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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (V): DE CAMPESINOS Y COOPERATIVAS

27 Jun
Por Luis Machado Ordetx
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El Comandante en Jefe durante recorridos por diferentes regiones hizo precisiones a los proyectos agropecuarios para consolidar el empuje económico del país. (Foto: Archivo de Bohemia, 1966).

“¡A Fidel no se le escapa una!”, dijo Benito Villa González, caficultor que conoce a la perfección las entrañas secretas del lomerío villaclareño. Durante siete ocasiones diferentes tuvo la posibilidad de escuchar en escenarios privados y públicos los criterios que el Comandante en Jefe expuso sobre el desarrollo agropecuario del país. Muchas de esos instantes permanecen prendidas en los recuerdos de un campesino de pico fino en contar historias.

El sábado 17 y el domingo 18 de mayo de 1986 el cosechero de Aguas Clara acudió en calidad de delegado al Segundo Encuentro Nacional de Cooperativas Agropecuarias. Antes, también figuró en la nómina de la primera de las reuniones. Sin embargo, ahora desconocía que el dirigente cubano participaría en una de las sesiones plenarias. De antemano solicitó intervenir. Viene aquí su preocupación. A cualquier le ocurre: “¡Ahora Fidel aquí!”, alguien le espetó, y dijo en soliloquio: “puedo meter la pata, o ponerme nervioso, y hasta cometer una barbaridad. Bueno, no será la única ocasión que eso suceda”, confesó.

—¿Qué hizo usted?, pregunté a Villa González, ahora con 85 años y usufructuario de la finca Estelí, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Roberto Fleites, en la Sabana de Santa Clara .

— ¡Hombre, pues hablar y responder con la sinceridad y la humildad que me caracteriza! Comencé a ejemplificar con mi Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) la 17 de mayo, alejada a 6 kilómetros, loma arriba, en Jibacoa . Precisé aspectos de las producciones de café, frutales y ganadería. También de cómo arreglábamos entre todos los caminos y de las viviendas en construcción con esfuerzo colectivo. Todos deseábamos la estabilidad de la fuerza de trabajo campesina. Puntualicé cómo allí vivíamos en familia, en cordialidad. Hasta comenté de la vinculación al área, con siete fincas que garantizaban el “altoconsumo” y entregaban acopios de viandas, granos y hortalizas al comedor.

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Benito Villa González, con 85 años, rememora fragmentos de encuentro histórico con Fidel. (Foto: Luis Machado Ordetx).

“Entonces Fidel dijo: ¡No, no Benito, es autoconsumo! Ojalá tuviéramos autoconsumo para no pasar necesidades de alimentos. Aquello me dio tremendo encogimiento. Quería meterme en un vara en tierra y que nadie me viera, pero proseguí adelante con el relato, y el bochorno momentáneo se desapareció. Imagínese usted que solo pude llegar hasta el sexto grado en la escuela, y todos los conocimientos que tengo son prácticos, de campos. Claro, eso no lo dije allí. Después las preguntas del Jefe de la Revolución vinieron una detrás de la otra, y siempre afirmando con la cabeza, o hacía un gesto y se dirigía al plenario para dejar una valoración del tema”.

—¿Qué indagaba?

—De todo. La cooperativa nuestra se creó en 1978. Nosotros desde hacía más de 40 años residíamos allá cuando nuestro padre decidió abandonar la zona del Saúco, cerca de la Loma Sombrero, para arrendar una finca al latifundista de apellido Berenguer. Luego me quedé en el lugar y formé una familia, siempre en labores agropecuarias y de cultivo de cafetales.

“Al principio la organización campesina, con pocos miembros, solo obtenía 30 quintales por caballería, precisé a Fidel. Ahora, a pesar de los estragos del ciclón Kate, de noviembre de 1985, le dije, logramos 77, un buen rendimiento, y no pararemos hasta los 100, indiqué. ¿Cómo lo obtuvieron?, preguntó el Comandante en Jefe. Le expuse con trabajo y normas técnicas, y sistemática regulación de sombra, poda y limpia, así como fertilización y riego de herbicidas para contrarrestar las plagas y enfermedades. ¿Qué área tienen?, me interrogó. Enseguida le dije: solo 7,25 caballerías de café, y la mitad en plena producción con unas 30 000 plantas de promedio. Señaló que debíamos crecer más, y entonces recalqué que había ganadería vacuna en explotación, así como frutales y viandas. Declaró que nada impedía crecer en población y sellaje de los campos. Las preguntas de Fidel siempre tenían una relación, y todas las respondía.

“Entonces se interesó en la forma existente para ampliar el movimiento de Cooperativas de Avanzada y prosperar en los acopios y entregas al Estado. Recalqué que solo era posible con trabajo técnico, y esa era la formula única. ¡Fíjese usted lo que digo que años después llegamos a cosechar unas 26 000 latas, luego despulpadas representaron unas 51,2 toneladas de grano oro!”.

En las lomas aledañas a la capital provincial, sitio de la finca de cafetos y frutos menores que atiende ahora Villa González -luego de desmontar extensiones de marabú-, comparto aquellas lecturas que me llevan a Fidel en sus recorridos por el principal sistema orográfico del centro del país: la región del Escambray. Explico la historia que recoge Fidel Castro habla a Sucesos , amplio reportaje-entrevista que concede el líder revolucionario al periodista Mario Menéndez Rodríguez , director de la publicación de México.

Cerca de Topes de Collantes, el Comandante en Jefe tomó un fusil automático FAL, y probó su puntería en disparos de ráfagas. El blanco estaba a más de 450 metros. Apenas cesó la descarga, afirmó Menéndez Rodríguez, llegó un jinete para advertir que allí no se podía disparar. Rápido aparecieron otros milicianos de la serranía. Fidel al escuchar al que dirigía el grupo, se disculpó por la imprudencia, y fue rumbo a un cafetal cercano. Todos se congregaron en el lugar, y entonces él hablo del aumento de la producción y las cosechas a partir de 1970, según entraran fertilizantes y se efectuaran buenas labores culturales a las plantaciones.

Villa González, con el auxilio de un bastón fabricado de un gajo de marabú, muestra parte de su finca, y confiesa que es otro orgullo por el campo. Vuelvo a la historia de Menéndez Rodríguez, recogida por Bohemia, del 23 de octubre de 1965. Allí Fidel subrayó que los hombres y mujeres del lomerío villareño “deben prestar atención fundamental al café y al ganado, además de los cultivos para el abastecimiento de la zona “. Exhortó a proteger la variedad de plátano autóctono, morado o degenerado, propios de las montañas con la finalidad de extenderlos a otras regiones del país.

—Eso señalé, con otras palabras, en aquella reunión de cooperativistas. Hasta apunté que el problema del país era producir sin mirar cómo se vivía mejor, y que cada cual diera lo máximo posible de sus esfuerzos. Era el concepto de la vinculación por área que aprobamos en la cooperativa. El método llamó la atención de Fidel “.

—Seguro que el intercambio de puntos de vista, o de preguntas y respuestas, no quedó ahí. ¿Cierto?

—¡No qué va!, hasta el Comandante en Jefe declaró: “miren ustedes, como señalado a los dirigentes empresariales que estaban allí, ¡un campesino sin agendas ni papeles afirma con exactitud las particularidades de su cooperativa y de los cafetales!”. Yo que soy moreno se me salieron los colores de la cara, subraya en su jovialidad el activo guajiro de la serranía.

“Hablé de muchos temas, incluso de la lucha contra bandidos , de las milicias, pero Fidel quería seguir con los aspectos técnicos en los cafetales. Le comento del camino hecho por los asociados a pico y pala, y hasta de las peripecias de los arrieros para trasladar por las pronunciadas pendientes las mercancías desde y hacia el asentamiento. Todo se dificultada con el arribo de las lluvias.

“En un momento Fidel preguntó por dónde se entra a la Cooperativa. Hizo referencia a un naranjal, pero digo que no, eso está en La Felicidad, y explico que lo nuestro radicaba cerca de un guayabalito, a la izquierda después que se sale de Jibacoa rumbo a Topes de Collantes. Ahí estaba la entrada del camino. ¡Sí, ya sé!, aclaró. Nosotros sabemos que usted conoce bien la zona. Por allá lo hemos visto, le argumenté.

“Luego precisó: ¿qué necesitan?, y alego, un camión Zil porque la loma es alta. Responde: ¿pueden resolver con una camioneta?, y digo que no. Vuelve el Comandante en Jefe a precisar: ¡con un seis ruedas! Ya sentía cierta vergüenza, y apunto que no. Entonces se quedó pensando unos minutos. Nada dijo, solo hizo apuntes. Al mes teníamos el aviso del arribo del camión. Después mejoraron las construcciones de viviendas para consolidar la fuerza de trabajo, y también llegó un jeep para uso colectivo”. “Fidel es un hombre que no falla “, argumentó Villa González.

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Desde noviembre de 1965, ante cosecheros orientales el Comandante en Jefe exhortó a los residentes en las serranías cubanas la necesidad de elevar la tecnificación del cultivo, la exigencia y hasta el trato familiar en las atenciones sistemáticas con los cafetos.

Similar pronunciamiento hizo durante el octavo aniversario del Combate del Uvero. Alertó que: “debemos tener conciencia de lo que son las montañas, y debemos cuidar las montañas, que debemos tratar de repoblar todas las zonas de las montañas que puedan servir para madera, y que debemos tratar de cultivar la tierra con técnica, y ya que creció el cafetillo, lo que debemos procurar es que el cafetal dé la mayor cantidad posible de café, lo que debemos procurar es ampliar la técnica al cafetal, aplicar la fertilización al cafetal, la poda a los cafetales, y la atención debida a los cafetales”.

Puntualidades al reclamo hicieron los villareños congregados entre el sábado 23 y domingo 24 de septiembre de 1967: aconteció una gigantesca movilización de trabajo voluntario en el Escambray. Participaron 162 mil 044 hombres y mujeres en siembras de cafetos de la variedad Caturra. Venían de las 6 regiones de la provincia. De acuerdo con estadísticas, se consideró entonces la mayor concurrencia nacional en jornadas productivas.

Estudiantes, movilizados y campesinos días antes realizaron chapeas y hoyaduras en zonas de San Francisco, Hanabanilla, La Sierrita, Valle Blanco, Seibabo, Angostura, Vega Grande, Yaguanabo, Pico Blanco, La Felicidad y Purial. Unos 6 millones de posturas se extrajeron de los 20 viveros de la serranía para completar 100 caballerías del cultivo.

Al término de la jornada Arnaldo Milián Castro, primer secretario del Partido en Las Villas, precisó que al año siguiente incluirían las siembras de otras 200 caballerías de cafetos, así como 400 de frutales y unos 50 millones de posturas de árboles maderables.

Eran los propósitos de Fidel para transformar las montañas, principalmente, en sus cultivos fundamentales, esos que en la actualidad requieren de una recuperación estable.

Primacía Veguera

El rescate de la tradición tabacalera, según las directivas de trabajo político-administrativo, también fueron diseñadas por Fidel para el desarrollo agropecuario del Escambray. Todo quedó sustentado a partir del recorrido a esa región, efectuado entre el jueves 10 y el sábado 12 de diciembre de 1970, cuando orientó ampliar siembras en Mabujina, rumbo a Agabama, el Hoyo de Manicaragua y Minas Bajas.

En septiembre de 1966, durante la clausura del XII Congreso de la CTC Revolucionaria, Fidel alertó que la agricultura tiene siempre “una disposición combativa, en estado de alerta número uno, con todo listo: la semilla, los equipos, las maquinarias “. La región del Escambray, como otras del país, transformaba su fisonomía: surgían caminos, comunidades ganaderas, centros de instrucción y cultura, y el tabaco, el café o los recursos forestales debían transitar al unísono de los cambios económicos-sociales que acontecían.

Dos años después, por prolongadas sequías, hubo descensos en las cosechas tabacaleras villareñas. A partir de entonces, por disponibilidades económicas, se entregaron recursos materiales (tractores, implementos agrícolas, fertilizantes, pesticidas y aumentó la construcción de aposentos), con el propósito de desarrollar los vegueríos. Nada representaban esos insumos sin la sistemática mano del hombre.

En julio de 1971, según informaciones de Vanguardia, la provincia tenía 15 presas en ejecución. Sin contar los grandes embalses de Hanabanilla, Agabama-Gramal, Minerva, Alacranes, Zaza y Arroyo Grande II en fases constructivas, el 73,3% de las obras estaban en el Escambray. Ese territorio, con 12 municipalidades, beneficiaría a unas 102 820 hectáreas en siembras de tabaco, viandas y pastos en Seibabo, El Mango, Avilés, Potrerillo, Mataguá, Navarro, Paso Bonito, La Moza, Manicaragua y Manaquita. Después vendría en Manicaragua, asentamiento económico de la región, la radicada en El Negrito, con capacidad para 4 millones 500 mil m3 destinados, en lo fundamental, al fomento de vegueríos. Otras 420 pequeñas presas estaban en estudios. Tendrían similares fines para el Escambray, así como en la cercana de Sancti Spíritus y Caibarién  . Por agua nada se detendría, según la concepción de Fidel.

A partir de 1973 ya los villareños plantaban 1501 caballerías de tabaco en predios de Sancti Spíritus y el Escambray. El compromiso: rebasar los 251 553 quintales acopiados en el período precedente.

Hacía falta fuerza de trabajo estable para impulsar los proyectos de fomento de vegueríos. El domingo 9 de diciembre de 1973, el Comandante en Jefe, durante un periplo por la serranía villareña, arribó al Instituto Pre Universitario en el Campo Tony Santiago, en Manicaragua. El centro albergaba a 500 estudiantes de Santa Clara, Placetas, Cienfuegos, Sancti Spíritus y Remedios. Fue el primero de su tipo en la provincia. Los alumnos atenderían 40 caballerías de cultivo, desarrollo y cosecha de la aromática hoja. Fidel habló de la importancia económica del tabaco, un renglón de empuje para el país.

A partir de entonces Las Villas se llenó de secundarias y preuniversitarios en el campo. Ya esas instalaciones no existen, pero abundaron en muchas zonas para apuntalar el esplendor de vegueríos, viandas, granos, frutas y vegetales, en una combinación práctica de estudio-trabajo.

Todavía hay muchas deudas con aquellos sueños que empujó Fidel, sobre todo cuando dijo durante el Primer Encuentro Nacional de Presidentes de Cooperativas de Créditos y Servicios, en junio de 1998 que: “vamos a avanzar con toda la fuerza, en todos los frentes, en cada uno de los frentes de la agricultura, tan necesarios, tan importantes; y no será para las calendas griegas, siguiendo aquel refrán de vísteme despacio que estoy apurado, porque estamos apurados en algunas cosas, pero hay que hacerlo bien, sobre bases sólidas, y analizar todas las experiencias “. El tabaco y el café, por supuesto, reclaman de esos alientos. (Ver discurso completo )

Trabajos relacionados:
Fidel en El Escambray (I): Génesis de una Fundación
Fidel en El Escambray (II): La Lucha contra Bandidos
Fidel en El Escambray (III): Pueblos, carreteras y presas
Fidel en El Escambray (IV): Criterios de una Mujer
Fidel en El Escambray (VI): Arte desde y para el pueblo

 

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5 Respuestas a “FIDEL EN EL ESCAMBRAY (V): DE CAMPESINOS Y COOPERATIVAS

  1. luis

    27/06/2017 at 1:16 PM

    Excelente ha quedado el montaje de los reportajes. Gracias por ampliar el conocimiento y la difusión de la historia. Otras llegarán en cualquier momento y colocarás anécdotas insospechadas de aquel magnífico tránsito de un químico por el periodismo, y también a la inversa, el periodismo desde la óptica del químico que explica e interpreta la realidad insospechada e inmediata de su entorno. Un abrazo.

     

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