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Archivo de la categoría: Amistad

Cuba, la tierra firme

Cuento corto de Ilse Bulit

cervezasEl encuentro, casual. Horas después, en soledad, cada uno reflexionó sobre las pistas de aquel reconocimiento inmediato. Uno, en el hotel, tocando los collares. A ellos les agradeció la adivinación de aquel rostro. El otro, sumido en la soledad hogareña, al fisgonear el porqué del inmediato reconocimiento, lo atribuyó a que en la vejez, los recuerdos infantiles ocupan el primer lugar, antes del  reclamo por adivinar en dónde, en el mes anterior, se guardó la chequera.

Aquellos dos ancianos encontrados frente a frente en la acera demostraban que los veinte años de María Teresa -unidos a los veinte cantados por Gardel– reestructuran la configuración física. Eran dos obesos de calvas escondidas por gorras, solo diferenciados por los modelos de los lentes y las marcas de los zapatos.

Cierto titubeo partido de los dos, demoró el abrazo llegado al fin con tanta fuerza que las cuentas de los collares les apretaron el pecho y a ellas culparon lo acelerado del corazón, pues la cadena con la medalla de la Caridad del Cobre llevada por el otro, era de las de ayer, las de oro legítimo, finas en su espesor.

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Crónica de mis 70

fumador 2El amigo Dr. Jorge Orquín Lena, en su lugar de residencia actual, Alemania, por urgencias de la vida tuvo que renombrarse Emilio –más exactamente Don Emilio. En el marco de la confianza existente, me atrevo a complementarle: “De Germania”. Veamos aquí sus confesiones al llegar a tan importante edad.

Crónica de mis 70

Por Don Emilio Lena de Germania

En realidad, nunca tuve la idea de escribir acerca de este “memorable” acontecimiento, sin embargo, el correo de un contemporáneo amigo -quien recién celebrara su llegada a esta, antiguamente, “matusalena” edad- donde me relataba algunas de sus vivencias al respecto, me motivó a emborronar un par de cuartillas las cuales titulé, un poco eufemísticamente: Crónica de mis 70.

En Cuba los 70 años -al igual que los 60 o los 80- no tienen una significación especial, por el contrario, los 50 acaparan la atención de toda la familia. Con la indiscutible autosuficiencia que nos caracteriza celebramos la “media rueda” con toda la pompa posible, como evidencia indiscutible de que vamos a alcanzar, de todas-todas, la centuria de vida.

Sin embargo, por estos lares germanos o teutones como prefiera llamarle, a partir de los 50 todos los años “redondos o enteros” (o sea que terminen en cero), requieren una festividad especial. En mi opinión esto se debe fundamentalmente a dos razones:

En primer lugar, la presunción lógica de que ya estás cerca de disfrutar (o disfrutando) del retiro de tu vida laboral y esto lleva implícito el merecido descanso después de muchos años de trabajo y sacrificio, lo cual, en algunos casos, como en el mío propio, no se corresponde con la realidad.

En segundo lugar, es como si procuraran compensar en parte, con la ceremonia, los problemas que trae consigo el avance indetenible del almanaque, de los cuales son evidentes ejemplos:

afecciones prostáticas,

– incontinencia urinaria,

– diarreas cuando comes demasiado o a deshora,

– equivocaciones, más o menos frecuentes, cuando no puedes diferenciar, con la exactitud imprescindible, si una determinada inquietud estomacal se corresponde con una ligera brisa o un sunami,

– en medio de una conversación no recordar el nombre de alguien,

– surgimiento de las canas acompañado a veces con la pérdida del pelo,

– caída de los dientes,

– padecimiento frecuentes de reuma, artritis, dolores en la espalda, etc,

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Publicado por en 12/07/2017 en Amistad, Cuba, cultura, Familia, Salud, Sociedad

 

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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (VI): ARTE DESDE Y PARA EL PUEBLO

Por Luis Machado Ordetx

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Fidel, detrás, un espectador histórico de La Vitrina, puesta pública durante una histórica visita al poblado ganadero de La Yaya, en las cercanías de Mataguá. (Foto Archivo de Vanguardia).

El arribo sorpresivo de un huésped nocturno demarcó una impronta estética, de acentuación particular. Ahora su propósito directo no eran las escuelas, los pueblos en construcción o los cambios en el rostro agropecuario del lomerío villareño. No obstante, todo asumía un vínculo determinado por las apreciaciones y tópicos de una dramaturgia incomparable para la época.

 

Allí los resortes de lo público y lo privado se rompieron. Las reiteradas estancias se prolongaron durante horas de valoración y debates. También de diálogos entusiastas y de compromisos intelectuales que llevó a los artistas a despojarse de la telaraña capitalina. Fue el torrente a la definitiva radicación en un territorio agreste, casi inexplorado apenas hacía un tiempo.

Constituyeron tres momentos determinantes, y no más. Todos convergieron en la trascendencia de un fenómeno de ruptura y continuidad del fundamento del espacio escénico, nutrido de tensiones económico-sociales particulares. Era la esencia de un muestrario teatral surgido con investigaciones propias de “cuanto ser viviente se moviera por las lomas”, como en cierta ocasión afirmó Sergio Corrieri, el baluarte de aquel equipo creativo.

Fidel, hombre de extrema sensibilidad, estaba nuevamente en las montañas. De cierta manera se veía atraído por el goce espiritual, y del diagnóstico de particularidades, de acentos reiterados y hasta antagónicos, de una realidad que se reconstruye desde el punto de vista artístico. Los baluartes descansaban en los repertorios temáticos. Todos, en principio, fueron estructurados por el Grupo Teatro Escambray, cuando a finales de 1968 desplegó rumbos itinerantes antes de asentarse de manera concluyente en La Macagua, punto geográfico de una mirada renovadora.

Con la casa a cuestas                  

Las visitas del Comandante en Jefe impregnaron perspectivas y compromisos con la hechura de un teatro con y desde el pueblo, el protagonista de aquellos sucesos históricos de la serranía. También dieron arraigo al colectivo. El actor y dramaturgo Sergio González González, incorporado a ese equipo de trabajo a partir de los meses iniciales de 1970, dejó una sucinta relatoría.

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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (V): DE CAMPESINOS Y COOPERATIVAS

Por Luis Machado Ordetx
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El Comandante en Jefe durante recorridos por diferentes regiones hizo precisiones a los proyectos agropecuarios para consolidar el empuje económico del país. (Foto: Archivo de Bohemia, 1966).

“¡A Fidel no se le escapa una!”, dijo Benito Villa González, caficultor que conoce a la perfección las entrañas secretas del lomerío villaclareño. Durante siete ocasiones diferentes tuvo la posibilidad de escuchar en escenarios privados y públicos los criterios que el Comandante en Jefe expuso sobre el desarrollo agropecuario del país. Muchas de esos instantes permanecen prendidas en los recuerdos de un campesino de pico fino en contar historias.

El sábado 17 y el domingo 18 de mayo de 1986 el cosechero de Aguas Clara acudió en calidad de delegado al Segundo Encuentro Nacional de Cooperativas Agropecuarias. Antes, también figuró en la nómina de la primera de las reuniones. Sin embargo, ahora desconocía que el dirigente cubano participaría en una de las sesiones plenarias. De antemano solicitó intervenir. Viene aquí su preocupación. A cualquier le ocurre: “¡Ahora Fidel aquí!”, alguien le espetó, y dijo en soliloquio: “puedo meter la pata, o ponerme nervioso, y hasta cometer una barbaridad. Bueno, no será la única ocasión que eso suceda”, confesó.

—¿Qué hizo usted?, pregunté a Villa González, ahora con 85 años y usufructuario de la finca Estelí, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Roberto Fleites, en la Sabana de Santa Clara .

— ¡Hombre, pues hablar y responder con la sinceridad y la humildad que me caracteriza! Comencé a ejemplificar con mi Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) la 17 de mayo, alejada a 6 kilómetros, loma arriba, en Jibacoa . Precisé aspectos de las producciones de café, frutales y ganadería. También de cómo arreglábamos entre todos los caminos y de las viviendas en construcción con esfuerzo colectivo. Todos deseábamos la estabilidad de la fuerza de trabajo campesina. Puntualicé cómo allí vivíamos en familia, en cordialidad. Hasta comenté de la vinculación al área, con siete fincas que garantizaban el “altoconsumo” y entregaban acopios de viandas, granos y hortalizas al comedor.

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Benito Villa González, con 85 años, rememora fragmentos de encuentro histórico con Fidel. (Foto: Luis Machado Ordetx).

“Entonces Fidel dijo: ¡No, no Benito, es autoconsumo! Ojalá tuviéramos autoconsumo para no pasar necesidades de alimentos. Aquello me dio tremendo encogimiento. Quería meterme en un vara en tierra y que nadie me viera, pero proseguí adelante con el relato, y el bochorno momentáneo se desapareció. Imagínese usted que solo pude llegar hasta el sexto grado en la escuela, y todos los conocimientos que tengo son prácticos, de campos. Claro, eso no lo dije allí. Después las preguntas del Jefe de la Revolución vinieron una detrás de la otra, y siempre afirmando con la cabeza, o hacía un gesto y se dirigía al plenario para dejar una valoración del tema”.

—¿Qué indagaba?

—De todo. La cooperativa nuestra se creó en 1978. Nosotros desde hacía más de 40 años residíamos allá cuando nuestro padre decidió abandonar la zona del Saúco, cerca de la Loma Sombrero, para arrendar una finca al latifundista de apellido Berenguer. Luego me quedé en el lugar y formé una familia, siempre en labores agropecuarias y de cultivo de cafetales.

“Al principio la organización campesina, con pocos miembros, solo obtenía 30 quintales por caballería, precisé a Fidel. Ahora, a pesar de los estragos del ciclón Kate, de noviembre de 1985, le dije, logramos 77, un buen rendimiento, y no pararemos hasta los 100, indiqué. ¿Cómo lo obtuvieron?, preguntó el Comandante en Jefe. Le expuse con trabajo y normas técnicas, y sistemática regulación de sombra, poda y limpia, así como fertilización y riego de herbicidas para contrarrestar las plagas y enfermedades. ¿Qué área tienen?, me interrogó. Enseguida le dije: solo 7,25 caballerías de café, y la mitad en plena producción con unas 30 000 plantas de promedio. Señaló que debíamos crecer más, y entonces recalqué que había ganadería vacuna en explotación, así como frutales y viandas. Declaró que nada impedía crecer en población y sellaje de los campos. Las preguntas de Fidel siempre tenían una relación, y todas las respondía.

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Madre mía

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Por el Día de las Madres nuestro amigo, el capitán (R) Wilfredo Verdecia González , sobreponiéndose a la reciente pérdida de su mamá, escribe estas décimas en honor a ella y al resto de las madres del mundo.

           Madre mía

                  I

Hay quien dice Madre mía

Y no lo dice por decir,

Lo dice y suele vivir

Contento y con armonía.

Con muchísima alegría,

Agradece a su mamá

Que haya crecido y hará

Todo para siempre ser,

Leal a esa mujer

Que a su lado siempre está.

II

Desde el día que nacemos,

Debemos agradecer

A esa hermosa mujer

Que lucha porque triunfemos.

Nueve meses no sabemos

Cuánto peligra su vida,

Su alma de amor henchida

Por la vida y la pasión,

Somos siempre la razón

Que a ella cura la herida.

III

En este hermoso día

¿Quién dice que tú no estás?

Multiplicada serás,

Por las niñas Madre mía.

Hoy me conformaría

Por haberte complacido.

Para mí tú has ido

A brillar con las estrellas,

Con luz propia como ellas,

Hoy mi consuelo ha crecido.

IV

Hoy madre siento un dolor

Indescriptible y profundo;

Te has ido de este mundo

Aunque me dejaste amor.

Fuiste una hermosa flor

Que buenos frutos dejó.

La semilla germinó

Y germina cada día,

Tú vivirás madre mía

Sin que nos digas adiós.

V

Hoy te canto Madre mía

Y no canto por cantar;

Yo canto para honrar

A las madres, este día.

Aunque con poca alegría

Les canto de corazón,

Les canto con la pasión

Que toda madre merece,

Hoy mi vida reverdece

Y es la madre esa razón.

VI

Todas las madres son

Vida, Amor, Armonía,

Y en cada una la mía,

Vive con toda razón.

Yo sigo con la ilusión,

Esa es la pura verdad,

Madre, eres la deidad,

A la que siempre adoramos,

En este día te honramos,

Para tu felicidad.

Santa Clara, mayo 12 de 2017

Año 59 de la Revolución.


Otras décimas de este autor:

Su majestad, La Mujer

Amor y amistad 

 
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Publicado por en 13/05/2017 en Amistad, Cuba, cultura, Familia, Sociedad

 

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Las enseñanzas de Arleen

Por Pedro Hernández Soto

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Foto Demetrio Villaescusa

El pasado viernes 5 me pareció reconocerla y cuando vi su perfil lo confirmé. Estaba sentado en una de las nuevas sillas de acero inoxidable que ocupan las salas de espera de nuestras instituciones de salud y ella hacía fila ante la taquilla donde se gestionan turnos y documentos en el Instituto de Cardiología, con más precisión, en el policlínico Asclepio, extensión del primero ubicada justo frente a esa institución orgullo de todos los cubanos.

A mi llamado giró con rapidez me reconoció y pronunció un ¡Pedro! con cariño desbordado. Apenas nos separaban dos pasos y por supuesto no pudieron impedir el abrazo y el mutuo beso, muestras de recíprocos afectos.

Pronto reparé en un dispositivo forrado en tela azul que ceñía su brazo izquierdo. Inquirí con rapidez: ¿Qué te pasa? ¿Qué es eso?, y me contestó sin dejar de sonreír: ¡Nada mis 58 años! ¡Es un aparato para medirme con determinada frecuencia la presión arterial! Regresó a la casilla tras decirme: ¡Espérame un momento!

En efecto, resuelto su trámite, volvió tras de prometerle a la empleada que atendía al impaciente público que promovería hacer una emisión de la Mesa Redonda sobre la atención cardiovascular en Cuba y cuando comenzaba a hablarme se dejó oír un agudo pitido, intermitente y molesto que provenía del brazalete de marras. Y me explicó sin dejar de sonreír: ¡Me avisa, ahora debo estar quieta, sin hacer nada, hasta que termine de registrar! ¡Debo parecerme a una de esas estatuas vivientes que el doctor Eusebio Leal instauró en La Habana Vieja!

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Pedro de la Hoz, ¿quién le debe a quién?

Por Pedro Hernández Soto

CUBA-LA HABANA-PRESIDE DÍAZ-CANEL ACTO DE ENTREGA DE LOS PREMIOS NACIONALES DE PERIODISMO

Fue la tercera vez. En esta ocasión yo seguía con atención sus palabras dadas a nombre de los galardonados con el Premio  Nacional José Martí por la Obra de la Vida -el pasado viernes 10 de marzo en el Mausoleo conmemorativo del Apóstol de Cuba– que confiere, con particular celo, cada año, la Unión de Periodistas de Cuba. Le habían dejado la “pista” caliente pues, rompiendo el protocolo, la carismática doctora Isabel Moya,  actual directora de la Editorial de la Mujer, había dado un magnifico discurso.

Mientras le escuchaba me sentía orgulloso de haber trabajado junto a él y a la vez  trataba de hilar cuantos aspectos nos unían: la amistad entre nuestros progenitores allá en Cienfuegos,  la cercanía de los domicilios originarios, su llegada como recién graduado al periódico Vanguardia , la compartida cobija profesional que nos brindó ese gran periodista que fue su tío Roberto González Quesada -tronco fundacional y prestigiado del diario Vanguardia a quien sobre nombrábamos El Patriarca-, los avatares de las ediciones diarias en aquellos difíciles tiempos de la implantación de las Tesis y Resoluciones del 1er. Congreso de Partido, y las magníficas relaciones estrechadas desde entonces cada día más. Cuando aquello era delgado, su voz juvenil, igual de inquieto y polémico, y dejaba asomar el talento que desarrollaría en muy poco tiempo.

Días antes me había enviado una invitación al acto con la petición que asistiera sin falta. Supuse una agradable trampa, algo que acostumbra pues lo había hecho con anterioridad. Así, en un momento de su discurso mencionó con nombre y apellidos a varias personas que a su entender fueron decisivas en su desarrollo: “…mi tío Roberto González Quesada, distinguido también con el Premio Nacional de Periodismo José Martí; Armando Hart, Pedro Hernández Soto, Enrique Román, la indómita Marta Rojas, mi amigo Miguel Barnet y mi compañera Virginia Alberdi…”.

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