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Resistencia y repercusión del fusilamiento en 1871 de los estudiantes de Medicina

24 Nov

La Habana, tomada militarmente por el Cuerpo de Voluntarios, asistió afligida y desconcertada al inminente fusilamiento de ocho jóvenes estudiantes de Medicina. Solo unos pocos miembros de plantes abakuá sacrificaron sus vidas en ataques a las fuerzas españolas

Por Pedro Hernández Soto

 

Desfile de estudiantes un 27 de novimebre

Desfile de universitarios cubanos un 27 de noviembre en homenaje a los estudiantes fusilados en 1871

Asevera el intelectual, investigador e historiador Tato Quiñones que mucho después Don Manuel Sanguily  afirmaría:
“Aquel fue un momento único, fue aquella una hora terrible y tristísima: una ciudad  muy grande y populosa, permaneció muda, se mantuvo quieta, y en tanto un puñado de hombres pudo regocijarse en la matanza… ¡Culpable fue la ciudad abyecta y ruin, frente a aquel montón de forajidos!…”

No fue totalmente así. En una ciudad ocupada por las fuerzas colonialistas, en medio de la más absoluta embriaguez despótica, ocurrieron hechos que han enriquecido la rica historia nacional

El capitán del ejército español Nicolás Estévanez Murphy, al oír desde la Acera del Louvre las detonaciones que troncharon la vida de los estudiantes, indignado, quebró allí su espada y renunció a la carrera militar, pues para él “por encima de la patria estaban la humanidad y la justicia.

Otro oficial de la misma graduación y tropa, Federico Capdevila Miñano  , abogado de oficio en la defensa de los jóvenes, al conocer lo ocurrido, extrajo su espada, la rompió en público como expresión de protesta y cesó a continuar prestando servicios en las fuerzas armadas colonialistas.

Hasta aquí lo conocido a partir de las publicaciones periódicas y textos editados antes de la Revolución, pero en 1871, el periodista Manuel Cuellar Vizcaíno, en su artículo “Un Movimiento solidario con los ocho estudiantes de medicina” (La gaceta de Cuba), dio a la luz dos documentos citados textualmente por Quiñones en su trabajo Cinco héroes negros:

“Copia número 1:
“El ataque a los voluntarios y soldadesca española, en vista de que se  proponían asesinar por fusilamiento a los niños estudiantes patriotas, y todo daba a entender que iban a realizar su crimen, fue tomado un acuerdo por potencias abakuá  . Tuvieron su primera reunión en el hospital de San Lázaro y la segunda en la fábrica de tabacos “Romeo y Julieta”. Antonio Ramos Infante, Iyamba de Ocobio Mucarará; Carlos Valdés, hijo del marqués de Indarte, Isoé (sic) de Ocobio Mucarará; Andrés Facundo Cristo de los Dolores Petit (Andrés Petit), Isué de Bacocó; José Portuondo, miembro de Ebión Efort y José González Ojitos, patriota blanco del barrio de San Lázaro que siempre andaba con los abakuá.

“Copia número 2:
“Murieron atacando a los voluntarios Adolfo García y Cirilo Villaverde o Cirilo Mirabal. En distintas partes de La Habana hubo muertos y heridos el día 27 y el anterior. El día 25 Pepe Rusia mató a un celador en La Chorrera. Los voluntarios mataron a Pepe en la calle Vapor. Pepe Rusia pertenecía a la potencia Eroco Efort. Pero antes del caso del cementerio de Espada, el día 22, Francisco Pedroso (Pancho Engafia) mató  a un celador en la calzada de Paula y murió tratando de saltar la muralla de Egido.

Repercusión

En 1872, Ana María Betancourt de Mora, patriota cubana y destacada precursora en las luchas por la emancipación femenina, en audiencia con el entonces presidente de los Estados Unidos, general Ulises Grant, para que mediara ante el gobierno español y este amnistiara a los 31 jóvenes presos por la misma causa que dictó el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina.

En 1873 el hijo menor de Gonzalo Castañón, Fernando Castañón, de 26 años, vino a La Habana y examinó la tumba de su padre. Entonces, para confirmación pena de la macabra iniquidad afirmó que el sepulcro no había sido dañado. Fue la mayor y más clara confirmación de la inocencia de todos los condenados.
Fueron necesarios infinidad de trámites de familiares y amigos para que Amadeo I, el Rey de España, promulgara el indulto de los estudiantes presos. España aún debe una rehabilitación de los sancionados y disculpa pública por el crimen cometido.

Los ocho estudiantes de Medicina, asesinados aquel 27 de noviembre de 1871, han recibido un permanente homenaje póstumo del pueblo cubano Desde entonces, la efeméride es recordada por los estudiantes universitarios con una marcha multitudinaria que desciende de la escalinata de la Universidad de La Habana y avanza impetuosa por la calle San Lázaro hasta Prado y Malecón, y se reúnen en La Punta, lugar de la inmolación. Tal manifestación solo fue interrumpida durante la despótica tiranía del general Gerardo Machado  .

En noviembre de 1889 se levantó un monumento a su memoria, en la explanada de La Punta, en el mismo lugar que fueron ejecutados. A partir de entonces allí, frente al monumento, se les recuerda con profundo respeto y se les rinde el homenaje que merecen, ellos y todos los estudiantes caídos, y se ratifica el compromiso de la juventud cubana de defender la patria frente a cualquier agresión.

Trabajo relacionado:

José Martí y los estudiantes de Medicina de 1871

 

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