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Nuestro periodismo en la Cuba de hoy

09 Jun

Por Pedro Hernández Soto

Asamblea de Balance de la Rama de la Prensa Escrita, previa al Noveno Congreso de los periodistas cubanos

Vista parcial de la Asamblea de Balance de la Rama de la Prensa Escrita, previa al Noveno Congreso de los periodistas cubanos, efectuada el 29 de mayo

Demos una rápida mirada en nuestro derredor y reconozcamos el escenario donde nos  desenvolvemos: compleja situación económica nacional; reforzamiento del bloqueo económico y financiero; experiencias de cambios en las estructuras de gobierno y administración; mayores atribuciones a provincias, municipios y barrios; distribución de tierras poco o nada explotadas; construcción y reparación masivas de viviendas; financiamientos y subvenciones populares con diferentes objetivos; autorización de nuevas licencias como trabajadores no estatales; permisos para la apertura de cooperativas no agropecuarias; reciente reforma migratoria; prioridad a fuertes inversiones para el desarrollo; incrementos de los recursos a disposición del turismo, mayor identificación de Gobierno y Partido con organizaciones religiosas y sociales… ¿Es bastante y suficiente?

En este complejo, dinámico y extenso acontecer los eventos importantes concitan el interés de todo aquel con objetivos personales afines. No fui ajeno al desarrollo de la asamblea de balance ramal de la prensa escrita previa al Noveno Congreso de los periodistas cubanos. Ocurrió el pasado 29 de junio.
Tampoco dejé de pensar después en lo que allí se discutió. Es cierto que llevamos años, tal vez demasiado tiempo, dándoles vueltas a muchos de los mismos temas, planteados con similares argumentos en anteriores cónclaves, pero ahora es más urgente que nunca obtener respuestas satisfactorias a los requerimientos actuales.

 Usted responde, yo pregunto. Patria y Humanidad. Luis Sexto

¿Gobernar para o gobernar con? Juventud Rebelde. Ricardo Ronquillo

Mi posición en este trabajo no será la ocupada, desde hace más de 50 años, como defensor de la plaza sitiada; ni de profesión subestimada y vilipendiada por otros nacionales; y mucho menos haré catarsis sobre las dificultades materiales que enfrentamos.

Me refiero a como gremio usar las manos, poner corazón e intelecto en el giro de timón que se está produciendo, participar en las correcciones de rumbo del país y llegar a una sociedad más equitativa, basada en el total respeto al derecho y las capacidades de cada uno.

Es claro que hay que trabajar más por la preservación de la cohesión y coherencia del proyecto nacional, mediante la inserción en las políticas en curso o potenciales de necesidades y demandas de la sociedad; del cumplimiento de las ya establecidas, todo a la luz de la legalidad socialista. Y en ello tenemos una gran participación los periodistas. Sobre la calidad de nuestra gestión cae el peso de la opinión pública, la misma en la que tanto influimos y aun más, decidimos.

Partiré del principio que la solución a nuestras principales insuficiencias en el cumplimiento de nuestra función está en nosotros mismos y que, acercándome a la validez del pensamiento del inolvidable doctor Julio García Luis, nadie se acercará a nosotros un día para decirnos: a partir de mañana no hagan más eso así, háganlo de esta manera. Y Santa Palabra, todo cambiará de la noche a la mañana.

Pesos y pesas: ¿matrimonio feliz? Trabajadores. Sundred Suzarte

Industria fosforera. Buscar la chispa. Bohemia. Vivian Bustamante

Acaso pueden oponerse o criticarnos los funcionarios que ocultan los incumplimientos del objeto social de su institución, desde los organismos de la Administración Central del Estado (OACE), recorriendo toda la escala de Gobierno o de Administración hasta una fábrica de subordinación municipal.

No importa que nos esquiven los que poseen la información. No son ni mucho menos decisivas alguna que otra voz-cero, o mejor dicho los supuestos voceros que poco o nada suelen decir, pues aunque algunos, los menos, se esfuerzan por tratar de desempeñar su papel, la mayoría, aun tal vez contra su voluntad personal, están obligados a callar, cuando quienes debieran autorizarlos a informar también se consideran no autorizados para hacerlo. La gran pregunta parece ser entonces: ¿quién está autorizado?
Muchas intervenciones en nuestra asamblea y otras en la base, insisten sobre los cambios imprescindibles en la prensa cubana, al unísono, o sistémicamente integrados con los que paulatinamente van teniendo lugar a escala de nuestra sociedad en cuanto a formas y estructuras de gobierno, a estilos y métodos de trabajo político e ideológico, a lo económico, lo social, en fin, en todos los aspectos de las transformaciones que están teniendo lugar en la Cuba de hoy.

Una casa que quedó a la deriva. Granma. G. Fonticoba Gener

CARBÓN VEGETAL. Exportaciones en el horno. Lázaro de Jesús

Nuestros máximos dirigentes, encabezados por Fidel y Raúl, se han referido con frecuencia y amplitud a esto. Relevantes colegas también lo han hecho con diferentes enfoques fundamentalmente en blogs y otros espacios de las redes. Aparte, el mosaico de interesantes y bien argumentadas opiniones dadas en la reunión ya citada -todas revolucionarias-, puso de manifiesto su importancia.
Concluí que, sin esperar por los cambios de mayor calado en un ámbito más amplio que también debe incluir a la prensa, no es poco lo que pudiera mejorarse con una actitud diferente -y sobre todo más generalizada que las honrosas excepciones- en la actitud profesional de nuestros propios reporteros, redactores y consejos de dirección, en el propio seno de los medios de difusión.

Nos debemos más audacia, persistencia y consagración para buscar y encontrar la información útil y elaborarla con riqueza de matices que despierten el interés y motiven la participación interactiva de los públicos conforme a los respectivos perfiles no podemos exigírselos a nadie más que a nosotros mismos.

Tan así es que apenas bastarían dos botones de muestra –quizá extremos- entre los ejemplos expuestos por los participantes en nuestro círculo de debate gremial, para ilustrar el conjunto del fenómeno:
Tras el devastador paso el pasado año del huracán Sandy por las provincias orientales, un reportero, conocedor de los actos de saqueo perpetrados en instalaciones hoteleras, se vio obligado a no calificarlos propiamente como tales sino que, buscando una denominación menos fuerte los enunció actos de vandalismo.
Entonces lo vio aun demasiado fuerte y pretendió suavizarlo para que pudieran pasar la censura editorial: lo modificó como actos de pillajes -indefinidos, indeterminados-, y sin dejar de destacar la fuerte reacción con apoyo mayoritario a esas conductas casuísticas. No obstante todas las previsiones, resultó demasiado para el editor, cuando pasó por delante de la vista entrenada para borrar contornos y matices inconvenientes, la calificación definitiva fue de “indisciplina social”.
Hace ya un tiempo un Órgano de la Administración Central del Estado creó una comisión para revisar los trabajos realizados por periodistas relativos a su esfera de actividad, antes que salieran a la luz pública.
Aparte de que no pudieron con la carga de trabajo –ni siguiera sospechaban el volumen y complejidad del material informativo que procesa un medio de prensa y mucho menos de todos: ¿debe un OACE revisar el trabajo de la prensa o la prensa revisar los cumplimientos del OACE, en interés de la función y obligación de informar con oportunidad y veracidad sobre la gestión pública, como parte del sistema democrático? Huelgan, creo, más comentarios.
La solución -en lo atinente a lo que debemos y podemos hacer sin esperar por nada ni por nadie sino a partir de reconocer nuestras propias potencialidades- está en estudiar más, investigar más, reflexionar más sobre los distintos asuntos de la sociedad actual. Tenemos que averiguar, confrontar, comentar, especular, señalar, criticar. Claro, que debemos hacerlo bien. ¿Quién puede prohibirnos que lo hagamos bien?
Eso sí, tengamos verdadero cuidado con los poquísimos temas delicados para con la seguridad y la economía del país. Hagamos más periodismo y menos propaganda. Tengamos medios oficiales, que serían imprescindibles y otros no, todos
revolucionarios, ocupando las respectivas posiciones que el mismo proceso nos exige.  Ganémonos un lugar en la vanguardia, en un solo destacamento, por los cambios, reporteros, redactores, diseñadores, fotógrafos, consejos de dirección y directores.
Se hace imprescindible una lucha contra nosotros mismos, rompamos los esquemas, arriesguémonos a equivocarnos, seamos fieles a nuestra profesión.

 
6 comentarios

Publicado por en 09/06/2013 en Cuba, cultura, Política, Revolución, Sociedad

 

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6 Respuestas a “Nuestro periodismo en la Cuba de hoy

  1. Víctor Manuel

    10/06/2013 at 10:04 PM

    Me parece atinado

     
  2. Ruthie V. Rosa

    12/06/2013 at 3:27 PM

    Objetivo No. 42. Enaltecer el carácter ético y productivo del trabajo como forma de contribución consciente a la sociedad, sobre la base de la vinculación de sus resultados con la satisfacción de las necesidades personales y familiares.

     
  3. Scot Hines

    12/06/2013 at 6:01 PM

    El Estado de Bienestar se basa en una idea peligrosa: que otro (el Estado) y no nosotros mismos es responsable por nuestro bienestar. Se trata de una invitación a delegar lo que nos hace adultos y libres: nuestra capacidad y deber de construir nuestras vidas. Esto tiene dos consecuencias trágicas: le da al Estado el poder de formar nuestras vidas y lleva a una sociedad donde la irresponsabilidad se generaliza. ¿Para qué trabajar o emprender cuando otro de todas maneras nos garantiza nuestro “derecho” al bienestar?

     
  4. isaac

    28/06/2013 at 7:28 AM

    When I originally commented I clicked the -Notify me when new comments are added- checkbox and now each time a comment is added I get four emails with the same comment. Is there any way you can remove me from that service? Thanks!

     
  5. irene

    29/06/2013 at 2:25 PM

    This really answered my problem, thank you!

     
  6. Hannah R. Browning

    07/07/2013 at 9:44 AM

    Hay que irnos todos con ese compromiso y se dice fácil, pero el lograrlo todos los días desde el seno familiar, desde los hogares, los padres de familia, el vencer la rutina que a veces nos come, el estar renovando todos los días ese compromiso, y estar mejorándonos constantemente para poder lograr incidir de manera positiva en nuestros hijos, en nuestra esposa o en nuestro esposo, en nuestros familiares, o en nuestros vecinos, es lo único que logra hacer a nuestro tejido social, a nuestra sociedad más fuerte ante tanta amenaza que tenemos allá afuera, ante tanto exceso de información, bombardeo que tenemos por todos lados que hace que la sociedad a veces se distraiga, se mueva de un lugar hacia otro, que se relajen los valores, la globalización, en fin, todo esto que está sucediendo en nuestro mundo, pero que podemos enfrentarlo si no olvidamos que los valores fundamentales del respeto, la inclusión, la tolerancia, el amor al prójimo, a nosotros mismos es la base fundamental para que podamos salir adelante.

     

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