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De campesino analfabeto a Ingeniero Eléctrico

11 Nov

Por Pedro Hernández Soto

verdecia

Al pie de la tarja conmemorativa por el 55 aniversario dela creación del Grupo de Artillería, en un costado del Teatro Universitario, los ingenieros Nelson Montiel Benítez, J´del Grupo, Wilfredo Verdecia González, Capitán del Ejército Rebelde; y el Doctor Andrés Castro Alegría, Rector de la UCLV. Foto Mayra Álvarez Jiménez

“Es Capitán” me dijo alguien que ahora no recuerdo.  La pura verdad es que  dudé hubiese obtenido tales grados en el Ejército Rebelde aquel “jabaito”, bajito, flaquito,  con poco más de cien libras de peso, algo achinado, que cojeaba claramente y usaba uniforme verde olivo de campaña sin distintivos y de sobre medida. Corría 1961 y Wilfredo Verdecia González no se correspondía con el somatotipo existente en el imaginario popular  sobre de los libertadores.

Después vi las tres barritas doradas dobladas en ángulo ganadas en la más reciente Guerra de Liberación: las guardaba en una caja de fósforos, dentro de la gaveta de la modesta taquilla de madera prensada que le correspondía como un becario del Curso de Nivelación de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV). Solo las usaba cuando se anunciaba la visita a nuestro centro docente de algún alto oficial, so pena de ser criticado. Conozca un inmejorable botón de muestra: siempre que el Comandante Juan Almeida Bosque visitaba la UCLV preguntaba por él, y algunos de los presentes -al principio todos asombrados- salíamos corriendo a buscarlo y llevarlo a la presencia de aquel héroe. Se hizo costumbre tenerlo cerca si se anunciaba la presencia de un compañero de tal categoría.

Con él la vida me confirmó tres cuestiones principales: el inmenso poder de la fuerza de voluntad de un ser humano convencido en lograr un objetivo; la presencia de la inteligencia en los ciudadanos de cualquier procedencia social, lugar de la tierra y color de la piel (nació en los alrededores de Manzanillo y se crió en los remotos Ranchos de Guás, Sierra Maestra); y que el mayor respeto se gana con las actuaciones ejemplares de los hombres y mujeres más modestos y sencillos.

Soy tan contundente en mis afirmaciones no tan solo por las arriesgadas y sacrificadas misiones que de seguro cumplió por empinadas cuestas, profundos barrancos, fangosos trillos y cortantes dientes de perro, participando en emboscadas, combates, marchas y contramarchas por intransitables lugares, cargando armas, mochila y vituallas, llevando importantes mensajes a destinatarios revolucionarios pasando a través de las líneas enemigas sin ser detectado o soportando bombardeos aéreos como el que le produjo la herida causante de la cojera irremediable, de aquellas acciones que nunca habló.

Tuve la suerte de compartir con Verdecia varios años de su vida universitaria al ser profesor en el Curso de Nivelación (mientras estudiaba Ingeniería Química), su subordinado en el Grupo Independiente de Morteros de 120 mm de la UCLV y compartir procesos políticos desde la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en aquellos tiempos que yo llamo de “La Refundación de la Universidad”, proceso iniciado tras las ideas -irreverentes para la mayoría de los poderosos y justas para los desposeídos-, proclamadas por el Che en el Teatro Universitario el 26 de diciembre de 1959. Entonces conocí algo de su historial docente anterior.

Cuando el campesino-combatiente del Ejército Rebelde, de 14 años de edad, Wilfredo Verdecia González, llegó a La Habana el 8 de enero de 1959, fue ubicado en la Compañía 27, en el Campamento de Ciudad Libertad. Como era analfabeto, al día siguiente de su llegada, comenzó a realizar gestiones para alfabetizarse. En los primeros días de febrero, el Comandante Almeida (quien siempre lo apoyó) lo trasladó para el Campamento de Managua y allí comenzó a estudiar para seguir a continuación un periplo de aprendizaje que comprendió el Centro Cívico Militar de Ceiba del Agua (muy cerca de Artemisa), el Colegio Cubano Arturo Montori (del Vedado); y aprobar los test mentales y las pruebas de rigor establecidas como requisitos inapelables para lograr una beca en el Curso de Nivelación de la UCLV.

El 3 de junio de 1961, un mes después de haber comenzado las clases, se incorporó a las aulas y se graduó como Ingeniero Electricista el 12 de agosto de 1968. Fue un camino bien difícil para el joven oriental de débitos con la instrucción y tuvo que hacer un esfuerzo extraordinario para promover de curso en curso pero aun así se destacó entre aquella multitud de contemporáneos estudiosos y esforzados. ¡Transitó por toda la pirámide educacional en solo nueve años!

El 28 de septiembre de 1961, tras concluir el primer semestre, partió junto a los becados de la UCLV hacia intrincados y peligrosos lugares a participar en la etapa final de la Campaña de Alfabetización. Entonces se desempeñó como Responsable Político de 32 brigadistas y terminó de alfabetizar a tres campesinos, en la zona de Barajagua, Escambray.

Fue fundador- como Comisario Político- del Grupo Independiente de Morteros de la UCLV. Al ser desmovilizado de la operación militar por la Crisis de los misiles o Crisis de octubre de 1962, y ya aprobados los diferentes niveles, matriculó el primer año de ingeniería eléctrica, en enero de 1963. Como estudiante fue seleccionado delegado al Primer Congreso de la AJR, electo Presidente del Comité Organizador del VIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes; integró el Comité Universitario de la UJC, y  al mismo tiempo ocupó el cargo de Secretario Organizador del Comité de Base de su Escuela.

Junto con el dirigente sindical universitario Hugo K. Sánchez González, organizó y dirigió la Secundaria Obrera Campesina y la Facultad Obrera Campesina en la UCLV, impartiendo además personalmente clases a dos  grupos de trabajadores. Participó en los Juegos Deportivos Tri-Universitarios en Halterofilia (levantamiento de pesas), donde en uno de ellos, efectuado en la Universidad Central, obtuvo el primer lugar en su categoría.

El 25 de julio de 1965, durante el acto por el aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en la Plaza de la Revolución de Santa Clara, integró el conjunto de estudiantes universitarios que presentó bailes folklóricos nacionales. El 24 de octubre de 1965, se desposó con una joven becaria de la entonces Escuela Profesoral, en boda múltiple celebrada en el comedor de la Universidad. En 1967, ella falleció a causa cáncer. La motivación de tener una hija no fue suficiente para superar el duelo, suspendió una asignatura, perdió su plaza en la Beca y tuvo que abandonar la Universidad.

Aníbal Enríquez y Tomas Cárdenas, por entonces respectivamente, primer y segundo secretarios provinciales de la UJC, le buscan trabajo como profesor para impartir clases a un grupo de jóvenes que no trabajaban ni estudiaban y lo acogen en la casa de visitas de la organización. En el siguiente curso, es reincorporado a la Beca y culminó felizmente sus estudios universitarios.

Ubicado como recién graduado trabajó en la Empresa Consolidada de Fertilizantes, en La Habana y con posterioridad en la Brigada Comunista de Construcción y Montaje (Fábrica de Fertilizantes de Cienfuegos); la Fábrica de Cemento de Sigüaney; y en la Empresa de Construcciones de Industria Eléctrica donde aún labora. De su segunda unión –materializad en 2008- tiene otra hembra y dos varones.

Ahora se restablece de un infarto agudo de miocardio.  Estaba obligado a conversar con él y lo hicimos por teléfono el pasado sábado. Lo aprecié con las mismas voluntad y  decisión conque enfrentó ecuaciones, problemas y diseños de sistemas eléctricos; de seguro idénticas a aquellas que le urgieron a los andares por la Sierra Maestra para poner su vida a disposición de una nueva Patria.

Trabajos relacionados:

 El Che y la Refundación de la Universidad Central de Las Villas

 Crisis de Octubre: Encuentro patriótico en la Universidad

El acto por el aniversario 61 de la Universidad Central de Las Villas

Carta abierta a la Vice Rectora de Extensión Universitaria de la UCLV

Despedimos a Eugenio

Antonio Rodríguez Palacios: protagonista de la Universidad Revolucionaria

 

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