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FI­­­DEL EN EL ESCAMBRAY (III): PUEBLOS, CARRETERAS Y PRESAS

Por Luis Machado Ordetx

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Fidel en la contemplación del paisaje del Oriente cubano. Similar propósito asumió cuando recorrió el Escambray en un período de transformaciones. (Foto: Archivo de Bohemia, 1965).

Al pasar por Loma Sitio hubo una orden de Fidel. De inmediato el jeep detuvo la marcha en un periplo que conduciría al Comandante en Jefe por zonas aledañas a la antesala serrana del centro del país. Era la mañana fresca del jueves 9 de abril de 1970, y con la comitiva que lo acompañaba tenía el propósito de llegar hasta Los Pinos, en Manicaragua  , asiento económico de la región Escambray.

Años atrás, en Topes de Collantes, había declarado: … ¡qué aburrida sería la tierra si no tuviera lomas!, pronunciamiento que reiteró y dejó sorprendidos a quienes lo guiaban en la travesía: Arnaldo Milián Castro y Nicolás Chaos Piedra, primeros secretarios del Partido en Las Villas y de la regional que inspeccionaría. De inmediato Fidel formuló una pregunta rápida al último de los dirigentes: ¿Cómo llegamos a la loma de La Yaya  ? Hubo silencio, casi sepulcral, sin aparentes respuestas y sí truncos encogimientos de hombros.

La anécdota está recogida por Chaos Piedra. Pertenece al testimonio que ofreció Jesús Guzmán Pozo, El Médico, cuando indagué sobre los inicios y desarrollo agropecuario y forestal de la serranía villareña, un sitio de cambios permanentes en períodos sucesivos. El Líder de la Revolución, a pesar del mutismo generalizado y de las lluvias recientes que anunciaban la primavera, no cejó en su empeño por escalar la elevación.

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Fidel reunido con pobladores de La Yaya. — El sábado 19 de febrero de 1972, en La Yaya, junto a una delegación de estudiantes chilenos, el líder de la Revolución cubana dejó inaugurada la comunidad La Yaya, primera de la Agrupación Genética del Escambray. (Foto: Archivo de Vanguardia).

El vehículo tuvo a sus espaldas a Curamagüey. “En Seibabo Fidel decidió introducirse por el viejo camino de San Juan de los Yeras rumbo a Jorobada. Imagino que en algún momento tuvo que caminar y atravesar el río Caonao en medio de una tupida geografía de montes vírgenes con yagrumas, majaguas, yayas -una madera sólida y flexible-, palmas reales, ceibas, mangos silvestres, marabuzales y hasta sembrados de caña”, alegó el ingeniero pecuario.

Desde la altura, ya en la cima de loma, el Líder de la Revolución divisó las cualidades del valle. Así surgió la idea de La Yaya, primer pueblo de la Agrupación Genética del Escambray, en las inmediaciones del antiguo ingenio Santa Catalina, cerca de la finca Progreso, en Cardoso, y a 3 kilómetros de Mataguá. Después vendrían otras comunidades: El Tablón, La Parra, Arimao, El Roble, La Sierrita, Aridanes y…

Sería el comienzo de cuatro bases lecheras establecidas a partir de 1972, entre las que se incluyó Managuaco, en Sancti Spíritus, y Cayama, en Sagua la Grande, los primeros puntos de firmezas ganaderas… Read the rest of this entry »

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Nuestro periodismo en la Cuba de hoy

Por Pedro Hernández Soto

Asamblea de Balance de la Rama de la Prensa Escrita, previa al Noveno Congreso de los periodistas cubanos

Vista parcial de la Asamblea de Balance de la Rama de la Prensa Escrita, previa al Noveno Congreso de los periodistas cubanos, efectuada el 29 de mayo

Demos una rápida mirada en nuestro derredor y reconozcamos el escenario donde nos  desenvolvemos: compleja situación económica nacional; reforzamiento del bloqueo económico y financiero; experiencias de cambios en las estructuras de gobierno y administración; mayores atribuciones a provincias, municipios y barrios; distribución de tierras poco o nada explotadas; construcción y reparación masivas de viviendas; financiamientos y subvenciones populares con diferentes objetivos; autorización de nuevas licencias como trabajadores no estatales; permisos para la apertura de cooperativas no agropecuarias; reciente reforma migratoria; prioridad a fuertes inversiones para el desarrollo; incrementos de los recursos a disposición del turismo, mayor identificación de Gobierno y Partido con organizaciones religiosas y sociales… ¿Es bastante y suficiente?

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Publicado por en 09/06/2013 en Cuba, cultura, Política, Revolución, Sociedad

 

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Abril: memoria de una época gloriosa

Por Alberto Rodríguez Arufe (Arufe)

Fecha sin precisar 1962. Arufe e Ismael Capote, ambos entonces cuadros del Comité Provincial de Las Villas de la UJC

Fecha sin precisar 1962. Arufe e Ismael Capote, ambos entonces cuadros del Comité Provincial de Las Villas de la UJC, intercambian en Santa Clara

La historia de una nación se conserva de diversas formas y de ello se encargan diferentes instituciones especializadas: documental, grafica, cinematográfica, musical grabada o en partituras, etc.

Además existe la memoria viva -en Cuba se ha incrementado con la extensión de la esperanza de vida de los cubanos que ya ronda los 80 años- permisora a las personas que mantengan las facultades mentales mantener la capacidad de guardar, recordar y transmitir vivencias e informaciones del pasado.

Abril es un mes que aviva los recuerdos de muchos compatriotas y particularmente de la generación protagonista, de una u otra manera, en el proceso de fundación de la Unión de Jóvenes Comunistas y la Organización de Pioneros, el enfrentamiento y victoria ante la invasión mercenaria de Playa Girón, la Crisis de Octubre y otros trascendentales momentos.

Tal vez la importancia y profundidad de estos acontecimientos en la historia más reciente de la nación cubana sea la razón principal que explique el porqué transcurridas ya cinco décadas de ocurridos, un grupo numeroso de antiguos dirigentes y cuadros de la AJR primero y la UJC después -durante los años 60 y 70 del pasado siglo-, conserven la tradición de encontrarse por esta época y, entre los achaques de la edad y un ambiente festivo y fraternal, compartir recuerdos y anécdotas de procesos y hechos que marcaron sus vidas para siempre

Participé recientemente en uno de esos encuentros tan sistemáticos y duraderos como no recuerde otros, que cada año reúne a varias decenas de ex dirigentes juveniles de la antigua provincia de Las Villas y sus herederas (Villa Clara, Cienfuegos y Sancti Spíritus), quienes en diferentes momentos vinieron a trabajar y vivir en La Habana.

Esta actividad se celebra en la capital por iniciativa y voluntad propia de sus participantes se dedicó en esta ocasión al centenario del natalicio del compañero Arnaldo Milián Castro, quien, como máximo dirigente del Partido en Las Villas, desempeño de manera personal y directa un papel determinante en la educación y formación de numerosos cuadros jóvenes en los años que siguieron al triunfo de la Revolución.

Esta jornada no fue muy diferente a las anteriores, lamentablemente los años pasan de modo implacable, siempre debemos dedicar un minuto de silencio a compañeros que fallecieron y, después de los discursos y reconocimientos propios de la ocasión, en un ambiente festivo predominan los efusivos saludos entre personas que se aprecian y recuerdan pero que, en su mayoría solo se ven en estas oportunidades y poco a poco se van formando pequeños grupos donde se hacen cuentos y anécdotas (muchas veces repetidas) pero que tienen como denominador común evocar una época gloriosa a la que los participantes, con lealtad, pasión revolucionaria y desinterés, entregaron los mejores años de su juventud.

Cabe recordar que los primeros años de existencia de la AJR y la UJC coincidieron con momentos dramáticos y decisivos para la naciente revolución cubana, La invasión de Girón, la crisis de Octubre ,conspiraciones, bandas contrarrevolucionarias armadas y sabotajes sembrando el terror en diferentes territorios mientras los primeros efectos del bloqueo yanqui demandaban una permanente movilización y alta cuota de sacrificio de las fuerzas revolucionarias, en las que la organización juvenil se encontraba en la primera línea para en esas duras condiciones cumplir importantes misiones.

Fue así, en esas circunstancias, que la juventud cubana realizo la Campaña de Alfabetización, miles de jóvenes se incorporaron a las Milicias, una parte considerable se movilizó en la lucha contra bandidos y otros tantos engrosaron las filas de las FAR y los órganos especializados del MININT, para garantizar la defensa y la seguridad nacional a la vez que se cumplían otras importantes misiones en la producción y la educación, haciendo valida su consigna de Estudio, Trabajo y Fusil.

Nunca está de más una anécdota de las tantas que se recuerdan en estos encuentros para ilustrar las duras condiciones del trabajo de los cuadros de la UJC en aquella época: Estando ya en el Comité Provincial de la UJC de Las Villas, realicé una visita de trabajo al municipio de Cifuentes y después de un día de abundante actividad, cuando llegó la hora de dormir, los dirigentes del territorio me explicaron las malas condiciones de donde ellos lo hacían por lo habían resuelto un lugar algo mejor y, para mi sorpresa, resultó ser un calabozo de la estación de policía, con todas las características poco agradables de este peculiar e inesperado alojamiento.

Al día siguiente no pude dejar de visitar el alojamiento permanente para el descanso nocturno de los cuadros del municipio y resultó ser un garaje donde, entre manchas de grasa, viejas baterías y partes y piezas ya utilizadas, tenían unas pocas pertenencias personales y pernoctaban.

Sin dudas los representantes de las generaciones que mantienen esta unidad e identificación, tienen la convicción de que estuvieron en el lugar y el momento oportuno cuando la Patria los necesitó, recuerdan con orgullo las dificultades y los riesgos que compartieron y mantienen viva la memoria y un sentido de pertenencia con una época gloriosa y decisiva para la independencia y el socialismo en Cuba de donde extraigo una reflexión final: Que es importante que cada generación pueda encontrar una misión trascendente para el futuro de la Patria o de la humanidad, en la cual pueda realizarse, y llevar después, para siempre en su memoria con orgullo, por el resto de sus vidas.

 
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Publicado por en 26/04/2013 en Cuba, Historia, Política, Revolución, Sociedad, USA

 

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Entre amigos y fantasmas

El viaje fue tan rápido como en realidad quería. El eficiente Ernesto nos condujo seguros y expeditos, el miércoles 8, desde La Habana hasta Santa Clara. Los pasajeros éramos Tubal Páez, presidente de los periodistas cubanos,  y el escribiente, para participar en la actividad central por el aniversario 50 de la aparición del periódico Vanguardia.

Mi objetivo era llegar pronto para saludar a quienes en un momento crucial me ayudaron a llevar adelante la dirección del diario; a los amigos, unos retirados y otros en activo,  que pusieron o ponen en algún momento el hombro en el progreso de la publicación y fortalecer el prestigio que exhibe en el país y sobre todo en la región central.

También pretendía rememorar, cerca de los lugares de los acontecimientos, a aquellos que ya no están entre nosotros, fantasmas buenos que seguro reirían a mandíbula batiente si pudieran leer el calificativo que hoy les doy.

Ellos me acompañaron todo el tiempo de viaje, sin arrastrar cadenas, ni tirar puertas ni dar lúgubres gritos, sino divirtiéndose y divirtiéndome, recordándome anécdotas, dándome cuero y hasta cantándome al oído cuartetas y rancheras, en una tarde serena, resplandeciente y calurosa, por un inmenso túnel verdeazul de campiña y cielo, a lo largo de 266 kilómetros de la Autopista Nacional, mientras el Peugeot de la presidencia nacional de la UPEC rodaba, repito, raudo y sin peligros.

Allá los cicerones fueron Félix Arturo (El Chino) Chang, director del rotativo, y José Antonio Fulgueiras, presidente de los periodistas villareños. Del  lugar del recibimiento –La Casa de la Prensa- nos llevaron al Hotelito de la CTC para alojarnos. Tras bañarnos y comer nos fuimos al Teatro La Caridad. Allí nos recibió un aluvión de saludos, abrazos, besos, de los convocados y las convocadas al acto.

Ya cómodamente sentados disfrutamos de un espectáculo muy bien concebido y realizado. En inteligente y sentida muestra sobre la creación del rotativo, se entremezclaron una brillante crónica, fotos de fundadores y otros trabajadores, y espléndidas ofertas musicales.

Entonces casi completé las imágenes de mis fantasmas buenos: allí estaban Roberto González Quesada; Raúl Castillo Rolo; René (el mecánico de linotipos); Pepe, el fotógrafo; Barreras (el de la estereotipia); Pérez Cuellar; el negro Andrés de Jesús, y otros. Claro, me faltaron: Sacerio; Ruano; Máximo; Sergio Machado; Roberto el chofer; Rafael, el jefe de piquera…

Me resta darle una calificación de la parte artística, bien compuesta y organizada: magnífica. Buenas voces, con colores propios, afinadas, acompañadas o no con instrumentos, animaron una noche donde brillaron un dúo y un quinteto (vocales) y un conjunto sonero, todos femeninos, y una solista.

Vino el discurso del Chino, contundente y corto, asentado en una selección de principios del periodismo, extraído de un editorial del entonces diario durante sus ediciones primigenias, a partir de una conferencia brindada a sus trabajadores por Blas Roca Calderío, director entonces del periódico Hoy.

Los organismos y organizaciones de la provincia reconocieron el quehacer de los realizadores del rotativo.  Sendos diplomas acreditaron las declaraciones. Por último, Julio Lima Corzo, primer secretario del Partido en la provincia, hizo entrega del enviado por el miembro del Buró Político Esteban Lazo Hernández.

Después un rápido ágape en la esplendorosa y bien cuidada mansión que alberga al Museo de Artes Decorativas. Y como colofón, una interesante plática en la Casa de la UPEC, donde participamos Lima, Tubal, Chang, Ángel Álvarez (exdirector de Vanguardia) y su familia, y un servidor, donde se habló durante un par de horas de múltiples temas: familias, trabajo político, periodismo, Revolución.

Por cierto, el joven primer secretario es una personalidad bien interesante: sencillo, inteligente, buen comunicador y con tremendo espíritu de superación: ¡ingresó al Partido como chofer!

Al otro día, bien temprano en la mañana, nos fuimos, junto a un nutrido grupo de agasajados, al imponente y querido Complejo Monumentario Ernesto Che Guevara. Realizamos allí, en un emotivo homenaje, el cambio de ofrenda floral al Guerrillero Heroico y su destacamento de refuerzo. Es un reconocimiento reservado solo a los colectivos que cumplen para con sus deberes con la Patria.  Pero ese momento es tan conmovedor que su descripción merece un trabajo especial. Se lo prometo.

El regreso fue igual que la ida pero demasiado pronto, me impidió disfrutar un poco más de la calidez de los villaclareños. Eso si, regresaron conmigo los fantasmas buenos que hicieron el periódico y los recuerdos de los amigos viejos y nuevos.

 
 

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Una familia humilde en la Cuba de 1951

La instantánea corresponde a la celebración de los quince de mi hermana Pitito (María Caridad o María, sencillamente). La imagen cuenta de la precariedad económica de la familia. La cumpleañera aparece entre nuestros padres y sus hermanos están en los extremos, Pepe a la izquierda con brazos en jarras, y yo a la derecha; tres tías, casi blancas y, sin casi, gordas y diabéticas; al fondo, Manolito, un muchacho vecino de al doblar; y los convidados de piedra en la pared, mi difunto abuelo materno, el veterano mambí Joseíto Soto (que no aceptó pensión monetaria vitalicia, afirmaba no haber peleado por dinero) y a su lado, el reloj de la familia. Y hasta ahí la relación de personajes.

Hoy quisiera hablarles solo de dos de ellos:

Mi padre, Peyo (Pedro) fue un ser de su época. Huérfano de niño lo crió un hermano mayor instruido pero bruto. Apenas pudo ir a la escuela pública hasta el cuarto grado pero leía a la perfección y escribía con maravillosa letra, compraba (un verdadero sacrificio) y escudriñaba el periódico cada día y la revista Bohemia los domingos, aunque fuese fiada. Oía en la radio todos los noticieros posibles. Fue antimachadista y antibatistiano a morirse, tanto que conspiró contra esas tiranías.

Tenía una sola palabra. Pagaba lo que debía pero había que devolverle lo que prestaba. Trabajador, respetaba y exigía que lo respetaran (decía que ningún hombre era más hombre que otro hombre, y no le despreciaba una pelea a nadie), fiestero, gustaba de las mujeres. Buen padre, buen hermano, buen hijo, buen amigo, hubiera podido ser abakuá. Sumía a todos en la más férrea disciplina hogareña.

Mi madre, Cesán (Cecilia) por supuesto, también fue de su tiempo. Llegó a terminar la secundaria y era maestra de piano, algo que además logró mi hermana. Tenía un magnifico oído y gustaba de tocar música tradicional y zarzuelas en el viejo piano hogareño comprado para Pitito. Cantaba muy bien. Fue de las primeras jóvenes incorporadas a un movimiento feminista en Cienfuegos.

Magnífica costurera, tenía buena reputación y clientela. En tiempos de bonanza su taller se amplió hasta cuatro operarias. Tenía que pedir permiso a mi padre para poder salir a la calle a comprar productos necesarios para sus obras. Estaba obligada a solicitarlo con un día de antelación, y podía serle negado. Puso fuerte el hombro junto a él para que tuviéramos asegurados comida y techo, escuela primaria pagada, ropa y zapatos, y crédito para habilitarnos -al inicio de cada curso escolar- en la librería La Nueva. Trabajó junto a mi padre en acciones conspirativas.

El triunfo de la Revolución trajo para ella una nueva vida: participó en la fundación de todas las organizaciones de masas y en las Milicias Nacionales Revolucionarias, comenzó a laborar en “la calle” pues fue jefa –por muchos años– del taller de costura del Centro Dramático de Cienfuegos. Integró las filas del Partido y se divorció.

 
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Publicado por en 19/07/2011 en Cuba, Familia, Revolución

 

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