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Juan Formell: Cuba, música y deber social +VIDEO

Por Pedro Hernández Soto

Juan Formell

Juan Formell, genio musical, fundador y director de los Van Van. Rescató el Son y creó el Songo. Educó hombres y mujeres, y preparó músicos

Tan solo asistí a un concierto de Van Van, fue en el Teatro Carlos Marx. Nunca participé en un baile popular amenizado por ellos.

No obstante me he divertido mucho, muchísimo, con sus composiciones en fiestas de familiares, amigos y propias, así como con los triunfos logrados para Cuba.

Las presentaciones del grupo en la televisión concitaban la atención de incontables y en tiempos recientes estaban atentos a si Juan Formell, su director-fundador, estaba al frente de la agrupación, preocupados por los rumores circulantes sobre su precaria salud.

Conversé con él una sola vez hace unos veinticinco años, mientras tranquilamente esperaba a la entrada de nuestro estudio por el comienzo de una entrevista. Un amigo común nos presentó. Ya estaba en la cúspide y millones de personas se movían al ritmo de quienes bien llamaríamos después El Tren de la Música Cubana. Por suerte para mí demoró el llamado a la grabación. Aprendí de sus enseñanzas, reí con simpáticas anécdotas y chistes, la pasé de maravilla.

Me impresionaron sus cubanía, valoraciones del arte en general y la música en particular, conceptos de la amistad, del patriotismo, de las prácticas religiosas. Por estos últimos criterios entonces me recordó a mi padre.

Cualquier neófito como yo reconoce que sus crónicas musicales poseen un encanto especial, facilitador de un diálogo amplio y urgente con los bailadores, como entre eternos conocidos, con sentimientos coincidentes, de códigos únicos; con timbre propio, muy particular e inigualable, alcanzando un lenguaje entendible y apasionante para ambos.

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Libia, Gaddafi, terrible lección

Ayer circularon las noticias de la caída de la heroica Sirte y el asesinato del líder libio Mohamar El Gaddafi. Era de esperar tras ataque tan bestial por la más feroz y despiadada Entente de la historia de la humanidad.

El programa desestabilizador fue bien concertado por parte de los explotadores de siempre. El análisis cuidadoso de las partes blandas de la revolución libia y su jefe, facilitó bien meditadas acciones en su contra, políticas, ideologías, financieras, de inteligencia, mediáticas y por último, militares.

Fueron estudiados los principales cuadros del gobierno y la defensa del país mediterráneo, sus apetencias, preferencias y debilidades. Se aunaron esfuerzos con dirigentes del mundo árabe, enemigos del mundo árabe.De tal modo fue conquistado el líder revolucionario, que llegó a creerse favorito de los mandatarios norteamericanos y de las mayores potencias europeas; incluso se sintió san seguro que aceptó renunciar a comprar moderno armamento.

Varios de sus más cercanos e importantes colaboradores le abandonaron cuando se desató la conspiración: habían sido comprados aprovechando su preparación en instituciones capitalistas. Su imagen fue demonizada por los más poderosos medios impresos, emisoras de radio y de televisión; se valieron de un falso ataque aéreo contra una manifestación para lograr resoluciones condenatorias de la ONU y la intervención de la OTAN, nunca hubo pruebas de tal bombardeo.

El colegiado gendarme europeo-norteamericano consiguió la autorización de la ONU para establecer una zona de restricción aérea sobre Libia. Entonces sí comenzaron los verdaderos bombardeos, ya con toda premeditación para llegar hasta el final.

Primero fue a las zonas en combate, después a los emplazamientos y unidades militares, y por último a las ciudades, sin respetar hospitales, viviendas, escuelas y otras instalaciones civiles. La ONU nunca se pronunció contra estas atrocidades.

Han desvastado al país más avanzado de África. Muerte, hambre, horror por doquier y a cualquier hora de cada día. Las imágenes son estremecedoras.

Al fin, tras dos meses de bombardeos indiscriminados en Sirte, cazaron a Gaddafi. Era seguro que no habría la menor ética para con él, no escaparía con vida, si era capturado vivo sería asesinado. No es para nada nuevo en la acción de los hijos del imperio a quienes quieren bautizar como revolucionarios.

Los revolucionarios no asesinan. Los revolucionarios no se alían con los explotadores para arrasar y dominar a sus pueblos.

 Trabajo relacionado:

El Che, Libia y OTAN

 
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Publicado por en 21/10/2011 en Cuba, Política, Sociedad, USA

 

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Murió Camalote

¿Es justo que yo le impregne hoy tristeza a sus vidas? Para nada es justo, y no es este mi propósito. Tan solo quiero que conozcan a un personaje que nos hizo vivir momentos muy alegres,  que nos demostró siempre cariño, afecto, solidaridad.

Su nombre real es Benigno Gato. Camalote  fue el apodo que le pusieron en la Columna 1, en la Sierra Maestra, cuando se alzó. Allí dijo venir de ese lugar de Cuba y así mismo le bautizaron.

Tras el triunfo revolucionario se incorporó en 1961 a los casi 500 becarios que cambiaron la composición de clases en la Universidad Central de Las Villas, tal cual había convocado el Che un año antes. Llegó enfundado en su traje verde olivo, con grados de primer teniente y pistola al cinto, pero sobre todo con unos enormes deseos de vencer la desventaja educacional que arrastraba como gabela de familia campesina pobre.

Con su simpatía personal y dedicación a servir a la Revolución, ganó el respeto y la admiración de todos, o de casi todos. Alto, de fuerte complexión, negro bien parecido, desenvuelto en el conversar, fantasioso y enamorado. En realidad,  tuvo algunas novias, en ese aspecto era de temer. Estuvo presente en cuanto acontecimiento importante hubo en la Universidad y en la propia Santa Clara. Ya graduado como ingeniero agrónomo partió a trabajar en uno de  los Grupos de apoyo del Comandante en Jefe, en el área de la agricultura y la ganadería.

Perdimos los contactos mientras estuvo en los planes de desarrollo arrocero de Sancti Spíritus, allá formó familia con la novia universitaria y tuvo dos hijos. Después, cuando me trajeron para la Habana en 1984, lo encontré laborando en una empresa del Ministerio de Comercio Exterior. Él y Cary me abrieron las puertas de su casa, en Santiago de las Vegas, y así permanecieron abiertas hasta siempre. Allí compartimos y bebimos, conversamos y bebimos, comimos y bebimos, y nos burlamos –mientras bebíamos- de muchos y de nosotros mismos.

Mi hija Lidia quedó embarazada en 1989 y mi nieto Geovany nació el 19 de abril 1990, primer año del Período especial. Camalote forrajeó mucho para la alimentación de esos seres en momentos muy difíciles. Casi cada semana me llamaba para que fuera a buscar lo mismo una arroba de malanga que la mitad de un carnero, asumió esas gestiones como compromiso propio de máxima prioridad.

Para con nosotros fue siempre así, hasta ahora, con relaciones fraternales en el seno de una familia que conformámos todos aquellos que compartimos los días y noches de estudio, las madrugadas de guardia o los sudores de marchas y entrenamientos militares, de trabajos voluntarios, de encuentros y discusiones, de cumpleaños y partos, de promociones y demociones, de realidades y fantasías.

Ya viejo, tomó sus padeceres cardiovasculares con mucha -quizás demasiada- displicencia, sin perder su alegría y mucho menos su rebosante pensamiento.

Mi amigo Camalote amaneció muerto hoy, al parecer de un infarto (aún no tengo noticias exactas), en el portal de su casa. Mi amigo Camalote amaneció hoy  como siempre en mi pecho, en mi recuerdo, así de cubano, de fraterno, de leal.

 
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Publicado por en 26/05/2011 en Amistad, Cuba, Familia, Sociedad

 

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