todo en el Escambray. De lo contrario no se liquidaría el bandidismo y tampoco echaríamos pa´lante en todas las acciones militares y productivas que nos esperaban. En la Cariblanca estaban las mayores fuerzas de alzados. De allí, en la casa que le prestaron la mula, el Comandante se llevó para La Habana a un niño, y quería que se educara en la ciudad. Tremendo humanismo sintió la familia de Domingo Fuentes, un campesino agradecido de la Revolución.”

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Fidel: la Historia lo absolvió y su vida lo inmortalizó

Por Pedro Hernández Soto

fidel-2¡Papá, murió el Comandante! Así me dijo, lo sentí –más que oírlo o verlo- triste, angustiado, en la penumbra de mi cuarto. Y remachó: ¡Se fue el Mayor, compadre! Me hablaba mi nieto a quien he criado en unión de su mamá, demás abuelos y tíos por eso me llama así, Papá; lo conozco bien por eso aprecié su sufrimiento. Es joven, jaranero, decidido, disfruta y padece actitudes buenas y para mi no tanto, las mismas de otros muchos laboriosos mocetones pues tiene 26 años.

Era poco después de las doce de la noche y dormíamos cuando al sonar el teléfono mi esposa se quejó: ¿Quién será a esta hora? Por lo general el timbre telefónico en esos momentos se asocia con desgracias. No ocurrió para mí en esta ocasión. Geovany se levantó con rapidez y contestó a quien supe después era mi hijo Pedro con el doloroso aviso.

Rápido buscamos en la televisión cubana y no encontré nada, tampoco en la radio (quizás estaba apurado en demasía), me incomodé y abalancé hacia la computadora.

Medios nacionales desiertos, tan solo El País desde España exhibía una supuesta intervención de Raúl anunciando el deceso de hombre que cambió los destinos de Cuba y promovió los de América Latina y otros continentes; desconfié como otras muchas cientos de veces. Me fui a Facebook, le confieso que ya me asfixiaba el duelo aunque conocedor del importante papel desempeñado a lo largo de su larga vida de lucha. Sí, muchos de mis amigos reflejaban la dura realidad, Fidel Castro había muerto.

Me sucedió algo realmente extraño, muchos girones de recuerdos: ante todo imágenes del Lider indiscuible de la Revolución en diversos momentos a lo largo de sus luchas, peleando y convocando a la unidad, a la resistencia, a la independencia nacional; desde el joven estudiante universitario aparecido hace más de cincuenta años en las páginas de Bohemia al lado de la campaña que tañó los sonidos liberadores en La Demajagua, pasando por el comandante victorioso de ajado uniforme del 6 de enero de 1959 en el parque José Martí de Cienfuegos, al frente de la Caravana de la Libertad; como presidente de duras reuniones del Consejo de Ministros en los años 80; hasta las más recientes imágenes del Fidel, ya nonagenario, fotografiado en feliz conversación con Nguyen Tan Dung, Primer Ministro de Viet Nam.

Pensé en Raúl: ¡Otro despiadado golpe, entre los más duros! Ahora se le va el hermano mayor, el compañero, el amigo, el jefe; Fidel fue el maestro de pueblos y gobernantes, Raúl es su más aventajado alumno. Pero nuestro actual Presidente es fuerte, está forjado en la lucha bajo los principios martianos, fidelistas y marxistas, los cubanos y hombres honestos confiamos en él. Y cavilo también sobre sus familiares y además, en otros muy allegados, sus camaradas de armas. Todos nos preparabamos para conmemorar el  aniversario 60 de otra de sus grandes gestas libertarias, la expedición armada realizada en el yate Granma.

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Derechos de Cuba. Tiempo de cambio y esperanza*

Por Magali García Moré

Maestros voluntarios salen de la Habana hacia la Sierra Maestra

7 de mayo de 1959, Terminal de Ómnibus de la Habana. .Avanzada de maestros voluntarios hacia la Sierra Maestra. (De D a I): Mercedes Marquette Colomé (fallecida), Magali García Moré, Guillermina Ares Valdés, María de los Ángeles Ruenes Fernández, el comandante Víctor Bordón y un militar no identificado. Foto cortesía de Guillermina Ares Valdés

Esta noche más de 770 millones de personas en el mundo no podrán leer antes de irse a dormir, por que sencillamente no saben hacerlo, de acuerdo con datos de la ONU correspondientes al 2011, que además refiere que esa cifra la componen mayoritariamente mujeres. De acuerdo con datos de la ONU, 775 millones de adultos, principalmente mujeres, siguen siendo analfabetos en todo el mundo.
Más de la mitad de la población adulta analfabeta del mundo, según la agencia de noticias XINHUA, se agrupa en el Sur y el Este de Asia, seguida por el SubSahara africano (21,4 por ciento), el este de Asia y el Pacífico (12,8 por ciento), los países árabes (7,6 por ciento), Latinoamérica y el Caribe (4,6 por ciento), y Norteamérica, Europa y el centro de Asia (dos por ciento).

Frente a cifras tan alarmantes y desproporcionadas, y ante las enormes dificultades de poder salvar este abismo, ¿Podremos llegar a pensar y conseguir sociedades más justas y la realidad de un mundo mejor?

Mucho se ha hecho y se continúa haciendo para obtener tan preciado objetivo. La Revolución cubana lo demostró y demoró menos de dos anos en ejecutar un programa para más que eliminar el analfabetismo en el país, al que se sumaron miles de adolescentes, jóvenes y adultos.

La lucha por el aprendizaje de leer y escribir comenzó antes, desde las zonas ocupadas por el Ejército Rebelde. En los propios campamentos, durante el escaso tiempo disponible entre las operaciones de guerra, se agrupaban los combatientes para recibir clases. Además se abrieron aulas en los lugares posibles para que los campesinos de la zona dieran los primeros pasos en la ilustración. En el II Frente Oriental Frank País se desarrolló un trabajo ejemplar en tal sentido.

Cuando la Revolución tomo el poder ya yo era Maestra Normalista (graduada en 1956) y me sumé a ese grupo de maestros sin aulas, que así cumplían una parte del programa del Moncada. Fui ubicada en Cruce de los Baños, hoy municipio cabecera del III Frente Oriental, y donde tuvieron su asiento las fuerzas del Comandante Juan Almeida Bosque.

Allí llegamos integrando un pequeñísimo grupo compuesto por técnicos de diferentes oficios, maestra y un medico, que comenzamos a desarrollar un trabajo educacional, cultural, social y material con los campesinos.

Las transformaciones de esos primeros tiempos se sucedieron muy rápidamente y al año siguiente del triunfo, Fidel convocó a jóvenes para que se sumaran a enseñar a los niños campesinos, era el 22 abril de 1960. La idea era crear las aulas en la zona y convivir allí durante el curso, con los correspondientes periodos vacacionales establecidos, pero el gran objetivo era que se mantuvieran allí por algunos anos.

La convocatoria se abrió para estudiantes de bachillerato, Escuelas de Comercio y hasta de las Escuelas Normalistas. Cientos de jóvenes se inscribieron y fueron a pasar un curso de entrenamiento a Minas del Frío, donde se mantenían tres meses sin recibir salarios. Y fueron tantos que se creó un Primer contingente de maestros voluntarios, luego un Segundo y se cerró con el Tercer.

Aquellos meses nos hicieron madurar, y se creó en los campamentos un sentido de responsabilidad, sacrificio y solidaridad, hecho de la savia generosa de una obra que ya comenzaba a ser más grande que nosotros mismos.

Subimos por veredas al Pico Turquino, la elevación más alta de Cuba, nos pasábamos la mayor parte del tiempo mojados pues en ese periodo llovía mucho, dormíamos en hamacas cubiertos por un nylon; comíamos unas veces mejor y otras no tan bien.

Profesores del Ministerio de Educación tenían a su cargo la orientación pedagógica elemental requerida para el trabajo que afrontarían y clases de preparación combativa. Pero recuerdo con especial afecto los domingos en la mañana, cuando nos reuníamos grupos de compañeros según las posiciones ideológicas y creencias religiosas, para debatir temas muy del momento y también rezar o leer fragmentos de la Biblia.

Con la creación de cientos de aulas y la ayuda de los propios vecinos del lugar, donde quiera que los ubicasen, los maestros pasaron a ser el centro del trabajo político, social y cultural. Y fueron el punto de apoyo imprescindible para el trabajo de los meses subsiguientes cuando se desarrollo la formidable Campaña de Alfabetización.

Justo en abril del 61 tuvo lugar el ataque mercenario que culminó en la Victoria de Playa Girón con lo que además demostramos que era posible enfrentar al imperialismo yanqui y derrotar a quienes ellos habían entrenado, armado y apoyado durante la agresión. Aquella gloria fue un acicate para todos los pueblos del mundo, en primer lugar, por supuesto, el cubano.

En ese momento, los egresados del Primer contingente ya estaban en sus aulas, en lugares nunca imaginados por muchos de ellos, y recibiendo a los jóvenes alfabetizadores que tendrían a su cargo hacer de Cuba el Primer Territorio Libre de Analfabetismo de América.

Lo que siguió es historia de ahora, reciente. Cuba envió y envía maestros a diferentes países, ha creado un método pedagógico de alfabetización propio -avalado por experiencias positivas doquiera que se ha puesto en práctica-, contribuyó y contribuye con su experiencia y conocimientos en países de América y de África.

Habrá quienes todavía se estén preguntando ¿Cómo lo hicieron los cubanos, cómo crearon ese ejército docente y cómo llegaron más allá de sus fronteras?

* Tiempo de cambio y esperanza, libro de la autoría de Nora  Rojas Fernández y Magali García Moré, publicado por la Editora Politica/La Habana, 2012.

 

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Santa Clara: Milicias Estudiantiles Revolucionarias (MER) de 1959 a 1961

El presente trabajo es la primera parte de la conferencia titulada El papel de las Milicias Estudiantiles (MER) de Santa Clara, brindada por el ingeniero Nelson Montiel Benítez, el pasado 23 de marzo, en el X Taller Internacional Problemas teóricos y prácticos de la Historia Regional y Local, organizado por el Instituto de Historia de Cuba.

Santa Clara: Milicias Estudiantiles Revolucionarias (MER) de 1959 a 1961

Por Nelson Montiel Benítez

Capitán Osvaldo Herrera González, ayudante del jefe de la Columna 2, Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán

Capitán Osvaldo Herrera González, ayudante del jefe de la Columna 2, Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán. Foto cortesía: Raúl Sarmiento

Desde el momento mismo del triunfo revolucionario de enero de 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro definió que ese había sido solo la victoria de la lucha insurreccional, a lo que sobrevendría una guerra mucho más larga y difícil para lograr mantener el poder revolucionario y que ello solo sería posible depositando el poder en manos del pueblo, las armas en manos del pueblo.

Es así que surgen las Milicias Nacionales Revolucionarias, presentes todos los sectores poblacionales, sin distinción de edad, raza, sexo, procedencia social; involucrando al pueblo en la defensa de la Revolución, de sus propios intereses.

Era una imperiosa necesidad ante las manifestaciones contrarrevolucionarias que se hicieron presentes por elementos desafectos, procedentes en su mayoría de la pequeña y gran burguesía, alentada y financiada por el Gobierno de los Estados Unidos así como alguna minoría de las capas humildes confundidas por influencias ajenas a su procedencia de clase.

En octubre de 1959, el Comandante Camilo Cienfuegos  , de paso hacia la provincia de Camagüey, sostuvo un encuentro que devino histórico, con un grupo de dirigentes estudiantiles villaclareños encabezados por Rodolfo de las Casas Pérez (Casitas) -destacado líder estudiantil villaclareño de reconocida trayectoria revolucionaria en la lucha clandestina y en la Sierra Maestra, donde formó parte de la Columna Uno, dirigida por el Comandante en Jefe- y en la cual participaron también José A. García Bertrand (El Curita), luchador revolucionario y presidente de la Asociación de Alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, Eugenio Urdambidelus López, estudiante de la Escuela de Ciencias Comerciales y vicepresidente de la Federación Estudiantil Universitaria Central (FEUC), que renunció a las comodidades que le proporcionaba la fortuna familiar para entregarse en pleno a la causa revolucionaria, así como Enrique Villardefrancos Huelgos (Cosío), militante del Movimiento 26 de Julio en Santa Clara, durante la clandestinidad y desde entonces vinculado a El Curita.

En esa reunión el Comandante Cienfuegos dio su aprobación a la propuesta que le presentara García Bertrand para la creación de las Milicias Estudiantiles Revolucionarias (MER), en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, proponiendo a su vez que llevaran por nombre Milicias Estudiantiles Osvaldo Herrera, en honor al heroico Capitán rebelde de su tropa, destacado dirigente estudiantil en el centro docente, preso mientras cumplía una arriesgada misión de su columna y, tras ser salvajemente torturado, prefirió privarse de la vida antes de cometer una delación.

Nacen así las MER, dirigidas por El Curita, inicialmente compuestas por estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, que contribuyeron sobremanera a la consolidación de la firme posición del estudiantado revolucionario villaclareño, ahora con las armas en la mano y a la cual se integraron también estudiantes de otros centros estudiantiles y jóvenes revolucionarios del territorio.

Comienzan las MER organizando sus estructuras, primero los pelotones, luego compañías, para de manera sistemática recibir, con el apoyo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias destacadas en el Regimiento Leoncio Vidal, de Santa Clara, la preparación militar elemental, que consistió en el manejo de las armas, ejercicios de infantería, tiro, guardias para cuidar importantes objetivos socio-económicos, etc. Todo ello contribuyó a comenzar a foguear la disciplina de aquellos jóvenes estudiantes constituyéndola además, en una organización lista para el enfrentamiento directo con el enemigo y frenar en seco sus intenciones de detener y destruir el joven proceso revolucionario.

En la primera etapa las milicias estudiantiles vistieron diferentes uniformes teniendo como base el pantalón verde olivo e indistintamente camisa verde olivo o blanca, pulóver blanco; colocando en el brazo izquierdo un monograma bordado con las siglas MER.

Al igual que en el Instituto de Segunda Enseñanza, en la Universidad Central Martha Abreu de Las Villas (UCLV) se constituyeron las milicias estudiantiles, que adoptaron el nombre de Ramón Pando Ferrer, sobresaliente joven revolucionario que había sido también un reconocido dirigente estudiantil en la casa de altos estudios, capturado por las fuerzas de la tiranía en las montañas del Escambray y asesinado.

Este primer destacamento de las milicias universitarias estuvo bajo la dirección del compañero Rosendo Moreno, joven estudiante del centro muy enérgico en su acción revolucionaria, y fue integrado por un reducido número de simpatizantes de la Revolución, en el confuso ambiente de aquella etapa, mereciendo destacarse el papel desempeñado (entre otros),  por estudiantes como Eugenio Urdambidelus, Berto Ortega, Manuel Peláez, Francisco Padrón, Olga Caballero, Rafael Jordán, Eduardo Rodríguez López, Jesús Guzmán Pozo, Antonio Rodríguez Palacios, Pedro Hernández Soto, Manuel Ruiz González, José Abreu, Rogelio García Vila, María Adela Jiménez; los trabajadores Rubén Murieda Solano y Adalberto Valdés Casamayor; y los profesores Ramiro Mas Martín, José Noriega y Silvio de la Torre Grovas, quien más tarde fuera destacado Rector de la Universidad Central.

Por esa etapa había sido designado por el Comandante Ernesto Ché Guevara, como jefe de las Milicias Nacionales Revolucionarias en la provincia de Las Villas, el entonces Capitán Armando Choy Rodríguez, quien había sido un activo líder estudiantil, destacado luchador clandestino y luego combatiente del Ejército Rebelde en las montañas del Escambray.

En ese período comenzaron a desarrollarse actividades tendientes a fortalecer el carácter patriótico en las milicias estudiantiles. En ocasión de celebrarse en Las Mercedes, antigua provincia de Oriente, el 26 de Julio de 1960, sétimo aniversario del Asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, Casitas, el Capitán Choy, El Curita y otros dirigentes estudiantiles villaclareños, organizaron la participación de las MER y las Milicias Universitarias Ramón Pando Ferrer en tal concentración, haciéndose el viaje por tren hasta el Central Estrada Palma donde se descarriló, cubriendo todos el camino restante hasta el lugar de la concentración, a pié. Una vez concluido el acto hicimos una larga caminata a la Sierra Maestra, a escenarios históricos de la lucha guerrillera comandada por Fidel.

Al regreso, fue organizado un recorrido por los campamentos que sirvieron de base a los combatientes que, comandados por el Comandante Camilo Cienfuegos, desarrollaron la exitosa campaña guerrillera por el norte villareño. Ello dejó una profunda huella en la formación patriótico-revolucionaria en los integrantes de la columna estudiantil.

En 1960, la UCLV fue escenario de una seria confrontación política entre las fuerzas pequeño-burguesas y la creciente y pujante fuerza revolucionaria.

La reacción, orientada y financiada por el Gobierno imperialista de los Estados Unidos quiso aprovechar la huida hacia Miami del doctor Oliver Labra, Rector del centro y el fusilamiento del traidor Porfirio Ramírez, Capitán del Ejército Rebelde y presidente de la FEUC, quien se alzó en las montañas del Escambray e integró un destacamento armado en contra de la Revolución, que en vano pretendió consolidar una base de apoyo en el recinto universitario.

Fue, sin dudas, un momento de definiciones donde las fuerzas revolucionarias, con sus milicias estudiantiles al frente, salieron fortalecidas, expansionándose, dando lugar a la creación del Batallón Universitario 316, siendo nombrado jefe del mismo el compañero Urdambidelus, quien también había asumido la presidencia de la FEUC.

En diciembre de 1960, cuando el cambio de presidentes norteamericanos (de Dwight  Eisenhower a John F. Kennedy), el joven gobierno revolucionario movilizó al pueblo como clara advertencia del potencial defensivo con que contaba la Revolución.

En el Club Deportivo de Santa Clara, bajo el mando del Capitán Armando Choy Rodríguez, se concentraron miembros de las Milicias Nacionales Revolucionarias y, como parte de ellas, los estudiantes integrantes de las MER y de la Milicia Universitaria.

En abril de 1961, cuando el ataque mercenario por Playa Girón las Milicias Estudiantiles jugaron un prominente papel en la detención y custodia de componentes la quinta columna contrarrevolucionaria, posible potencial de apoyo a la fuerza mercenaria. Las MER se concentraron en dos cuarteles de operación, uno en el Instituto de Segunda Enseñanza y otro en el antiguo Santa Clara Tennis Club.

Los elementos considerados como posible apoyo a la fuerza invasora fueron detenidos y trasladados al estadio deportivo (SEDER) de la Universidad Central, que fue el vivac principal, quedando allí bajo la custodia de los milicianos universitarios miembros del Batallón 316.

Esta operación conjunta contó con la activa participación de Casitas, El Curita, Fernando Sordo, Enrique Villardefrancos, Eugenio Urdambidelus, Rafael Jordán y otros destacados revolucionarios villaclareños y significó un factor de soporte decisivo a los Órganos de la Seguridad del Estado.

Luego de la derrota mercenaria en Playa Girón, acude a la Universidad Central de Las Villas, un numeroso contingente de alrededor de 500 jóvenes estudiantes, muchos de los cuales habían sido fundadores de las MER en el Instituto de Segunda Enseñanza y que habían sido seleccionados tras rigurosos exámenes de conocimientos y cociente de inteligencia, para integrar un curso de nivelación e inaugurar el Plan de Becas, en respuesta al planteamiento que hiciera el Comandante Ernesto Ché Guevara de vestir a la Universidad de negro, de mulato, de hijos de obreros y campesinos, y con ello romper el esquema que había hecho de los estudios superiores, un privilegio de la pequeña burguesía villareña y el sueño de la potencia imperialista norteamericana –tras el triunfo popular de enero- de crear allí un foco de resistencia en contra de la Revolución.

Con la llegada de los becarios se fortalece el Batallón Universitario de Infantería 316, que crece hasta cuatro compañías masculinas y una femenina.

Trabajos relacionados:

Agustín Gómez Lubián y Julio Pino Machado

 
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Publicado por en 09/04/2013 en Cuba, Historia, Política, Revolución

 

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