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Archivo de la etiqueta: Santa Clara

Pedro de la Hoz, ¿quién le debe a quién?

Por Pedro Hernández Soto

CUBA-LA HABANA-PRESIDE DÍAZ-CANEL ACTO DE ENTREGA DE LOS PREMIOS NACIONALES DE PERIODISMO

Fue la tercera vez. En esta ocasión yo seguía con atención sus palabras dadas a nombre de los galardonados con el Premio  Nacional José Martí por la Obra de la Vida -el pasado viernes 10 de marzo en el Mausoleo conmemorativo del Apóstol de Cuba– que confiere, con particular celo, cada año, la Unión de Periodistas de Cuba. Le habían dejado la “pista” caliente pues, rompiendo el protocolo, la carismática doctora Isabel Moya,  actual directora de la Editorial de la Mujer, había dado un magnifico discurso.

Mientras le escuchaba me sentía orgulloso de haber trabajado junto a él y a la vez  trataba de hilar cuantos aspectos nos unían: la amistad entre nuestros progenitores allá en Cienfuegos,  la cercanía de los domicilios originarios, su llegada como recién graduado al periódico Vanguardia , la compartida cobija profesional que nos brindó ese gran periodista que fue su tío Roberto González Quesada -tronco fundacional y prestigiado del diario Vanguardia a quien sobre nombrábamos El Patriarca-, los avatares de las ediciones diarias en aquellos difíciles tiempos de la implantación de las Tesis y Resoluciones del 1er. Congreso de Partido, y las magníficas relaciones estrechadas desde entonces cada día más. Cuando aquello era delgado, su voz juvenil, igual de inquieto y polémico, y dejaba asomar el talento que desarrollaría en muy poco tiempo.

Días antes me había enviado una invitación al acto con la petición que asistiera sin falta. Supuse una agradable trampa, algo que acostumbra pues lo había hecho con anterioridad. Así, en un momento de su discurso mencionó con nombre y apellidos a varias personas que a su entender fueron decisivas en su desarrollo: “…mi tío Roberto González Quesada, distinguido también con el Premio Nacional de Periodismo José Martí; Armando Hart, Pedro Hernández Soto, Enrique Román, la indómita Marta Rojas, mi amigo Miguel Barnet y mi compañera Virginia Alberdi…”.

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El rescate de Caridad Díaz Suárez, “Chilica” o “Nenita”

En días pasados encontré estos valiosos testimonios sobre un episodio poco conocido de la lucha clandestina en la entonces provincia La Habana. Se trata de un audaz asalto al Reclusorio Nacional de Mujeres de Guanajay el 28 de noviembre de 1958, por un comando del Movimiento 26 de julio para rescatar una compañera presa por el régimen dictatorial. Al conmemorarse tal acción me complace reproducir esta publicación aparecida en el blog SANTA CLARA, el sábado, 27 de octubre de 2012.

El rescate de Caridad Díaz Suárez, “Chilica” o “Nenita”

Por Raúl Sarmiento

chilica-detenida

Presentación a la prensa de Chilica tras ser detenida. De izquierda a derecha el capitán José L. Castillo Fornaris, J´ Escuadrón 41, Matanzas; María Luisa Suárez Bermúdez, madre de Chilica; Caridad Díaz Suárez, Chilica; y Padre Lorenzo, Iglesia de Pueblo Nuevo, Matanzas (colaborador secreto de la tiranía).

Caridad Díaz Suárez (Chilica)1 estaba circulada por la Policía de Matanzas desde el 26 de mayo de 1957 en ocasión del incendio de los almacenes del central “Tinguaro” y de la explosión accidental en su casa de una bomba a Armando González Capote mientras la preparaba, también estaba reclamada por la causa 477 de Santa Clara y otras causas en Matanzas.

Desde entonces se había mantenido clandestina en Matanzas, pero había sido detenida en julio de 1958 siendo presentada a la prensa y a los tribunales el 18 de agosto de ese año por lo que se encontraba en prisión en la cárcel de Guanajay en espera de juicio por varias causas.

Desde la prisión concibió un plan para ser rescatada que le trasladó a Leonor Arestuche Amieba2La Sobrina o Dalia” (combatiente clandestina de Matanzas y Las Villas).

El plan se puso en ejecución y es relatado por las dos protagonistas de esta historia.

Testimonio de Leonor Arestuche Amieba, “La Sobrina o Dalia”, combatiente clandestina del M-26-7 en las provincias de Matanzas y Las Villas, tomado de su libro Memorias:

Raúl me pides que te hable como entré las armas en el Reclusorio de Mujeres de Guanajay, te diré que los 10 minutos que me dio la directora del penal para hablar con Chilica me resultó un siglo, pues el día anterior yo había estado allí para puntualizar como iba a ser toda la operación del comando que asaltaría el lugar para rescatar a Chilica.

Como anécdota te diré que yo tenía aquello como un relajo pues en una semana fui como tres veces y eso no estaba permitido, me ayudó las latas de dulce y las cajitas de dulce guayaba que le llevaba a la directora, y los tabacos al sargento que estaba a la entrada (muy buena persona aquel negro de 40 o 50 años).

Te contaré que cuando voy con la pistola y el revólver recortado para entregárselos a Chilica pensé que no me dejarían entrar, pero como llevaba los regalos todo se resolvió, fue un viernes 21 de Noviembre de 1958. Read the rest of this entry »

 

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Derechos de Cuba. Mis tres nuevas amigas

Fría mañana del 24 de diciembre. De izq. a der.: Yamilé, Raquel y Felicia. Los “bracitos” recogidos son porque terminaron de hacernos las extracciones de sangre de rigor, dos días antes recibir los sueros. Las sonrisas responden a mi promesa de escribir sobre ellas en este espacio.

Fría mañana del 24 de diciembre. De izq. a der.: Yamilé, Raquel y Felicia. Los “bracitos” recogidos son porque terminaron de hacernos las extracciones de sangre de rigor, dos días antes recibir los sueros. Las sonrisas responden a mi promesa de escribir sobre ellas en este espacio.

Debimos coincidir tan solo por primera vez en la sala de espera del Laboratorio de Análisis Clínico del Instituto Nacional de Oncología y Radiología para establecer mutuas corrientes de simpatía. Entre ellas ya estaban creadas hace ya un tiempo, no se cómo ni cuándo, pero si conozco que las fundaron allí mismo.

Recuerdo bien que en un momento trataba yo de animar a otra paciente que, sentada a mi derecha, se confesaba dominada por sus malestares y caída del cabello, y manifestaba una tremenda depresión psíquica. Logré estimularla cuando le hablé de las cosas que le faltaban por hacer en la vida. Su rostro se iluminó en algo al preguntarle si tenía nietos y me confesó que si, uno, de dos años, y me contó de sus graciosuras y diabluras. Le contesté que era mucho más importante verlo crecer y disfrutarlo antes que la pérdida del pelo, en definitiva transitoria. A partir de ese instante la conversación tomó otros aires.

En la izquierda inmediata, en fila, se sentaban las tres futuras amistades en aquella habitación alumbrada y climatizada, de unas veinte sillas, donde aguardaban otras tantas personas entre citados que esperaban por su turno y acompañantes, mientras algunos conversaban en voz baja y otros leían.

Al escucharme ellas interrumpieron su animada plática, pusieron atención a mi empeño y después me apoyaron, ejemplificando con sus casos personales las respectivas recuperaciones emocionales por las que transitaron. Aquel respaldo fue decisivo, entre los cuatro convencimos a aquella deprimida mujer: cambió por completo su faz, tono de voz y ánimo al hablar. Por cierto no he visto más a aquella convaleciente primero deprimida y después reanimada, al parecer tiene una frecuencia, para transfundirle los sueros, diferente a las nuestras .

En aquel instante me sentí satisfecho y estoy seguro que las entonces compañeras de espera también. Justo entonces empezamos a identificarnos. Somos de lugares tan distantes como Cojímar, Alamar (aunque oriunda de Bejucal), Marianao, y yo de Plaza de la Revolución hace 28 años (nacido y criado en Cienfuegos, y residente en Santa Clara durante 24 años de mi vida).

Claro que los cuentos comenzaron por nuestros padecimientos individuales, los tratamientos respectivos y las formas en que los afrontábamos. Ese día supe del temor de dos de ellas a los pinchazos para las extracciones de sangre o las transfusiones; de eso nos reímos muchísimo.

Después conocimos de avatares sufridos con anterioridad; de nuestras familias y sus composiciones así como de las magníficas atenciones que recibimos de estas; los esfuerzos por comer a pesar de todo; los alimentos necesarios, los preferidos y sus frecuencias de ingestión (en esto del tratamiento contra el cáncer la buena alimentación es decisiva); la satisfacción con los servicios prestados en el centro hospitalario por los doctores y el personal paramédico que nos atienden; las reacciones de los sueros, frecuencias e intensidades y mil cosas más.

Ahora nos encontramos cada 19 días y también a los dos días siguientes, primero en la fila para los análisis de sangre y después en la sala de Quimioterapia Ambulatoria. Entonces nos actualizamos acerca de los sucedido en el ínterin, de cómo nos sentimos, de qué hemos padecido, de los comportamientos personales (alguna que otra acción divertida o risible) y de las cosas de los nietos (excepto Yamile por razón cronológica), hijos, cónyuges, familiares, amigos y vecinos. Bueno, hablamos “de lo humano y lo divino” y reímos, reímos mucho.

Son de diferentes procedencias laborales. Las admiro por cubanas, si porque son muy cubanas mis nuevas amigas del Oncológico, son fuertes, valientes, decididas, alegres y sobre todo magníficas personas.

Todo lo asumo como que nos conocimos por fortuna, no por infortunio.

Trabajo relacionado:

Derechos de Cuba. Mi segundo suero en el Oncológico

 
 

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Los aguacates y Martha Beatriz Roque

El aguacate aporta calorías, agua, proteínas, grasas, carbohidratos, fibras, vitaminas A, C, E, del complejo B, además calcio, magnesio, potasio, hierro, fósforo y minerales. Su pulpa es una fuente importante e incomparable de energías

Soy fanático al aguacate y ahora, por supuesto, más que nunca.

Lo aprendí a comer de niño, en mi hogar cienfueguero. Cuando ya hombre me mudé a Santa Clara, encontré una maravillosa mata en el patio. De la variedad Catalina, paría en pleno invierno cubano (aventureros). Entonces los comía antes, después y durante las cenas de Nochebuena y también en la de Año Nuevo, una verdadera delicia.

En este verano hay una tremenda arribazón de aguacates en los mercados de La Habana y por lo tanto en ocasiones pueden comprarse baratos; imagino que debe ser igual en el resto del país. Lo cierto es que me he dado un verdadero banquete.

Cuando escribí sobre la huelga de hambre iniciada por Martha Beatriz Roque y sus secuaces disidentes nunca pensé que el fruto del aguacatero -un árbol de la familia de las Lauráceas, oriundo de México, del cual hay evidencias de consumo de hace cerca de 10,000 años A. C.-, tendría tanta relevancia para ella en un futuro inmediato.

Tengo que reconocerlo: al parecer MBR tiene la misma predilección por el aguacate que yo. Fue de las frutas que encargó “la huelguista” a “su colaborador vecino” para burlar la dieta y las vigilancias popular y de quienes le pagan. Estaban muy hermosos los que les pasó por las rejas de la ventana; deben haberle costado no menos de cinco pesos cubanos cada uno, pero no importa, ella tenía CUC´$ para pagar.¿Cuánto tiempo hará que su contiguo la ayuda en esos menesteres? ¡Servicial el tipo!

Lo cierto es que el video transmitido por la TV Cubana  el pasado lunes desenmascaró de raíz la re-escalada de MBR y otros cómplices, en la nómina de pagos de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba.

Lo dije y lo repito: No engañaban a nadie con sus fingidos sacrificios.  Quienes los replicaron en sus páginas impresas, blogs, espacios en Twitter y redes sociales –no quiero apuntar que les creyeron- han quedado también “choteados”. Se ganaron la trompetilla de oro.

En realidad el denominador común de esta “sufrida oposición” que cada mes cobra su soldada mercenaria -y además se quedan con parte de lo correspondiente a otros subordinados, tal cual hacen sus jefes de Miami con ellos- es vivir sin trabajar, cogiendo las migajas de la industria contrarrevolucionaria cubana, conspirando contra la justicia social, la independencia y la soberanía de su Patria.

El lunes 17 pasado adiviné el final de las huelguitas de hambre. No fue difícil. La farsa no resistía más. Era notable la falta de apoyo mediático; de los internos nadie se refería a ellos y de los externos los “pesos pesados” de las campañas contra Cuba… los ignoraban. Entonces, ¿por qué seguir? La situación la dejé muy clara en Huelgas de hambre:¿Qué cosa?¡Que cosa la costurera!

Se ha cerrado el telón. Seguro preparan otro ridículo (digo, protesta). No pierdan la primera fila amigos.

 
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Publicado por en 28/09/2012 en Cuba, Política, Revolución, Sociedad, USA

 

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No es fácil lo de Mariela

Fanáticos en el estadio José Ramón Cepero (Ciego de Ávila) durante el juego final con Industriales

¡Ruge Leona! corean decenas de  miles de fanáticos contra Industriales a lo largo del país. Foto cortesía de Rafael Torres Escobar

A fines de la década de los años 60 del pasado siglo, impartía docencia en la Universidad Central de Las Villas, cuando me otorgaron una vivienda, justo enfrente, en el reparto Las Antillas. Era un barrio tranquilo, semicampestre, a ocho kilómetros de Santa Clara, donde coincidimos trabajadores del centro docente, revolucionarios, y devotos y pastores de la religión de los Adventistas del Séptimo Día.

Una mañana cualquiera entró a la casa uno de mis hijos varones, entonces con seis o siete años de edad, algo magullado y bastante alterado. Había intercambiado golpes con un contemporáneo y la abuela quiso resguardarlo y apartarlo de los muchachos que mataperreaban en los alrededores. Yo reaccioné de acuerdo a la educación recibida y le ordené algo así como: “¡Nada de eso, vete allá afuera y hasta que no le ganes no regreses!”.  Y así fue.

Me crié en una cuadra con tres cuarterías (accesorias) y muchos muchachos, un ambiente muy agresivo que obligaba a fajarse casi por gusto. Incluso en ocasiones lo hice, por petición de amigos de mi padre, todos ellos muy machistas; claro, siempre obtenía, además de algunos pescozones, cuando menos, alguna invitación a merendar.

De joven, como era costumbre, aprendí a fumar, ingerir bebidas alcohólicas, tener novias y utilizar los prostíbulos… como todos los hombres. También a despreciar y burlarme de los homosexuales, llamándoles con apodos despectivos como “Juanita la panadera”, “Cajita de polvos” y otros por el estilo; así como mirar con recelo a las lesbianas.

Hoy, en esto del respeto a las personas con diferentes preferencias sexuales, así lo veo: el piso en Cuba se está moviendo, Mariela Castro Espín y su CENESEX lo están zarandeando. La Jornada Mundial contra la Homofobia, recién celebrada en todo el país, con sedes en La Habana y Cienfuegos, dio muestra de ello (Ver De Crucifijos y Vampiros).

Ahora ella acaba de presentarse en los Estados Unidos, invitada al XXX Congreso de LASA (Latin American Studies Association, Asociación de Estudios Latinoamericanos), una agrupación de investigadores e instituciones dedicados a estudios en la región.  Allí removió cimientos. Solo la mera invitación levantó las más airadas protestas de la extrema derecha contrarrevolucionaria en Miami, encabezada, por supuesto, por Ileana Ross Lethinen, Bob Menéndez y Mauricio Claver-Carone, presidente del PAC U.S. Cuba Democracy.

En conferencias dadas en diferentes escenarios las posiciones de Mariela fueron muy revolucionarias, según comentaron sanfranciscosur.com, Ariana Hernandez Reguant e informó el diario mexicano La Jornada el lunes 4 en entrevista exclusiva realizada en New York:

–          “Los revolucionarios somos disidentes, somos incómodos y sufrimos la discriminación por nuestro proyecto histórico, por una ideología que intenta experimentar la emancipación plena del ser humano”.

–          “El proceso electoral en Cuba es tan democrático que no se quiere hablar de él. Les puedo decir que podría ser más democrático todavía”.

–          “El parlamento cubano tiene una representación muy amplia y variada de la sociedad de su país”.

–          “Un grupo de la mafia cubana en los Estados Unidos, ¿por qué le están quitando los derechos al pueblo estadounidense de viajar a Cuba? Eso no es justo”

–          “Estas políticas de genero actuales no deben verse como una nueva moda sino como una continuidad de la acción dela Revoluciónen la ampliación de derechos civiles a grupos tales como los negros y las mujeres”.

–          “…la emancipación del ser humano es realmente el objetivo principal del socialismo. Pero tiene que ser plena, no una emancipación con algunos prejuicios”.

–          “…no se debe deslindar, separar, la lucha por los derechos LGBT de otras conquistas sociales. Hoy existe una tendencia a separarla. Eso no le da fuerza, la banaliza, y la parcializa”.

–          Se refirió al machismo heredado de la cultura dominante de la colonia y del contexto internacional y señaló que “en muchos estados de los EEUU había leyes aun más duras que en Cuba en cuanto a la homosexualidad”.

–          Mencionó ala UMAP(Unidades Militares de Ayuda ala Producción) y reconoció lo vergonzosos de esos campos que, a pesar de ello “no fueron campos de concentración a pesar de lo que digan algunos”, sino campos de trabajo y rehabilitación.

–          “…la emancipación del ser humano tiene que desarticular los esquemas de una clase sobre otra, de un país sobre otro, de una ideología sobre otra, de hombres sobre mujeres, de una raza contra otra, de una religión sobre otra”.

Y hoy reflexiono cuanto aún hay de machismo en Cuba tras ver, hace unos días, por la TelevisiónCubana, el play off de la 51 Serie Nacional de Beisbol. Fue una buena oferta que no desdeñé. Seguí casi cada uno de los encuentros y en aquellos en los que participó como visitador el equipo Industriales (del cual confieso no ser seguidor), que se representa por un león -tanto en Cienfuegos (estadio 5 de Septiembre) como en Matanzas (Victoria de Girón) y por último en Ciego de Ávila (José Ramón Cepero)-, pude oír en innumerables ocasiones ¡Ruge Leona!, coreada por decena de miles de voces, frase machista que trata de disminuir la combatividad de ese conjunto.

Pobres enardecidos, el machismo-fanatismo les hace olvidar que la leona es tan o más fiera que su pareja.

¡No es fácil lo de Mariela!

 

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Cuba y La Habana: el paisaje hoy

Anoche tuve tiempo e hice varias llamadas de larga distancia, a Santa Clara a una nieta estudiante universitaria, a una sobrina arrendadora de viviendas en Cienfuegos y a dos amigos entrañables residentes en Guáimaro y Santiago de Cuba, respectivamente.

Hablamos de lo humano y lo divino: del juego de béisbol donde participó mi nieto en Encrucijada, del arribo de turistas a Cienfuegos, de las lluvias y la próxima zafra en la zona  centro-oriental, y con el último de la estructura de la próxima Serie Nacional de Béisbol. Colgué a reclamos de mi señora por lo elevado de los gastos de la comunicación.

Ahora un colega residente en Infanta y Manglar me ratificó lo dicho el domingo sobre la iglesia ocupada: se mantiene la calma, pero ahora retirado el protector cerco policiaco y no se aprecian las tropas de asalto ni los francotiradores que anunció por Twitter, el viernes, la falsa entrevistadora de Barack Obama, la multipremiada y mercenaria bloguera cubana, ahora contratada por la Radio Nacional de España.

Ninguno de mis interlocutores me trasladó algo parecido o en consonancia con lo que dicen hoy por la mañana una caterva de órganos de prensa del exterior. Entonces me asomé al balcón trasero y a las ventanas delanteras de mi apartamento, buscando algo anormal, y solo aprecié que jóvenes y niños marchaban uniformados, activos y alegres hacia sus escuelas mientras que mayores pasaban presurosos. En el mercado donde venden la leche -y  el yogourt- de las dietas pude ver una pequeña fila de compradores, en su mayoría de la tercera edad.

Los canales cubanos de televisión y las emisoras de radio transmiten sus programaciones habituales, con mayorazgo de informaciones económicas, culturales y deportivas.

Entonces nada de represión, nada de tensión, nada de violación de los derechos humanos, nada de dictadura. Sí, es cierto, hay un punto de estrés, el desenlace da la situación creada  por el grupo de creyentes que, influidos por el ex pastor Braulio Herrera, ocupan el inmueble religioso de Infanta y Santa Martha.

Es un problema interno de la Iglesia Evangélica Pentecostal Asamblea de Dios aunque todos estamos a la espera, los humanos por la solución de la disensión y las fuerzas de la contrarrevolución porque degenere en un suceso aprovechable para atacar a Cuba.

Para cuidar la salud de esos fieles se encuentra apostado allí suficiente personal médico y paramédico. Si algunos mercenarios disidentes y delincuentes intentan aprovechar  la situación para crear disturbios que pueden terminar en broncas callejeras, entonces si volverán allí nuestros miembros de la Policía Nacional Revolucionaria para mantener el orden y la paz.

Ese es el paisaje en la Cuba y La Habana de hoy.

 
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Publicado por en 15/09/2011 en Cuba, Política, Revolución, Sociedad

 

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El central Corazón de Jesús. Cuba, año 1958

Fue una mañana a principios de enero cuando el carro de alquiler me dejó en el paseo de la carretera de Santa Clara a Sagua la Grande, justo al comienzo de un polvoriento camino, que zigzagueante se internaba en un mar de verdes cañas. Me dijeron: “por ahí se va al central Corazón de Jesús” y decidí  esperar – no había otra opción- protegido del sol bajo un precario colgadizo de unas yaguas sostenidas por cuatro palos.

Al poco rato un viejo camión Chevrolet (lo recuerdo como si fuera hoy), de cabina pintada de verde –con múltiples abolladuras- y cama repleta de cañas limpias y bien ahiladas, respondió a mis señas, detuvo su marcha y accedió a llevarme, parado sobre el estribo y agarrado de la puerta,  mientras mi maleta reposaba en las piernas de unos de los ocupantes del asiento delantero.

Era una vía estrecha y en mal estado. En las ocasiones que nos cruzábamos con un carro transitando en sentido contrario, yo obedecía al chofer que me decía: “entra la cabeza”, entonces, en ocasiones, sentía las rozaduras de las hojas de caña en la espalda.

Aquellas dificultades no me interesaban. A mis diez y ocho años me sentía orondo en aquel lugar desconocido.  Quince días antes había estado en la Habana, en las oficinas de la Compañía Fiscalizadora Caimital, ubicadas en un moderno edificio de la Avenida de las Misiones (ahora se encuentra allí el Poder Popular provincial), donde me habían contratado como inspector de los colonos para trabajar en la zafra azucarera que recién comenzaba. En dos días me explicaron mis funciones incluyendo la frecuencia de información y como llenar el modelaje correspondiente.

El sistema de aviso funcionó. Hacía 72 horas había recibido en Cienfuegos, un telegrama  con un texto que decía algo como: Preséntese tal día a tal hora en el local de los colonos del central Corazón de Jesús. Le esperará Fulano de Tal para que usted se haga cargo de nuestra inspección técnica allí.

Es claro, yo no sabía donde estaba ubicada tal fábrica y tuve que organizar todo el viaje, viajar a Santa Clara en un ómnibus de la línea Flecha de Oro y después coger algo hacia Sagua. La única inversión obligada fue la compra de una maleta de cartón carmelita, ridícula imitación a piel de cocodrilo, en una tienda de la calle Castillo.

El Corazón de Jesús estaba enclavado en el municipio de Sitiecito, en la nación ocupaba el puesto 121 en capacidad de producción (180 mil @ por día) y era propiedad, junto al Ulacia S.A., de Francisco Blanco Calás. Esta familia pertenecía a la más rancia sacarocracia cubana pues poseía además los centrales América, Alto Cedro, Ramona, San Ramón y Carolina. Él era accionista de las compañías Azucarera Atlántica del Golfo (el más grande consorcio azucarero norteamericano), Azucarera Mariel S.A. y de la Azucarera Central Ramona S.A. Era un importante corredor de azúcar y destacado especulador, y amigo íntimo de Fulgencio Batista y Zaldívar quien, según algunos autores, tenía fuertes intereses en sus dos centrales.

Al entrar al batey el camino transcurría por el costado del ingenio y, a su vera, estaban en orden una buena casa, la fonda –espaciosa, ventilada, limpia, de madera y tejas, pintada de amarillo y con amplios portales- y al fin la oficina de la Asociación de Colonos, lista para múltiples usos y, más que todo, lugar de espera para no pocos aspirantes a la oportunidad de “coger un tajo” en cualquier corte de caña por la ausencia o enfermedad de algún habitual. Otra causa para el llamado temporal de los desempleados era la aparición de algún incendio de grandes proporciones en las plantaciones. Los enlistados para suplir en el ingenio hacían sus esperas cada día en el basculador de los carros o en el piso de azúcar (lugar donde se encontraban las centrífugas y las máquinas para el ensacado del azúcar).

El recibimiento fue bueno. Me esperaba el presidente de los colonos y con él fui a la administración, al laboratorio del central, a la casa-hospedaje, y la fonda.

Como era el único inspector mi vida fue muy agitada: debía controlar una industria de producción continua, pagadora a mis contratadores por el rendimiento de sus cañas. En la concreta era fiscalizar, durante tres turnos cada día,  peso y calidad de la caña molida, los pesos y polarizaciones del azúcar y la miel final obtenidas; y calcular parámetros semejantes en el bagazo y la cachaza.

Todo eso lo compensaba el otro plato de la balanza. Allí estaba el salario: ¿saben ustedes lo que representaban $165.00 mensual y los gastos de alimentación, alojamiento y transporte? Aunque aquel Potosí solo me duró setenta días pude ahorrar para pagar la matrícula -y comprar los libros- del segundo año de la Escuela de Maestros Químicos Azucareros, de Cienfuegos (de la cual escribiré en próxima oportunidad) pero antes mejoré mi ajuar. Mi padre no me aceptó que contribuyera a la economía hogareña.

En la estructura del central el máximo era el administrador, le seguían en orden el jefe de maquinaria, el de fabricación y por último el del laboratorio. Sus objetivos industriales debían ser coincidentes pero por puros intereses personales sus actuaciones no siempre iban en esa dirección. Discutían entre ellos muy a menudo e incluso llegué a ver, en una ocasión, irse a las manos los jefes de fabricación y maquinaria.

No existía mucho tiempo para distracciones, que, por lo demás no eran muchas: el dominó, las tertulias en cualquier lugar tranquilo, la lectura en la casa y una vez a la semana ir a Sagua la Grande, a los bares y prostíbulos. También nos poníamos a oír o tocar rumba en el barracón de los macheteros, que estaba algo detrás de la fonda.

Sobre esto último debo precisarles que entonces no juzgué aquel albergue pero hoy lo califico como tremendo: una nave para amarrar hamacas donde dormir y sentarse, pertenencias personales guardadas en sacos de yute o cajones de cartón, dos excusados para casi treinta hombres, la cocina rústica no alcanzaba y muchos debían cocinarse la comida en el suelo, dentro en un calderito propio sobre tres piedras; y todos llevar esos comestibles al día siguiente para el corte y allí  comerlos fríos, pasadas entre 10 o 14 horas de su cocción y sin ninguna medida de conservación.

Fue bastante para mí al debutar en la vida laboral.

Con la intervención revolucionaria este ingenio tomo el nombre de la madre de los Maceo,  Mariana Grajales, y después, no hace tanto, por los bajos precios del azúcar se decidió cerrarlo pues siempre fue un ingenio de poca molida y bajos rendimientos.

Pero quiero que sepan que de Corazón de Jesús guardo recuerdos imborrables para toda mi vida, tal cual el olor de las melazas y los jugos de caña, el fuerte sonido de los choques de las muelas de enganche de los carros de caña rompiendo el silencio de las madrugadas tibias, el urgente pitazo del central llamando al trabajo y la fraternidad del saludo de las manos obreras o campesinas.

 
 

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