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Archivos Mensuales: abril 2016

Despedimos a Eugenio

Por Pedro Hernández Soto*

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Presidencia de asamblea universitaria. De I a D: Agustín Broche, Marcos Abreu, Eugenio Urdambidelus, Sidroc Ramos, René Anillo y otros compañeros

Llegué con suficiente antelación al Cementerio Colón y me concentré en recordar muchos pasajes de la vida de Eugenio Urdambidelus López. Fue el pasado martes 26, cuando caía la tarde, de pronto el sol se perdió al nublarse el cielo mientras una ligera brisa arrastraba las flores de una ceiba cercana ¿homenaje póstumo del árbol sagrado de los yoruba? Me sumergí en el silencio característico de los camposantos en tanto pensaba y valoraba.

 

Eugenio nació en una instalación médica de Cienfuegos aunque su residencia era San Juan de los Yeras . En este último lugar su familia, sobre todo su padre, poseía varias colonias de caña que sumaban cerca de un ciento de caballerías de tierras, decenas de inmuebles y un banco financiero.

En 1953 comenzó su vida laboral en la entidad bancaria propiedad de la familia y a la vez matriculó en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV)  en 1955.

Participó de modo destacado en la Huelga General Azucarera de ese año, dirigida por Armando Fleites, entonces presidente de la Facultad de Medicina de La Habana, y los dirigentes obreros Conrado Bécquer y Conrado Rodríguez, ocupando la iglesia de su pueblo natal para convocar a los vecinos con el repique de las campanas, y dirigirles el mensaje opositor.

Allí  se incorpora en 1956 a las Brigadas Juveniles del 26 de Julio mientras en la UCLV forma parte del Comité Pro-Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de los Alumnos de Ciencias Comerciales que presidía el posterior mártir de la Revolución Ramón Pando Ferrer. Activo en el cierre de la Universidad Central el 27 de noviembre y al año siguiente forma parte del Comité Pro-FEU de la Universidad. Integró el grupo que ocupó la Universidad el 22 de mayo, y todos estos actos promovieron el reconocimiento de la FEUC en el centro del país.

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Publicado por en 29/04/2016 en Uncategorized

 

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Girón en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas

Por Pedro Hernández Soto*

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Una exhuberante vegetación junto a una bien concebida arquitectura crean el entorno apropiado para la sobresaliente población del  centro docente villaclareño

Había regresado a la Universidad en enero de 1961 para comenzar los estudios de Ingeniería Química, tras pasar los anteriores tres meses en la Limpia del Escambray. La interrupción de la anterior matrícula en la Escuela de Peritos Químicos Azucareros tuvo dos causas principales: el incorporarme al combate contra los contrarrevolucionarios alzados en el macizo montañoso del Escambray,  tras las traiciones del ex presidente de la FEU villareña Porfirio Remberto Ramírez (El Negro Ramírez) y el ex rector Pedro Oliver Labra así como la decisión de cursar una carrera universitaria superior.

Aún no había comenzado la beca universitaria por lo que me alojaba en una pequeña habitación existente bajo el antiguo tanque de agua del centro (la casita del maíz, le llamaban), muy cerca del chalet que albergaba un incipiente Jardín Botánico. Lo compartía con tres estudiantes orientales, dos de Ingeniería Eléctrica -de apellidos Berdión y Marturell-, otro de Agronomía -Jorge Horsford-, y un instructor de teatro llamado David Salvador. Allí clavé un par de puntillas en las paredes y de estas colgué los percheros con mis dos o tres modestas mudas de ropa; el catre donde dormía no sé de donde salió. Mi desayuno era un buche de leche condensada; el almuerzo lo tenía a precio muy módico gracias a los directivos de los obreros de la construcción que erigían a pasos acelerados muchos de los bellos edificios que hoy disfrutan los educandos de la Ciudad Universitaria Abel Santamaría; y la comida era lo que apareciera en la finca de la institución.

Se produjo el ataque sorpresivo a nuestras bases aéreas el 15 de abril y los milicianos de la Universidad respondimos al llamado del Comandante en Jefe de movilizarnos ante una inminente agresión mercenaria. El mando de nuestro batallón universitario lo tenía Eugenio Urdambidelus López, presidente de la FEU y estudiante de Economía, procedente de familia rica, con quien había logrado una buena empatía que pronto se convertiría en una gran amistad.

El día 17 por la mañana salí de mi improvisado albergue a cumplir mis deberes docentes totalmente desinformado, pero me enteré con rapidez del desembarco mercenario. La orden recibida fue concentrarnos en el Teatro Universitario. Justo cuando llegaba al hemiciclo arribaba Eugenio. Estaban allí también Rodolfo de las Casas (Casitas) combatiente de la Columna 1 del Comandante en Jefe y José García Bertrand (Pepe El Cura o El Curita), ambos dirigentes de los estudiantes en la provincia. Ellos tres se reunieron y tomaron determinaciones. Según me manifestó Pepe, Casita y él habían sido citados dos días antes por el comandante Juan Almeida Bosque, a la sazón Jefe del recién creado Ejército Central, para asignarles la tarea de con un grupo seleccionado de estudiantes –pertenecientes a la UCLV, el Instituto de Segunda Enseñanza y la Escuela de Comercio-, bajo la dirección del Departamento de Seguridad del Estado (DSE), detener, trasladar y retener a los quinta columnistas –o sospechosos de serlo- de la provincia de Las Villas y mantenerlos a buen resguardo en la Universidad Central.

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Publicado por en 11/04/2016 en Cuba, Guerra, Revolución, Sociedad, USA

 

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“… y los mangos y los aguacates son deliciosos…”

Equipo baloncesto Inst. 2da. Enseñanza, Cfgos. 1956

1956, equipo de baloncesto en el patio del Instituto de Segunda Enseñanza de Cienfuegos. Delante. I-D. Rodolfo (Fito) Castellanos, Fausto Fernández, Efraín Quintana, Luis González Couceiro. Detrás. I-D. Orestes Reyna (Pericles), Pedro Hernández Soto, Agustín Gutierrez, René Perdomo, Gonzalo Villoro y Chuchín Peña. Ausente: Ricardo Pérez Sarría, hoy Gloria del Deporte.

Por Pedro Hernández Soto

Por supuesto, la foto mostrada trata de una época que describo y no tiene que ver -de modo directo- con el título de esta publicación realizada a partir del recuerdo provocado por un interesante reportaje de los amigos Tania Chappi Docurro y Raúl Medina Orama, publicado en Bohemia digital, llamado Jardín peculiar, referido a la necrópolis Tomás Acea, de  Cienfuegos. Después de “fotografiar” aquel escenario en tres apretadas páginas, es decir, tras mostrar los datos principales de su arquitectura e historia, y enumerar las tareas de restauración que allí se realizan bajo la dirección del grupo de Cementerios de la Oficina del Conservador de la Ciudad, culminan su información con un párrafo que me ha movido a exponerle una  anécdota, vivencia propia. Le reitero que soy cienfueguero, allí nací y me crié.

El parágrafo en cuestión dice así: “Aunque no nos animamos a probar la veracidad de afirmaciones como ¨los tamarindos más dulces de la zona crecen aquí, y los mangos y aguacates son deliciosos¨, nos convencimos de que entrar al Cementerio Tomás Acea no siempre es un viaje hacia la noche, sino un encuentro con otras facetas del pasado y de la creatividad humana”.

Ahora les cuento. Era la primera década de los años 50 del pasado siglo cuando cursaba el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza, ubicado en el recién inaugurado edificio situado en la entonces llamada Carretera del Junco, o de Rancho Luna, hoy Avenida 5 de Septiembre que entonces llegaba solo hasta el camposanto. Es un bello edifico de dos plantas, a cuyo frente le continúan dos alas laterales en ángulos de 90 grados, por lo que se asemeja a una U; hoy alberga la Escuela Provincial de Arte de Cienfuegos Benny Moré. Situada en lo alto de una pequeña elevación es una construcción bella, fresca, cómoda, bien realizada.

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Publicado por en 04/04/2016 en Amistad, Cuba, Deporte, Educación, Uncategorized

 

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