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Archivo de la etiqueta: Santa Clara

Díaz Canel, cubano integral

Por Pedro Hernández Soto

collage 1 copiaPrimero conocí a Miguel, el padre: de regular estatura, delgado, buen conversador, hábil tabaquero, y después a los dos hijos y por último a Aida, la madre; residentes todos en una modesta casa de mampostería con techo de madera y tejas, en Nazareno casi esquina a Colón, allá en Santa Clara.

Aquel hombre algo mayor ya era amigo de viejos periodistas de Vanguardia con quienes conversaba a menudo, sentados a la sombra de los robustos árboles del parque Leoncio Vidal, en escasos momentos de descanso editorial. Rápido me incorporé a aquella peña sui géneris donde se discutía todo lo humano y lo divino y que en ocasiones se trasladaba hasta la barra de la pizzería Toscana, donde “tomábamos la tarde”.

En la casa del entonces administrador del periódico nos reuníamos con múltiples pretextos varios compañeros de trabajo y allí conocí a Miguel Díaz Canel Bermúdez.

Pronto supo incluirse, sin aparente esfuerzo, en aquellas conversaciones informales de personas mayores en edad, donde se discutían los más diversos temas. Al principio nos observaba con particular atención sin intervenir en los debates.  Después, tomó confianza, comenzó sobre todo a preguntar bastante y me llamó la atención su sed de saber, la profundidad de su pensamiento y la agudeza de sus interrogantes.

Por supuesto, con rapidez me informé sobre Miguelito o Migue tal cual le llamábamos todos en confianza. Estudiaba ingeniería electrónica en la Universidad Central Martha Abreu de Las Villas (UCLV) , cursaba algunos años por delante de mi hijo mayor (quien lo hacía en la especialidad de mecánica), por tanto, me fue fácil conocer que obtenía el máximo de puntuación en todas las asignaturas, integraba el equipo de polo acuático y un grupo de teatro, y era dirigente de la FEU y la UJC.

collage 2 copiaConocedor de esas cualidades decidí seguirle los pasos en lo posible.  Al comenzar el quinto año fue llamado al Instituto Técnico Militar José Martí (ITM) para especializarse en instalaciones para la conducción de cohetes antiaéreos. Tras graduarse en la Plaza de la Revolución (1983) y obtener un reloj cifrado con el reconocimiento del General de Ejército Raúl Castro Ruz –a la sazón ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias- fue asignado a una unidad, que, con su participación, obtuvo brillantes resultados en unos de los ejercicios efectuados en Europa, llamado de los Ejércitos Amigos.

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“CON FIDEL JAMÁS SE PODRÁ TRAICIONAR LA CONFIANZA”

Por Luis Machado Ordetx

“¿Ustedes tienen dinero para pagar el salario de la compañera?”, preguntó el Comandante en Jefe al dirigente administrativo de la brigada Máximo Gómez, colectivo que solo en 18 meses culminó el cierre de la cortina en la entonces naciente la presa Zaza, en Sancti Spíritus, la mayor de su tipo en el país.

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Fidel Lajos Aguado, jefe de la brigada Máximo Gómez, ejecutora de la última etapa de la presa Zaza, en Sancti Spíritus, (Foto: Luis Machado Ordetx).

Era la tarde lluviosa de viernes 23 de junio de 1972. Un escalofrío recorrió el cuerpo del dirigente que ultimaba detalles técnicos en la toma de agua y la cortina del embalse. Ahora en Santa Clara, Fidel Lajos Aguado, natural de Aridanes, relató la historia surgida con un recorrido relámpago del Líder de la Revolución al territorio villareño.

—”Aquello sucedió al término de la visita. No era la primera que hacía el Jefe de la Revolución al lugar, y mostró justeza, y atención directa a los problemas personales y laborales de quienes siempre se le han acercado, como privilegio del sistema social cubano”, acotó.

“Nada tenía que ver con la situación creada en la presa. Claro, era un asunto indirecto. Si mal no olvido aquella mujer se llama Haydee; no recuerdo sus apellidos. Estaba casada y tenía dos hijos pequeños, y asumió labores de cocinera en sustitución de una compañera enferma, quien recibía pago por certificado médico. Sin embargo, allí me enteré que llevaba dos años sin cobrar salario”, apuntó Lajos Aguado.

“La mujer con su familia salió al paso de la comitiva, y de inmediato los escoltas se desplazaron rápido. Ella, sin titubeos de ningún tipo, le  señaló a Fidel que llevaba tiempo sin recibir un centavo y vivía de la ayuda de los familiares. El Comandante le preguntó si había hablado el asunto con los dirigentes de la presa. De inmediato declaró que sí. Entonces, enmudecí, ¡Nada sabía al respecto!”.

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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (VI): ARTE DESDE Y PARA EL PUEBLO

Por Luis Machado Ordetx

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Fidel, detrás, un espectador histórico de La Vitrina, puesta pública durante una histórica visita al poblado ganadero de La Yaya, en las cercanías de Mataguá. (Foto Archivo de Vanguardia).

El arribo sorpresivo de un huésped nocturno demarcó una impronta estética, de acentuación particular. Ahora su propósito directo no eran las escuelas, los pueblos en construcción o los cambios en el rostro agropecuario del lomerío villareño. No obstante, todo asumía un vínculo determinado por las apreciaciones y tópicos de una dramaturgia incomparable para la época.

 

Allí los resortes de lo público y lo privado se rompieron. Las reiteradas estancias se prolongaron durante horas de valoración y debates. También de diálogos entusiastas y de compromisos intelectuales que llevó a los artistas a despojarse de la telaraña capitalina. Fue el torrente a la definitiva radicación en un territorio agreste, casi inexplorado apenas hacía un tiempo.

Constituyeron tres momentos determinantes, y no más. Todos convergieron en la trascendencia de un fenómeno de ruptura y continuidad del fundamento del espacio escénico, nutrido de tensiones económico-sociales particulares. Era la esencia de un muestrario teatral surgido con investigaciones propias de “cuanto ser viviente se moviera por las lomas”, como en cierta ocasión afirmó Sergio Corrieri, el baluarte de aquel equipo creativo.

Fidel, hombre de extrema sensibilidad, estaba nuevamente en las montañas. De cierta manera se veía atraído por el goce espiritual, y del diagnóstico de particularidades, de acentos reiterados y hasta antagónicos, de una realidad que se reconstruye desde el punto de vista artístico. Los baluartes descansaban en los repertorios temáticos. Todos, en principio, fueron estructurados por el Grupo Teatro Escambray, cuando a finales de 1968 desplegó rumbos itinerantes antes de asentarse de manera concluyente en La Macagua, punto geográfico de una mirada renovadora.

Con la casa a cuestas                  

Las visitas del Comandante en Jefe impregnaron perspectivas y compromisos con la hechura de un teatro con y desde el pueblo, el protagonista de aquellos sucesos históricos de la serranía. También dieron arraigo al colectivo. El actor y dramaturgo Sergio González González, incorporado a ese equipo de trabajo a partir de los meses iniciales de 1970, dejó una sucinta relatoría.

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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (V): DE CAMPESINOS Y COOPERATIVAS

Por Luis Machado Ordetx
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El Comandante en Jefe durante recorridos por diferentes regiones hizo precisiones a los proyectos agropecuarios para consolidar el empuje económico del país. (Foto: Archivo de Bohemia, 1966).

“¡A Fidel no se le escapa una!”, dijo Benito Villa González, caficultor que conoce a la perfección las entrañas secretas del lomerío villaclareño. Durante siete ocasiones diferentes tuvo la posibilidad de escuchar en escenarios privados y públicos los criterios que el Comandante en Jefe expuso sobre el desarrollo agropecuario del país. Muchas de esos instantes permanecen prendidas en los recuerdos de un campesino de pico fino en contar historias.

El sábado 17 y el domingo 18 de mayo de 1986 el cosechero de Aguas Clara acudió en calidad de delegado al Segundo Encuentro Nacional de Cooperativas Agropecuarias. Antes, también figuró en la nómina de la primera de las reuniones. Sin embargo, ahora desconocía que el dirigente cubano participaría en una de las sesiones plenarias. De antemano solicitó intervenir. Viene aquí su preocupación. A cualquier le ocurre: “¡Ahora Fidel aquí!”, alguien le espetó, y dijo en soliloquio: “puedo meter la pata, o ponerme nervioso, y hasta cometer una barbaridad. Bueno, no será la única ocasión que eso suceda”, confesó.

—¿Qué hizo usted?, pregunté a Villa González, ahora con 85 años y usufructuario de la finca Estelí, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Roberto Fleites, en la Sabana de Santa Clara .

— ¡Hombre, pues hablar y responder con la sinceridad y la humildad que me caracteriza! Comencé a ejemplificar con mi Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) la 17 de mayo, alejada a 6 kilómetros, loma arriba, en Jibacoa . Precisé aspectos de las producciones de café, frutales y ganadería. También de cómo arreglábamos entre todos los caminos y de las viviendas en construcción con esfuerzo colectivo. Todos deseábamos la estabilidad de la fuerza de trabajo campesina. Puntualicé cómo allí vivíamos en familia, en cordialidad. Hasta comenté de la vinculación al área, con siete fincas que garantizaban el “altoconsumo” y entregaban acopios de viandas, granos y hortalizas al comedor.

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Benito Villa González, con 85 años, rememora fragmentos de encuentro histórico con Fidel. (Foto: Luis Machado Ordetx).

“Entonces Fidel dijo: ¡No, no Benito, es autoconsumo! Ojalá tuviéramos autoconsumo para no pasar necesidades de alimentos. Aquello me dio tremendo encogimiento. Quería meterme en un vara en tierra y que nadie me viera, pero proseguí adelante con el relato, y el bochorno momentáneo se desapareció. Imagínese usted que solo pude llegar hasta el sexto grado en la escuela, y todos los conocimientos que tengo son prácticos, de campos. Claro, eso no lo dije allí. Después las preguntas del Jefe de la Revolución vinieron una detrás de la otra, y siempre afirmando con la cabeza, o hacía un gesto y se dirigía al plenario para dejar una valoración del tema”.

—¿Qué indagaba?

—De todo. La cooperativa nuestra se creó en 1978. Nosotros desde hacía más de 40 años residíamos allá cuando nuestro padre decidió abandonar la zona del Saúco, cerca de la Loma Sombrero, para arrendar una finca al latifundista de apellido Berenguer. Luego me quedé en el lugar y formé una familia, siempre en labores agropecuarias y de cultivo de cafetales.

“Al principio la organización campesina, con pocos miembros, solo obtenía 30 quintales por caballería, precisé a Fidel. Ahora, a pesar de los estragos del ciclón Kate, de noviembre de 1985, le dije, logramos 77, un buen rendimiento, y no pararemos hasta los 100, indiqué. ¿Cómo lo obtuvieron?, preguntó el Comandante en Jefe. Le expuse con trabajo y normas técnicas, y sistemática regulación de sombra, poda y limpia, así como fertilización y riego de herbicidas para contrarrestar las plagas y enfermedades. ¿Qué área tienen?, me interrogó. Enseguida le dije: solo 7,25 caballerías de café, y la mitad en plena producción con unas 30 000 plantas de promedio. Señaló que debíamos crecer más, y entonces recalqué que había ganadería vacuna en explotación, así como frutales y viandas. Declaró que nada impedía crecer en población y sellaje de los campos. Las preguntas de Fidel siempre tenían una relación, y todas las respondía.

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Pedro de la Hoz, ¿quién le debe a quién?

Por Pedro Hernández Soto

CUBA-LA HABANA-PRESIDE DÍAZ-CANEL ACTO DE ENTREGA DE LOS PREMIOS NACIONALES DE PERIODISMO

Fue la tercera vez. En esta ocasión yo seguía con atención sus palabras dadas a nombre de los galardonados con el Premio  Nacional José Martí por la Obra de la Vida -el pasado viernes 10 de marzo en el Mausoleo conmemorativo del Apóstol de Cuba– que confiere, con particular celo, cada año, la Unión de Periodistas de Cuba. Le habían dejado la “pista” caliente pues, rompiendo el protocolo, la carismática doctora Isabel Moya,  actual directora de la Editorial de la Mujer, había dado un magnifico discurso.

Mientras le escuchaba me sentía orgulloso de haber trabajado junto a él y a la vez  trataba de hilar cuantos aspectos nos unían: la amistad entre nuestros progenitores allá en Cienfuegos,  la cercanía de los domicilios originarios, su llegada como recién graduado al periódico Vanguardia , la compartida cobija profesional que nos brindó ese gran periodista que fue su tío Roberto González Quesada -tronco fundacional y prestigiado del diario Vanguardia a quien sobre nombrábamos El Patriarca-, los avatares de las ediciones diarias en aquellos difíciles tiempos de la implantación de las Tesis y Resoluciones del 1er. Congreso de Partido, y las magníficas relaciones estrechadas desde entonces cada día más. Cuando aquello era delgado, su voz juvenil, igual de inquieto y polémico, y dejaba asomar el talento que desarrollaría en muy poco tiempo.

Días antes me había enviado una invitación al acto con la petición que asistiera sin falta. Supuse una agradable trampa, algo que acostumbra pues lo había hecho con anterioridad. Así, en un momento de su discurso mencionó con nombre y apellidos a varias personas que a su entender fueron decisivas en su desarrollo: “…mi tío Roberto González Quesada, distinguido también con el Premio Nacional de Periodismo José Martí; Armando Hart, Pedro Hernández Soto, Enrique Román, la indómita Marta Rojas, mi amigo Miguel Barnet y mi compañera Virginia Alberdi…”.

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El rescate de Caridad Díaz Suárez, “Chilica” o “Nenita”

En días pasados encontré estos valiosos testimonios sobre un episodio poco conocido de la lucha clandestina en la entonces provincia La Habana. Se trata de un audaz asalto al Reclusorio Nacional de Mujeres de Guanajay el 28 de noviembre de 1958, por un comando del Movimiento 26 de julio para rescatar una compañera presa por el régimen dictatorial. Al conmemorarse tal acción me complace reproducir esta publicación aparecida en el blog SANTA CLARA, el sábado, 27 de octubre de 2012.

El rescate de Caridad Díaz Suárez, “Chilica” o “Nenita”

Por Raúl Sarmiento

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Presentación a la prensa de Chilica tras ser detenida. De izquierda a derecha el capitán José L. Castillo Fornaris, J´ Escuadrón 41, Matanzas; María Luisa Suárez Bermúdez, madre de Chilica; Caridad Díaz Suárez, Chilica; y Padre Lorenzo, Iglesia de Pueblo Nuevo, Matanzas (colaborador secreto de la tiranía).

Caridad Díaz Suárez (Chilica)1 estaba circulada por la Policía de Matanzas desde el 26 de mayo de 1957 en ocasión del incendio de los almacenes del central “Tinguaro” y de la explosión accidental en su casa de una bomba a Armando González Capote mientras la preparaba, también estaba reclamada por la causa 477 de Santa Clara y otras causas en Matanzas.

Desde entonces se había mantenido clandestina en Matanzas, pero había sido detenida en julio de 1958 siendo presentada a la prensa y a los tribunales el 18 de agosto de ese año por lo que se encontraba en prisión en la cárcel de Guanajay en espera de juicio por varias causas.

Desde la prisión concibió un plan para ser rescatada que le trasladó a Leonor Arestuche Amieba2La Sobrina o Dalia” (combatiente clandestina de Matanzas y Las Villas).

El plan se puso en ejecución y es relatado por las dos protagonistas de esta historia.

Testimonio de Leonor Arestuche Amieba, “La Sobrina o Dalia”, combatiente clandestina del M-26-7 en las provincias de Matanzas y Las Villas, tomado de su libro Memorias:

Raúl me pides que te hable como entré las armas en el Reclusorio de Mujeres de Guanajay, te diré que los 10 minutos que me dio la directora del penal para hablar con Chilica me resultó un siglo, pues el día anterior yo había estado allí para puntualizar como iba a ser toda la operación del comando que asaltaría el lugar para rescatar a Chilica.

Como anécdota te diré que yo tenía aquello como un relajo pues en una semana fui como tres veces y eso no estaba permitido, me ayudó las latas de dulce y las cajitas de dulce guayaba que le llevaba a la directora, y los tabacos al sargento que estaba a la entrada (muy buena persona aquel negro de 40 o 50 años).

Te contaré que cuando voy con la pistola y el revólver recortado para entregárselos a Chilica pensé que no me dejarían entrar, pero como llevaba los regalos todo se resolvió, fue un viernes 21 de Noviembre de 1958. Read the rest of this entry »

 

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Derechos de Cuba. Mis tres nuevas amigas

Fría mañana del 24 de diciembre. De izq. a der.: Yamilé, Raquel y Felicia. Los “bracitos” recogidos son porque terminaron de hacernos las extracciones de sangre de rigor, dos días antes recibir los sueros. Las sonrisas responden a mi promesa de escribir sobre ellas en este espacio.

Fría mañana del 24 de diciembre. De izq. a der.: Yamilé, Raquel y Felicia. Los “bracitos” recogidos son porque terminaron de hacernos las extracciones de sangre de rigor, dos días antes recibir los sueros. Las sonrisas responden a mi promesa de escribir sobre ellas en este espacio.

Debimos coincidir tan solo por primera vez en la sala de espera del Laboratorio de Análisis Clínico del Instituto Nacional de Oncología y Radiología para establecer mutuas corrientes de simpatía. Entre ellas ya estaban creadas hace ya un tiempo, no se cómo ni cuándo, pero si conozco que las fundaron allí mismo.

Recuerdo bien que en un momento trataba yo de animar a otra paciente que, sentada a mi derecha, se confesaba dominada por sus malestares y caída del cabello, y manifestaba una tremenda depresión psíquica. Logré estimularla cuando le hablé de las cosas que le faltaban por hacer en la vida. Su rostro se iluminó en algo al preguntarle si tenía nietos y me confesó que si, uno, de dos años, y me contó de sus graciosuras y diabluras. Le contesté que era mucho más importante verlo crecer y disfrutarlo antes que la pérdida del pelo, en definitiva transitoria. A partir de ese instante la conversación tomó otros aires.

En la izquierda inmediata, en fila, se sentaban las tres futuras amistades en aquella habitación alumbrada y climatizada, de unas veinte sillas, donde aguardaban otras tantas personas entre citados que esperaban por su turno y acompañantes, mientras algunos conversaban en voz baja y otros leían.

Al escucharme ellas interrumpieron su animada plática, pusieron atención a mi empeño y después me apoyaron, ejemplificando con sus casos personales las respectivas recuperaciones emocionales por las que transitaron. Aquel respaldo fue decisivo, entre los cuatro convencimos a aquella deprimida mujer: cambió por completo su faz, tono de voz y ánimo al hablar. Por cierto no he visto más a aquella convaleciente primero deprimida y después reanimada, al parecer tiene una frecuencia, para transfundirle los sueros, diferente a las nuestras .

En aquel instante me sentí satisfecho y estoy seguro que las entonces compañeras de espera también. Justo entonces empezamos a identificarnos. Somos de lugares tan distantes como Cojímar, Alamar (aunque oriunda de Bejucal), Marianao, y yo de Plaza de la Revolución hace 28 años (nacido y criado en Cienfuegos, y residente en Santa Clara durante 24 años de mi vida).

Claro que los cuentos comenzaron por nuestros padecimientos individuales, los tratamientos respectivos y las formas en que los afrontábamos. Ese día supe del temor de dos de ellas a los pinchazos para las extracciones de sangre o las transfusiones; de eso nos reímos muchísimo.

Después conocimos de avatares sufridos con anterioridad; de nuestras familias y sus composiciones así como de las magníficas atenciones que recibimos de estas; los esfuerzos por comer a pesar de todo; los alimentos necesarios, los preferidos y sus frecuencias de ingestión (en esto del tratamiento contra el cáncer la buena alimentación es decisiva); la satisfacción con los servicios prestados en el centro hospitalario por los doctores y el personal paramédico que nos atienden; las reacciones de los sueros, frecuencias e intensidades y mil cosas más.

Ahora nos encontramos cada 19 días y también a los dos días siguientes, primero en la fila para los análisis de sangre y después en la sala de Quimioterapia Ambulatoria. Entonces nos actualizamos acerca de los sucedido en el ínterin, de cómo nos sentimos, de qué hemos padecido, de los comportamientos personales (alguna que otra acción divertida o risible) y de las cosas de los nietos (excepto Yamile por razón cronológica), hijos, cónyuges, familiares, amigos y vecinos. Bueno, hablamos “de lo humano y lo divino” y reímos, reímos mucho.

Son de diferentes procedencias laborales. Las admiro por cubanas, si porque son muy cubanas mis nuevas amigas del Oncológico, son fuertes, valientes, decididas, alegres y sobre todo magníficas personas.

Todo lo asumo como que nos conocimos por fortuna, no por infortunio.

Trabajo relacionado:

Derechos de Cuba. Mi segundo suero en el Oncológico

 
 

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