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Archivos Mensuales: junio 2011

¿Dónde creen que están estos “cubanitos”?

La imagen del “ilustre” refugiado político, Carlos Martín Gómez, que logró escapar -según la disidencia y los medios confabulados – de la “feroz persecución comunista” en Cuba, se ha deshecho en plena Europa.

Este “político de altura” ha sido, junto a otros siete cubanos, expulsado del centro de acogida en Málaga, tras una bronca entre ellos y amenazar a funcionarios de la institución. Sus comportamientos han sido los de verdaderos facinerosos.  Lo que más llama la atención es que la noticia no la dio ningún medio de prensa cubano sino la mismísima agencia noticiosa EFE.

En el grupo ¿o pandilla? llegado a España tras el acuerdo entre el Gobierno cubano, la Iglesia católica cubana y el Ejecutivo español, se halla también su hermana, la ilustre ex “dama de blanco” Sabina Martín Gómez, quien valiente “luchaba contra el comunismo”, al desfilar por las calles más transitadas de La Habana, claro, protegida por las fuerzas de la Seguridad cubana para que el pueblo airado no fuera a lesionarlas, y beneficiada por jugoso estipendio de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba.

Bueno pues sencillamente Dirección General de Integración de los Inmigrantes ha decidido, a instancias de la petición de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), botarlos de su centro de acogida en Málaga.

¿Y qué han hecho para esa sanción? Pues casi nada , sencillamente comenzaron una huelga de hambre, utilizaron una posición de fuerza innecesaria sacando maletas y bultos al patio de uso común del centro; desarrollaron continuos conflictos entre ellos, llegando a la agresión física; obligaron a la institución a reajustar la ubicación para evitar mas bretes entre ellos.

Además, agredieron verbalmente a trabajadores del centro; introdujeron y consumieron alcohol en el recinto; exhibieron armas blancas en sus aparatosas refriegas; abandonaron cursos formativos impartidos por personal especializado para facilitar sus inserciones en la sociedad española; pusieron en Internet videos que violaban la privacidad de personas que conviven en el centro. Y por sobre todo, exigieron mayores beneficios que los otorgados por la institución.

Nada que se han comportado como verdaderos delincuentes. ¿Alguien lo pensó antes? ¿Alguien lo adivinó antes? ¿Alguien lo dijo antes? Allí fumé.

 
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Publicado por en 30/06/2011 en Cuba, Política, Revolución, Sociedad

 

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El béisbol en Cuba: ¿también está cambiando?

En reciente reunión del presidente de la Federación Cubana de Béisbol con la prensa  acreditada se hicieron varios anuncios  relacionados con los equipos que nos representarán en inminentes compromisos internacionales así como fijó el tercer domingo de cada noviembre como fecha de comienzo de nuestras venideras series nacionales.

El hecho no pasó inadvertido aunque hoy los cubanos están ocupados en los resultados de nuestro equipo en la fuerte Liga Mundial de Voleibol y la composición de los conjuntos que citábamos con anterioridad.

No pocos periodistas llamaron la atención en sus reportes sobre el desacostumbrado adelanto en informar acerca de las composiciones de los conjuntos así como de la designación de los directores y sus cuerpos técnicos. Estos fueron puntos muy criticados, durante los últimos años, en nuestros medios de prensa, por el “secretismo” que rodeaba a cada evento en el exterior, y, aún en nuestro patio.

En cuanto a las fechas de comienzo de la Serie Nacional de Béisbol cada año anterior, supimos con mucha antelación cuando eran los eventos más importantes para los cubanos: días de las madres y los padres, fiestas y duelos nacionales, congresos y otros eventos decisivos,  pero, el anuncio del inicio de nuestro más masivo espectáculo deportivo se guardaba casi para “el día antes del comienzo”.  Entonces, por su importancia, quiero llamar la atención acerca de la última decisión la Federación, es decir, el determinar el día exacto, cada año, de la voz de ¡Play ball!, en nuestros clásicos beisboleros.

Era algo imprescindible que se estableciera un punto de partida para un cronograma de trabajo que se repite de forma cíclica (y cuasi religiosa, dirían algunos) desde 1961, cuando erradicamos la pelota profesional en Cuba, hasta la fecha. Lo inconcebible es que no se hubiera hecho hasta ahora.

Este acuerdo es muy importante pues permitirá el planeamiento oportuno en todo el sistema del béisbol en Cuba, teniendo en cuenta la selección de directores, entrenadores, preparación de atletas, compra de materias primas de insumos, elaboración de uniformes, medios y útiles, preparación de los terrenos de juegos, planes de transportación, etc.

Tengamos en cuenta que a partir de este momento deben beneficiarse la sistematización anual del resto de las actividades de la especialidad: el comienzo de los torneos nacionales, provinciales y municipales de las diferentes categorías, con un programa balanceado y orgánico,  para el mejor aprovechamiento de los recursos y el disfrute del espectáculo.

Los seguidores del béisbol, directivos, entrenadores, funcionarios, atletas y aficionados, hemos asistido a variaciones, sustituciones y carencias de implementos deportivos, en muchas ocasiones por falta de previsión. Incluso, el país ha importado bates o madera para su fabricación, cuando tenemos bosques con magníficas y económicas especies maderables, y carpinteros que los confeccionan de excelencia.

En ese “cachumbambé” igual podemos decir de los frecuentes cambios de las marcas y características de las pelotas, adquisición de materias primas sin la calidad necesaria, todo lo cual ahora debe quedar atrás.

Las ventajas de esta disposición son claras. Los hechos parecen indicar, que en este momento tan importante para la Patria, el béisbol también está cambiando.

 
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Publicado por en 26/06/2011 en Béisbol, Cuba, Deporte, Sociedad

 

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Béisbol: Fiesta en Curazao. Sin comentarios

Sí, el modesto equipo de béisbol de Curazao venció hoy a Cuba, 6 por 4, en el XIII Torneo Interpuertos de Rotterdam, Holanda, en pleito efectuado en el estadio Neptunus Family stadium.

En el primer inning nos hicieron una por error de Saavedra, en el cuarto la segunda por doble y sencillo. Ripostamos en el quinto e hicimos tres por imparables de Rusney Castillo, Donal Duarte y Alexander Guerrero. En la parta baja ellos volvieron a la carga y fabricaron dos, explotando a Hinojosa y al relevista Yadir Rabí.

Empatamos por buena combinación de hit y robo de bases de Yoelvis Fiss con hit impulsador de Yasiel Puig, enel séptimo episodio. Pero Curazao marcó dos carreras sucias por error de Donald Duarte, en la parte baja, frente a nuestro segundo relevista, Ismel Jiménez y así quedo el partido.

El lanzador vencedor fue Gregory Gustina y el derrotado Jiménez. El mejor bateador de Curazao fue Levi Carolus, con dos sencillos y un doble en cuatro veces al bate (una impulsada y dos anotadas). Por Cuba se destacaron con el madero Rusney Castillo, William Saavedra y Yasiel Puig todos con par de hits en cinco veces al bate.

Sin comentarios. Mañana chocaremos con Taipei de China.

 
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Publicado por en 24/06/2011 en Béisbol, Cuba, Deporte

 

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Mi Escalinata de la Universidad de la Habana

Los sueños eran los de cualquier joven de aquellos años 50: ingresar en la Universidad, subir aquella escalinata de una mística propia e inigualable, confundirme con el resto de la masa juvenil, participar en sus luchas y protestas, y graduarme allí como todo un profesional para lograr una vida económica y social tranquila y reconocida. Mucho pesaba la justa reciprocidad a los desvelos de mis padres.

Terminé el bachillerato en ciencias, a mediados de 1956, allá en el edificio construido para el Instituto de Segunda Enseñanza de Cienfuegos, ubicado en la carretera que lleva al Cementerio Tomás Acea. En la Universidad de la Habana me concedieron la matrícula gratis por las buenas notas obtenidas y los bajos ingresos de mi familia. Algo curioso: todos los trámites los hice a través de correos (recepción y devolución de planillas y otros documentos, avisos por telegramas, etc.) que para mí funcionó a la perfección.

En los primeros días del noviembre inmediato vine para la capital. Traía $60.00 que mi padre había pedido prestados al dueño de la importante librería La Nueva, a la vez vecino nuestro en la natal calle Cuartel. Con esa pecunia debía solventar los gastos de mi estancia durante ese mes pues el plan consistía en que buscara un trabajo de oficina para poder mantenerme mientras estudiaba. Con ese objetivo durante mis dos meses de vacaciones aprendí mecanografía en el Instituto Privado Aguayo.

Me trajo, más que acompañarme, el después doctor en medicina Carlos Margolles, en aquel entonces activo miembro de la FEU. Él tuvo el encargo de mi padre de situarme en un lugar seguro, pues yo había sido detenido al participar en la huelga por la muerte del estudiante Rubén Batista. Aquel día casi me agarran con “las manos en la masa” después de la rotura de una vidriera del establecimiento de un comerciante que no quiso respetar el cierre decretado para todo el país.

La ubicación que Carlos me buscó no pudo ser mejor. La casa de huéspedes estaba a cuatro cuadras de la Universidad y el marido de la dueña era guardaespaldas de un alto dirigente de la CTK (así llamada por ser la CTC tomada a la fuerza por los sicarios batistianos). Invertidos en ese alquiler, y algunos otros gastos obligados, todos los fondos “volaron” rápido de mis flacos bolsillos.

En aquella morada los tiempos transcurrieron tranquilos e, incluso, los domingos iba el jefazo, elegante, vestido con trajes de seda italiana, cuello y corbata, para jugar al siló con nosotros y compartir una botella de coñac Felipe II que con generosidad aportaba. Claro, como siempre gana el banco, el poderoso vencía, nos dejaba “arrancados”. Entonces preguntaba cuanto había perdido cada uno y nos lo devolvía. Aquellas apuestas eran solo para entretenerse pues no le interesaban los centavos que pudiera limpiarnos.

Así las cosas el 11 o el 13 de noviembre empezaron las clases. Yo había matriculado Ingeniería Eléctrica quizá por el hecho que un primo la estudiaba y otros familiares (dos tíos y un tío político) trabajaban en la Compañía Cubana de Electricidad. Recibíamos clases en el anfiteatro de la hoy Facultad de Química, situada en Zapata casi esquina a G, y también, por supuesto, en la Facultad de Ingeniería Eléctrica, ya dentro del recinto universitario.

El 27 de noviembre de 1956 fue un día especial. Respondí a la convocatoria para la manifestación en conmemoración del asesinato de los estudiantes de Medicina. Era mi primera actividad de protesta, en La Habana, contra el régimen. Subí por la calle que lleva el nombre de la efeméride y utilicé la entrada lateral del recinto universitario. Cuando traspasé el lobby del Rectorado observé la calle San Lázaro despejada hasta Infanta, intersección esta que se divisaba como una gran mancha azul que ocupaba calles y aceras, y se extendía en profundidad. Nunca había visto tantos policías juntos.

Aquello no amedrentó a la tropa de jóvenes decididos a quienes, en inmensa mayoría, no conocía. Comenzamos cantando el Himno nacional. Le siguieron las consignas por la Revolución y contra la dictadura de Batista. No éramos tantos. Delante marchaban los más resueltos. Muchos vecinos nos acompañaban con su coro firme. Era algo desconocido por mí.

Todo sucedió muy rápido. No nos dejaron llegar a Infanta. Vino el choque con la policía, violento, feroz, brutal. Toletes de madera y potentes chorros de agua contra manos y piedras. Comenzaron a sonar los disparos y vino el repliegue hacia la Universidad. Subimos corriendo la Escalinata. Pasaron varias perseguidoras accionando sus ametralladoras contra nosotros. Un joven delgado, negro, cayó unos pasos delante de mí, herido en la cabeza. Sobraron los brazos solidarios para trasladarlo hasta el hospital Calixto García.

Me guarecí en el primer acceso que encontré. Fui hasta el techo del castillejo que en aquel entonces albergaba la librería Alma Máter. Allí encontré tres jóvenes de pie ante una hoguera y al lado varios cocteles Molotov. Se acercaron cuatro perseguidoras desde 23 y L para girar frente a la Universidad en busca de San Lázaro. Uno de los estudiantes, rubio, atlético, tomó una de aquellas botellas, la encendió y la lanzó a los autos. No impactó a ninguno pero su explosión en plena calle y la llamarada que produjo seguro impresionó a los tripulantes, al igual que a nosotros. Vino la orden de retirada. La cumplí por la misma vía que había llegado.

El día 30 se produjo el alzamiento de Santiago de Cuba, organizado y liderado por Frank País, preparatorio del desembarco del yate Granma. La Universidad fue clausurada. Debí regresara a Cienfuegos pues no había encontrado trabajo en aquella Habana tan compleja y desconocida. Cuando volví a subir la Escalinata lo hice tras el triunfo revolucionario, como dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios de la Universidad Central de Las Villas.

Ttranscurridos 55 años, no puedo aún sintetizar y describir las emociones que sentí, con mis apenas 17, cuando subí por primera vez la Escalinata. Era la conclusión de muchos sacrificios, propios y familiares, y el comienzo de otra etapa mucho más difícil. Miles de pensamientos, sueños y recuerdos se agolparon en mi mente y, en aquel ambiente de la entonces Plaza Cadenas, percibí un olor particular que aún no he olvidado. Me comprometí a estudiar y graduarme por encima de todas las dificultades y escollos.

Hoy, cuando tomo la calle Ronda o subo por San Lázaro, miro los brazos del Alma Máter en la cúspide de la Escalinata y recuerdo las veces que me acogieron. Ambas son hoy partícipes y testigos de juveniles conciertos o fogosos actos de reafirmación revolucionaria. Así sea por siempre.

 
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Publicado por en 22/06/2011 en Uncategorized

 

¿Aterrizó un OVNI en La Habana?

Era la pregunta que pudo hacerse quien sobrevolara bien alto la capital de Cuba, en la noche de ayer viernes 17 de junio de 2011, al ver en pleno municipio de El Cerro, un iluminado cuadrado de color verde brillante, con trazos simétricos, destino de seres que ingresaban presurosos.

El error era justificado pues a lo largo de casi dos años el estadio Latinoamericano había permanecido oscuro cada noche. Lo visto por ese virtual viajante se correspondía con la alegría de todos los cubanos al ver la inauguración del nuevo sistema de luces del más importante e histórico estadio de béisbol.

El béisbol es uno de los pocos acontecimientos que divide a los cubanos. ¡No se le ocurra abrir la gaveta sobre qué equipo es mejor o se merece el campeonato nacional! ¡Tampoco la referida a cual lanzador o jugador -ofensivo o defensivo- es el de mejor cualidades, el más destacado! ¡Entonces la discusión será eterna, en el más alto volumen posible y cada vez con  mayor cantidad de opinantes! Pero en cuanto a que el estadio Latinoamericano es algo propio, importante y único, no hay discusión.

Para todos los nacionales -no importa donde usted haya nacido o esté residiendo-, y no pocos extranjeros, al Latino (como comúnmente lo llamamos)  lo envuelve un hálito litúrgico, es salón de fiestas e iglesia, esquina de barrio y congreso, útil herramienta y monumento, destino y punto de partida.

Es la justa respuesta popular a ser testigo y protagonista de importantes hechos y eventos, enraizados hasta lo más profundo en la conciencia de este pueblo, trabajador y patriota. Algunos de esos momentos los relaciono a continuación:

– Fue construido para albergar la Liga Cubana Profesional de Béisbol, se  denominó Grand Stadium de La Habana y pasó a  ser el mayor de Cuba, superando a La Tropical, hoy nombrado Pedro Marrero en honor al obrero cervecero caído en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.

– El también bautizado por el pueblo como Stadium del Cerro costó cerca de dos millones de pesos  a un grupo de accionistas encabezados por Bobby Maduro (dueño del equipo Cienfuegos), reunidos como Compañía Operadora de Estadios S. A. Hubo atrasos en la apertura por problemas en su terminación (entre ellos el sistema de iluminación)  y en la fecha inaugural todavía faltaban por techar las graderías del ala izquierda y finalizar las gradas de sol.

– El estadio La Tropical, propiedad de la firma cervecera de igual nombre, se había inaugurado en 1929 para la celebración de los II Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, a efectuarse en 1930. Albergó la importante Liga Cubana de Béisbol hasta que ambos no resistieron la presencia de la nueva organización beisbolera, más fuerte, y en moderno estadio. Aquí se habían efectuado las vistosas Series Mundiales Amateurs de Béisbol desde 1939 hasta 1943.

– El  26 de octubre de 1946 ante unos 31 mil asistentes se efectuó el juego inaugural del Grand Stadium de La Habana entre los azules Alacranes del Almendares y los verdes Elefantes de Cienfuegos. Se asegura que era la mayor cantidad de cubanos reunidos hasta aquel momento. Los primeros ganaron nueve por uno; el lanzador victorioso fue Jorge Comellas y el derrotado el venezolano Alejandro Carrasquel.

– Aquel campeonato lo alcanzaron de modo inesperado los Azules al vencer en los tres últimos desafìos de la temporada a los Rojos del Habana. El bateador de mayor promedio ofensivo fue el habanero Lou Klein del Habana (330) mientras que  el jugador más destacado fue el almendarista Max Lanier, lanzador zurdo que pertenecía al San Louis Cardinales.

– El Stadium de La Habana albergó La Liga Cubana de Béisbol hasta 1961, cuando se suspendió el profesionalismo en Cuba. Duraba desde octubre hasta febrero y era campo de entrenamiento de los peloteros firmados por el sistema de Grandes Ligas (eufemísticamente nombrado Béisbol Organizado como si las demás ligas no lo fueran). Nunca vi un contrato con los atletas pero si puedo decir que conocí de la inasistencia de varios ya anunciados.

– Fue la sede en 1949, 1953 y 1957 de la Serie del Caribe (béisbol profesional), entre los campeones nacionales de Puerto Rico, Venezuela, México y por supuesto Cuba.

– En octubre de 1952 el camagüeyano Kid Gavilán, campeón mundial de boxeo,  derrotó allí al retador Billy Graham, en el primer combate por un título mundial televisado desde afuera de los Estados Unidos.

– El 26 de noviembre de 1956 se produjo, durante un juego transmitido por televisión a todo el país, una pacífica protesta estudiantil encabezada por el entonces presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, y posterior mártir de la Revolución, José Antonio Echeverría, en contra del régimen de terror impuesto por el gobierno de Fulgencio Batista. La brutal golpiza de los agentes de las fuerzas represivas de la dictadura a los indefensos jóvenes fue vista por los cubanos.

– El estadio de El Cerro  fue escenario de destacados espectáculos musicales como los conciertos brindados por el cubano Ernesto Lecuona y el norteamericano Wladziu Valentino Liberace. También hubo corridas de toros, demostraciones de autos, patinaje sobre hielo y juegos de fútbol internacional. En 1960, durante la clausura del Congreso Latinoamericano de Juventudes, el primer ministro de Cuba, Fidel Castro Ruz, anunció la nacionalización de una serie de propiedades extranjeras y capitalistas

– En su terreno se jugó, el 14 de enero de 1962, el encuentro inaugural de la Primera Serie Nacional de Béisbol, dirimido entre los equipos Orientales y Azucareros. Y, hasta la fecha, es el terreno cubano que más juegos de series nacionales ha abrigado.

– En 1971, previo a la Serie Mundial de ese año a celebrarse en Cuba, el estadio –con el auxilio del trabajo de miles de voluntarios- fue cerrado circularmente con graderías, elevando capacidad hasta 55 mil espectadores.  A partir de entonces dispone de  todas las facilidades para fanáticos y atletas, incluyendo áreas de entrenamiento. Sus dimensiones son de 400 pies por el jardín central y 325 por los jardines izquierdo y derecho, resguardados por una cerca de unos 4 m de altura.

– El estadio Latinoamericano ha servido de sede a Campeonatos Mundiales, Juegos Panamericanos, Copas Intercontinentales y torneos Mundiales juveniles y de diferentes categorías. El 28 de marzo de 1999 fue sede del primer partido jugado después del triunfo de la Revolución cubana, entre un equipo de béisbol de las Grandes Ligas (Orioles de Baltimore), y el equipo nacional de Cuba.

– Es el único estadio –que yo conozca- que exhibe la estatua de un fanático. Me refiero a la que aparece en la gradería, sobre el dogout de tercera (“cueva” de los Industriales), del fallecido “Armandito el Tintorero”, el más entusiasta seguidor de los Azules y animador diario de sus apariciones hasta su desaparición física. El creador fue el escultor cubano Jose Villa Soberón,.

– Ayer, después de dos años, volvieron a encenderse luces en el Estadio Latinoamericano y pudimos disfrutar de un juego entre una selección y una preselección, conformadas por muchos de los mejores peloteros cubanos del momento, aunque la lluvia impidió su terminación.

Por último debo decirles algo para mí muy importante: al Latino le debo el descubrimiento de mis insuficiencias visuales. Les explico que en 1950 mi padre me trajo a La Habana, alquilado por unos amigos, a ver un juego del Cienfuegos versus el Habana. Avanzado el encuentro le pregunté ¿Cómo está el juego, Pello? Rápido me contestó: “Mira la pizarra, Pedrito”. Y a mi contesta de: “yo no veo los números”, decidió llevarme lo más pronto posible a la consulta del doctor Rodolfito Hernández, allá en la natal Perla del Sur.

Buenos, ya solo nos queda asistir al Estadio Latinoamericano de La Habana, a disfrutar del alumbrado que catalogan como el mejor de Cuba hoy. Cualquier noche juegan de nuevo. Allá nos vemos…

 

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El central Corazón de Jesús. Cuba, año 1958

Fue una mañana a principios de enero cuando el carro de alquiler me dejó en el paseo de la carretera de Santa Clara a Sagua la Grande, justo al comienzo de un polvoriento camino, que zigzagueante se internaba en un mar de verdes cañas. Me dijeron: “por ahí se va al central Corazón de Jesús” y decidí  esperar – no había otra opción- protegido del sol bajo un precario colgadizo de unas yaguas sostenidas por cuatro palos.

Al poco rato un viejo camión Chevrolet (lo recuerdo como si fuera hoy), de cabina pintada de verde –con múltiples abolladuras- y cama repleta de cañas limpias y bien ahiladas, respondió a mis señas, detuvo su marcha y accedió a llevarme, parado sobre el estribo y agarrado de la puerta,  mientras mi maleta reposaba en las piernas de unos de los ocupantes del asiento delantero.

Era una vía estrecha y en mal estado. En las ocasiones que nos cruzábamos con un carro transitando en sentido contrario, yo obedecía al chofer que me decía: “entra la cabeza”, entonces, en ocasiones, sentía las rozaduras de las hojas de caña en la espalda.

Aquellas dificultades no me interesaban. A mis diez y ocho años me sentía orondo en aquel lugar desconocido.  Quince días antes había estado en la Habana, en las oficinas de la Compañía Fiscalizadora Caimital, ubicadas en un moderno edificio de la Avenida de las Misiones (ahora se encuentra allí el Poder Popular provincial), donde me habían contratado como inspector de los colonos para trabajar en la zafra azucarera que recién comenzaba. En dos días me explicaron mis funciones incluyendo la frecuencia de información y como llenar el modelaje correspondiente.

El sistema de aviso funcionó. Hacía 72 horas había recibido en Cienfuegos, un telegrama  con un texto que decía algo como: Preséntese tal día a tal hora en el local de los colonos del central Corazón de Jesús. Le esperará Fulano de Tal para que usted se haga cargo de nuestra inspección técnica allí.

Es claro, yo no sabía donde estaba ubicada tal fábrica y tuve que organizar todo el viaje, viajar a Santa Clara en un ómnibus de la línea Flecha de Oro y después coger algo hacia Sagua. La única inversión obligada fue la compra de una maleta de cartón carmelita, ridícula imitación a piel de cocodrilo, en una tienda de la calle Castillo.

El Corazón de Jesús estaba enclavado en el municipio de Sitiecito, en la nación ocupaba el puesto 121 en capacidad de producción (180 mil @ por día) y era propiedad, junto al Ulacia S.A., de Francisco Blanco Calás. Esta familia pertenecía a la más rancia sacarocracia cubana pues poseía además los centrales América, Alto Cedro, Ramona, San Ramón y Carolina. Él era accionista de las compañías Azucarera Atlántica del Golfo (el más grande consorcio azucarero norteamericano), Azucarera Mariel S.A. y de la Azucarera Central Ramona S.A. Era un importante corredor de azúcar y destacado especulador, y amigo íntimo de Fulgencio Batista y Zaldívar quien, según algunos autores, tenía fuertes intereses en sus dos centrales.

Al entrar al batey el camino transcurría por el costado del ingenio y, a su vera, estaban en orden una buena casa, la fonda –espaciosa, ventilada, limpia, de madera y tejas, pintada de amarillo y con amplios portales- y al fin la oficina de la Asociación de Colonos, lista para múltiples usos y, más que todo, lugar de espera para no pocos aspirantes a la oportunidad de “coger un tajo” en cualquier corte de caña por la ausencia o enfermedad de algún habitual. Otra causa para el llamado temporal de los desempleados era la aparición de algún incendio de grandes proporciones en las plantaciones. Los enlistados para suplir en el ingenio hacían sus esperas cada día en el basculador de los carros o en el piso de azúcar (lugar donde se encontraban las centrífugas y las máquinas para el ensacado del azúcar).

El recibimiento fue bueno. Me esperaba el presidente de los colonos y con él fui a la administración, al laboratorio del central, a la casa-hospedaje, y la fonda.

Como era el único inspector mi vida fue muy agitada: debía controlar una industria de producción continua, pagadora a mis contratadores por el rendimiento de sus cañas. En la concreta era fiscalizar, durante tres turnos cada día,  peso y calidad de la caña molida, los pesos y polarizaciones del azúcar y la miel final obtenidas; y calcular parámetros semejantes en el bagazo y la cachaza.

Todo eso lo compensaba el otro plato de la balanza. Allí estaba el salario: ¿saben ustedes lo que representaban $165.00 mensual y los gastos de alimentación, alojamiento y transporte? Aunque aquel Potosí solo me duró setenta días pude ahorrar para pagar la matrícula -y comprar los libros- del segundo año de la Escuela de Maestros Químicos Azucareros, de Cienfuegos (de la cual escribiré en próxima oportunidad) pero antes mejoré mi ajuar. Mi padre no me aceptó que contribuyera a la economía hogareña.

En la estructura del central el máximo era el administrador, le seguían en orden el jefe de maquinaria, el de fabricación y por último el del laboratorio. Sus objetivos industriales debían ser coincidentes pero por puros intereses personales sus actuaciones no siempre iban en esa dirección. Discutían entre ellos muy a menudo e incluso llegué a ver, en una ocasión, irse a las manos los jefes de fabricación y maquinaria.

No existía mucho tiempo para distracciones, que, por lo demás no eran muchas: el dominó, las tertulias en cualquier lugar tranquilo, la lectura en la casa y una vez a la semana ir a Sagua la Grande, a los bares y prostíbulos. También nos poníamos a oír o tocar rumba en el barracón de los macheteros, que estaba algo detrás de la fonda.

Sobre esto último debo precisarles que entonces no juzgué aquel albergue pero hoy lo califico como tremendo: una nave para amarrar hamacas donde dormir y sentarse, pertenencias personales guardadas en sacos de yute o cajones de cartón, dos excusados para casi treinta hombres, la cocina rústica no alcanzaba y muchos debían cocinarse la comida en el suelo, dentro en un calderito propio sobre tres piedras; y todos llevar esos comestibles al día siguiente para el corte y allí  comerlos fríos, pasadas entre 10 o 14 horas de su cocción y sin ninguna medida de conservación.

Fue bastante para mí al debutar en la vida laboral.

Con la intervención revolucionaria este ingenio tomo el nombre de la madre de los Maceo,  Mariana Grajales, y después, no hace tanto, por los bajos precios del azúcar se decidió cerrarlo pues siempre fue un ingenio de poca molida y bajos rendimientos.

Pero quiero que sepan que de Corazón de Jesús guardo recuerdos imborrables para toda mi vida, tal cual el olor de las melazas y los jugos de caña, el fuerte sonido de los choques de las muelas de enganche de los carros de caña rompiendo el silencio de las madrugadas tibias, el urgente pitazo del central llamando al trabajo y la fraternidad del saludo de las manos obreras o campesinas.

 
 

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¡Cuatro operaciones cardiovasculares en año y medio!

Como lo más importante es el milagro mismo, no los santos,  testigos  ni el santuario donde se produjo, por eso acepté la petición del paciente de omitir nombres de los participantes en esta historia que les contaré hoy. Les aseguro que es real en su totalidad, la conocí paso a paso.

Mi amigo, lo llamaremos R, de unos 63 años, sintió a fines de 2009 una considerable disminución de fuerza motora y un cansancio desacostumbrado. Tras riguroso examen médico -en secreto, como a menudo hacemos algunos, para no alarmar a familiares y compañeros-, conoció que padecía de un peligroso coágulo de sangre en una bifurcación de la aorta, cercana al corazón.

Como la anglioplastia no pudo alcanzar al amenazante cúmulo, nuestro camarada fue llevado al quirófano, cortado su esternón en dos partes a lo largo de su eje longitudinal, abierto el tórax y “bypasseada” la aorta.

A los pocos días conversé con él en su casa. Durante toda la plática sostuvo sobre su pecho, con ambas manos, una pequeña almohada. Ya, a punto de retirarme, la curiosidad me obligó a preguntar y conocí que era para mantener todo el tiempo los brazos cerrados pues, si los abría, corría el peligro de lastimar el esternón y su cicatrización. De allí me fui contento, tranquilo. Pero tan solo había terminado la primera peripecia.

Pasó poco más de una semana para la nueva alarma: comenzaron unas fiebres altas que obligaron de nuevo a su hospitalización. El diagnóstico estuvo rápido: severa infección en el tórax, en la región trasera del esternón. Una bacteria había contaminado toda la zona, de manera tal que hasta destruyó el alambre que unía los dos segmentos. De vuelta al salón de operaciones –segunda vez en menos de tres meses- para raspar estos fragmentos por su cara interior, y de nuevo barrenarlos y “coserlos”. Le insertaron un sistema de ducha para enjuagar con antibióticos el interior del tórax y con drenaje por una salida implantada en el abdomen. Otros anticuerpos suministrados de modo endovenoso completaron el tratamiento que resolvió el problema. Concluyó el segundo round.

 R. se recuperó, comenzó a trabajar como antes y hasta compartimos en alguna que otra fiesta.  Así se mantuvo durante casi un año cuando comenzó a sufrir de dolores en las piernas, cada vez más intensos, acompañados por fiebres que también fueron en aumento.  Volvió al centro hospitalario. La situación era compleja, los recursos radiológicos anunciaron una zona opaca cercana al corazón. Se pensó en una infección. La utilización de los más modernos antibióticos no resolvió el problema. Hubo que  volver al quirófano ahora para abrir y conocer que había un derrame de sangre, que fue extraída. Se observó, en la parte posterior de una sección de la aorta, un aneurisma que era necesario erradicar y sustituir la deteriorada arteria por un implante. Fin del tercer momento.

Se preparó al paciente con urgencia para una nueva intervención pues se calculó que podía morir en días. No obstante, las probabilidades de supervivencia a la cirugía eran muy bajas. Es un hombre de 63 años que debía soportar una cuarta  anestesia general en menos de año y medio.

La nueva operación duró cuatro horas y media. Participó un nutrido grupo multidisciplinario de especialistas.

No pudo hacerse lo acostumbrado, introducir la prótesis por dentro, a lo largo de la arteria, pues el mal estado de esta última solo permitió extraerla y botarla. Se sustituyó desde un punto cercano al corazón  hasta las piernas con los consiguientes cortes para suturar los empates.

Al parecer, el reinicio de la circulación corpórea alteró procesos: los peristálticos de los intestinos y también se desequilibraron otros. Esto le produjo diarreas y trastornó el contenido de sodio y potasio en sangre. Hubo que estabilizarlo todo esto en muy poco tiempo. Fin del cuarto episodio.

Anoche, junto a mis hijos, lo visité en su casa. Conversamos bastante rato. Conserva su afable carácter, tiene buen color y, como siempre, un magnífico ánimo. Ríe cuando comenta de su última operación. Le hablé de publicar esta historia y me ofreció tratar de buscar –como buen economista que es- el valor aproximado de su intervención quirúrgica.

Estoy asombrado por la existencia de estas dos voluntades: la lógica por vivir de mi amigo y la de servicio de nuestras ciencias médicas. Es verdad lo que afirmó mi hija al regreso a casa: La suerte de R es vivir en Cuba.

 
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Publicado por en 11/06/2011 en Amistad, Cuba, Salud, Sociedad

 

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