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Archivo de la etiqueta: Comandante en Jefe

FIDEL EN EL ESCAMBRAY (VI): ARTE DESDE Y PARA EL PUEBLO

Por Luis Machado Ordetx

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Fidel, detrás, un espectador histórico de La Vitrina, puesta pública durante una histórica visita al poblado ganadero de La Yaya, en las cercanías de Mataguá. (Foto Archivo de Vanguardia).

El arribo sorpresivo de un huésped nocturno demarcó una impronta estética, de acentuación particular. Ahora su propósito directo no eran las escuelas, los pueblos en construcción o los cambios en el rostro agropecuario del lomerío villareño. No obstante, todo asumía un vínculo determinado por las apreciaciones y tópicos de una dramaturgia incomparable para la época.

 

Allí los resortes de lo público y lo privado se rompieron. Las reiteradas estancias se prolongaron durante horas de valoración y debates. También de diálogos entusiastas y de compromisos intelectuales que llevó a los artistas a despojarse de la telaraña capitalina. Fue el torrente a la definitiva radicación en un territorio agreste, casi inexplorado apenas hacía un tiempo.

Constituyeron tres momentos determinantes, y no más. Todos convergieron en la trascendencia de un fenómeno de ruptura y continuidad del fundamento del espacio escénico, nutrido de tensiones económico-sociales particulares. Era la esencia de un muestrario teatral surgido con investigaciones propias de “cuanto ser viviente se moviera por las lomas”, como en cierta ocasión afirmó Sergio Corrieri, el baluarte de aquel equipo creativo.

Fidel, hombre de extrema sensibilidad, estaba nuevamente en las montañas. De cierta manera se veía atraído por el goce espiritual, y del diagnóstico de particularidades, de acentos reiterados y hasta antagónicos, de una realidad que se reconstruye desde el punto de vista artístico. Los baluartes descansaban en los repertorios temáticos. Todos, en principio, fueron estructurados por el Grupo Teatro Escambray, cuando a finales de 1968 desplegó rumbos itinerantes antes de asentarse de manera concluyente en La Macagua, punto geográfico de una mirada renovadora.

Con la casa a cuestas                  

Las visitas del Comandante en Jefe impregnaron perspectivas y compromisos con la hechura de un teatro con y desde el pueblo, el protagonista de aquellos sucesos históricos de la serranía. También dieron arraigo al colectivo. El actor y dramaturgo Sergio González González, incorporado a ese equipo de trabajo a partir de los meses iniciales de 1970, dejó una sucinta relatoría.

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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (V): DE CAMPESINOS Y COOPERATIVAS

Por Luis Machado Ordetx
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El Comandante en Jefe durante recorridos por diferentes regiones hizo precisiones a los proyectos agropecuarios para consolidar el empuje económico del país. (Foto: Archivo de Bohemia, 1966).

“¡A Fidel no se le escapa una!”, dijo Benito Villa González, caficultor que conoce a la perfección las entrañas secretas del lomerío villaclareño. Durante siete ocasiones diferentes tuvo la posibilidad de escuchar en escenarios privados y públicos los criterios que el Comandante en Jefe expuso sobre el desarrollo agropecuario del país. Muchas de esos instantes permanecen prendidas en los recuerdos de un campesino de pico fino en contar historias.

El sábado 17 y el domingo 18 de mayo de 1986 el cosechero de Aguas Clara acudió en calidad de delegado al Segundo Encuentro Nacional de Cooperativas Agropecuarias. Antes, también figuró en la nómina de la primera de las reuniones. Sin embargo, ahora desconocía que el dirigente cubano participaría en una de las sesiones plenarias. De antemano solicitó intervenir. Viene aquí su preocupación. A cualquier le ocurre: “¡Ahora Fidel aquí!”, alguien le espetó, y dijo en soliloquio: “puedo meter la pata, o ponerme nervioso, y hasta cometer una barbaridad. Bueno, no será la única ocasión que eso suceda”, confesó.

—¿Qué hizo usted?, pregunté a Villa González, ahora con 85 años y usufructuario de la finca Estelí, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Roberto Fleites, en la Sabana de Santa Clara .

— ¡Hombre, pues hablar y responder con la sinceridad y la humildad que me caracteriza! Comencé a ejemplificar con mi Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) la 17 de mayo, alejada a 6 kilómetros, loma arriba, en Jibacoa . Precisé aspectos de las producciones de café, frutales y ganadería. También de cómo arreglábamos entre todos los caminos y de las viviendas en construcción con esfuerzo colectivo. Todos deseábamos la estabilidad de la fuerza de trabajo campesina. Puntualicé cómo allí vivíamos en familia, en cordialidad. Hasta comenté de la vinculación al área, con siete fincas que garantizaban el “altoconsumo” y entregaban acopios de viandas, granos y hortalizas al comedor.

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Benito Villa González, con 85 años, rememora fragmentos de encuentro histórico con Fidel. (Foto: Luis Machado Ordetx).

“Entonces Fidel dijo: ¡No, no Benito, es autoconsumo! Ojalá tuviéramos autoconsumo para no pasar necesidades de alimentos. Aquello me dio tremendo encogimiento. Quería meterme en un vara en tierra y que nadie me viera, pero proseguí adelante con el relato, y el bochorno momentáneo se desapareció. Imagínese usted que solo pude llegar hasta el sexto grado en la escuela, y todos los conocimientos que tengo son prácticos, de campos. Claro, eso no lo dije allí. Después las preguntas del Jefe de la Revolución vinieron una detrás de la otra, y siempre afirmando con la cabeza, o hacía un gesto y se dirigía al plenario para dejar una valoración del tema”.

—¿Qué indagaba?

—De todo. La cooperativa nuestra se creó en 1978. Nosotros desde hacía más de 40 años residíamos allá cuando nuestro padre decidió abandonar la zona del Saúco, cerca de la Loma Sombrero, para arrendar una finca al latifundista de apellido Berenguer. Luego me quedé en el lugar y formé una familia, siempre en labores agropecuarias y de cultivo de cafetales.

“Al principio la organización campesina, con pocos miembros, solo obtenía 30 quintales por caballería, precisé a Fidel. Ahora, a pesar de los estragos del ciclón Kate, de noviembre de 1985, le dije, logramos 77, un buen rendimiento, y no pararemos hasta los 100, indiqué. ¿Cómo lo obtuvieron?, preguntó el Comandante en Jefe. Le expuse con trabajo y normas técnicas, y sistemática regulación de sombra, poda y limpia, así como fertilización y riego de herbicidas para contrarrestar las plagas y enfermedades. ¿Qué área tienen?, me interrogó. Enseguida le dije: solo 7,25 caballerías de café, y la mitad en plena producción con unas 30 000 plantas de promedio. Señaló que debíamos crecer más, y entonces recalqué que había ganadería vacuna en explotación, así como frutales y viandas. Declaró que nada impedía crecer en población y sellaje de los campos. Las preguntas de Fidel siempre tenían una relación, y todas las respondía.

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FI­­­DEL EN EL ESCAMBRAY (III): PUEBLOS, CARRETERAS Y PRESAS

Por Luis Machado Ordetx

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Fidel en la contemplación del paisaje del Oriente cubano. Similar propósito asumió cuando recorrió el Escambray en un período de transformaciones. (Foto: Archivo de Bohemia, 1965).

Al pasar por Loma Sitio hubo una orden de Fidel. De inmediato el jeep detuvo la marcha en un periplo que conduciría al Comandante en Jefe por zonas aledañas a la antesala serrana del centro del país. Era la mañana fresca del jueves 9 de abril de 1970, y con la comitiva que lo acompañaba tenía el propósito de llegar hasta Los Pinos, en Manicaragua  , asiento económico de la región Escambray.

Años atrás, en Topes de Collantes, había declarado: … ¡qué aburrida sería la tierra si no tuviera lomas!, pronunciamiento que reiteró y dejó sorprendidos a quienes lo guiaban en la travesía: Arnaldo Milián Castro y Nicolás Chaos Piedra, primeros secretarios del Partido en Las Villas y de la regional que inspeccionaría. De inmediato Fidel formuló una pregunta rápida al último de los dirigentes: ¿Cómo llegamos a la loma de La Yaya  ? Hubo silencio, casi sepulcral, sin aparentes respuestas y sí truncos encogimientos de hombros.

La anécdota está recogida por Chaos Piedra. Pertenece al testimonio que ofreció Jesús Guzmán Pozo, El Médico, cuando indagué sobre los inicios y desarrollo agropecuario y forestal de la serranía villareña, un sitio de cambios permanentes en períodos sucesivos. El Líder de la Revolución, a pesar del mutismo generalizado y de las lluvias recientes que anunciaban la primavera, no cejó en su empeño por escalar la elevación.

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Fidel reunido con pobladores de La Yaya. — El sábado 19 de febrero de 1972, en La Yaya, junto a una delegación de estudiantes chilenos, el líder de la Revolución cubana dejó inaugurada la comunidad La Yaya, primera de la Agrupación Genética del Escambray. (Foto: Archivo de Vanguardia).

El vehículo tuvo a sus espaldas a Curamagüey. “En Seibabo Fidel decidió introducirse por el viejo camino de San Juan de los Yeras rumbo a Jorobada. Imagino que en algún momento tuvo que caminar y atravesar el río Caonao en medio de una tupida geografía de montes vírgenes con yagrumas, majaguas, yayas -una madera sólida y flexible-, palmas reales, ceibas, mangos silvestres, marabuzales y hasta sembrados de caña”, alegó el ingeniero pecuario.

Desde la altura, ya en la cima de loma, el Líder de la Revolución divisó las cualidades del valle. Así surgió la idea de La Yaya, primer pueblo de la Agrupación Genética del Escambray, en las inmediaciones del antiguo ingenio Santa Catalina, cerca de la finca Progreso, en Cardoso, y a 3 kilómetros de Mataguá. Después vendrían otras comunidades: El Tablón, La Parra, Arimao, El Roble, La Sierrita, Aridanes y…

Sería el comienzo de cuatro bases lecheras establecidas a partir de 1972, entre las que se incluyó Managuaco, en Sancti Spíritus, y Cayama, en Sagua la Grande, los primeros puntos de firmezas ganaderas… Read the rest of this entry »

 

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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (I): GÉNESIS DE UNA FUNDACION

Por Luis Machado Ordetx

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Comitiva que intervino en la reunión del 3 de abril de 1971 para el trazado del desarrollo ganadero en la regional Escambray. Guzmán Pozo (marcado con una flecha), no olvida un acontecimiento que marcó un antes y un después en su labor profesional: fueron años intensos en sus investigaciones agropecuarias. (Foto: Cortesía de Guzmán Pozo).

Con planos, a veces corregidos en la premura del tiempo, Fidel llegó a las inverosímiles geografías del Escambray para instaurar una esperanza. A partir de marzo de 1959 los rostros guajiros, surcados de arrugas, se iluminaron. Los titulares de los rotativos especificaban: ¡La tierra es suya!, una sentencia recordatoria de celebraciones de Congresos Campesinos y recorridos del líder de la Revolución por zonas de Pinar del Río, la Ciénaga de Zapata, el centro villareño y Camagüey, lugares menos conocidos a partir de la epopeya combativa de la Sierra Maestra.

El 10 de octubre de ese año, desde un secadero de café en El Nicho, el Comandante Camilo Cienfuegos interviene en el Primer Congreso Campesino del Escambray. Desarticula las artimañas de algunos “politiqueros”, y defiende el derecho a la posesión de la tierra que el Che entregó durante su campaña guerrillera. También anuncia que pronto Fidel estará en las alturas de Guamuhaya, al sureste villareño. Allí había un territorio idóneo, casi inhóspito, para desarrollar todos los conceptos económico-sociales que requería el país.

El terreno tenía unos 4295 km2 de superficie. Era una las 58 regiones de las entonces provincias cubanas. Durante años formó parte, casi permanente, de los desvelos del Comandante en Jefe por desencajar de manera radical el entorno de aquellas 12 antiguas y atrasadas municipalidades.

A partir de 1960 se crean las primeras Granjas del Pueblo con el Plan Especial Escambray, dedicado al fomento y desarrollo agropecuario, y en menos de dos años la hidroeléctrica Hanabanilla, con asesoramiento de especialistas checos, efectuó sus primeras pruebas de funcionamiento para la entrega de 56 millones de kilowatts-hora, como mínimo.

El panorama desolador de aquellos lugares comenzó a cambiar, mientras el pueblo uniformado desarticulaba bandas contrarrevolucionarias. No quedaba otra opción que trabajar por el día y vigilar por la noche, como combatiente, para defender los intereses colectivos.

A finales de 1962 se celebra la Primera Feria Agropecuaria de Manicaragua. En la Ciénaga de Zapata Fidel acude a idéntico certamen, pero del Carbón, con exhibición de los logros económico-sociales registrados hasta el momento. Read the rest of this entry »

 

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A 56 años de la fundación del II Frente Oriental Frank País

El comandante Raúl Castro Ruz en sus tiempos como jefe del II Frente Oriental Frank País

El comandante Raúl Castro Ruz en sus tiempos como jefe del II Frente Oriental Frank País

El entonces recién nombrado comandante del Ejército Rebelde, Raúl Castro Ruz salió de Pata de la Mesa, Sierra Maestra, el primero de marzo de 1958 hacia la Sierra Cristal, al frente de la Columna 8.

Era portador de la misión de abrir allí un nuevo frente de combate para ocupar cada vez más territorio y dividir la atención de las fuerzas de la tiranía.

Avanzando a pie por rutas plagadas de enemigos, marcharon las armas rebeldes hasta llegar el 11 de marzo a su destino final. Así se cumplía la orden del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Al territorio ocupado se le nombró II Frente Oriental Frank País en honor al inolvidable joven santiaguero caído en combate contra las fuerzas de la tiranía y ocupó cerca de 12 mil kilómetros cuadrados.

La organización, disciplina y contacto con la población montuna llevó al II Frente a ser un ejemplo. Por eso se le calificó como “un Estado dentro de otro Estado”.

Y no digo más, le dejo con la entrevista publicada en la revista Bohemia por la amiga Magali García Moré, el 11 de marzo de 1988, al hoy General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba

Pedro Hernández Soto

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Y por supuesto, también mariposas…

Mariposas, flor de nombre científico Hedychium coronarium, familia Zingiberaceae, oriunda de la India y de amplia presencia en Cuba

Recién me enteré -hace unas semanas- que la mariposa es una especie invasora pues ocupa los lugares húmedos con despecho de sus inquilinos, asfixiándolos. Por ello no he dejado de admirarla.

No puedo precisar desde cuando siento una verdadera predilección por la titulada -hace más de 75 años- Flor Nacional. Hasta hace poco pensé que tal atracción se debía a su estilizada figura, la belleza y delicadeza de su corola, la albura de sus pétalos, su dulce y delicado perfume, realmente “conquistador”  del recinto que las exhiba.

Aprendí que a sus atributos particulares se suman también otros patrióticos pues leí hace ya bastante tiempo que las mambisas trasladaban mensajes en sus pétalos durante la Guerra de Independencia,  mientras adornaban  sus cabellos. También las usaba a menudo la guerrillera, mano derecha del Comandante en Jefe,  Celia Sánchez Manduley, calificada por Armando Hart como ”la flor más autóctona de la Revolución” (Ver foto)

Pero al parecer, no solo es por eso. Les cuento:

En un principio solo recordaba que cuando vivía en Santa Clara, ya con hogar constituido en casa propia, los sábados o domingos, Genys y yo comprábamos algunos ramos para adornar y perfumar la sala-comedor.

El pasado domingo 21 de octubre, en reunión de amigos, conversaba con uno de ellos, cienfueguero, y por más conocido desde la infancia, cuya familia usaba los servicios de mi padre  como chofer de alquiler –antes del triunfo de la Revolución-, y entonces, sin saber cómo, abordamos el tema de tiempos pasados y me dijo: “¿Recuerdas que tu papá siempre tenía el carro muy limpio, era selectivo con sus clientes, no dejaba subir a alguien sucio o con mal olor? Cada mañana él colgaba del espejito retrovisor un par de ramos de frescas mariposas para que cuando uno entrara allí aspirara su aroma”. Y casi riendo añadió: “Recuerda que cuando aquello no había aromatizantes”.

Sonreí entonces pues mi mente comenzó a trabajar y en efecto, volví a aquellos momentos, cuando bien temprano cada mañana (en verano o invierno, aún domingos), mi hermano Pepe y yo, ambos niños, comenzábamos a realizar la inexcusable limpieza a fondo  sobre el Plymouth, o el Dodge, o aún el Pontiac, últimos instrumentos de trabajo, sucesivos e inmediatos antes de la jubilación de Peyo, que exhibían en su interior aquellos ramitos floridos comprados el día anterior, ya mustios y no tan aromáticos, sobre los cuales pesaba la orden de: “No olviden botar las flores”.

Después, por ese camino de añoranzas, -como en película al principio silente- de nuevo me molestó el reflejo del sol sobre los húmedos mosaicos de la sala de la casa materna, en el natal Cienfuegos, que entraba a raudales por puertas y ventanas abiertas de par en par a la calle, cuando Mami ejecutaba la limpieza sabatina ayudada por mi hermana Pitito, y entonces verla interrumpir la labor (tan solo por unos instantes) para acudir en respuesta al pregón del vendedor callejero quien, con entonación muy especial y propia, proponía baratos y rozagantes esterliles, azucenas, rosas, príncipes negros, girasoles y por supuesto, también mariposas…

 

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