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Cuba y La Habana: el paisaje hoy

Anoche tuve tiempo e hice varias llamadas de larga distancia, a Santa Clara a una nieta estudiante universitaria, a una sobrina arrendadora de viviendas en Cienfuegos y a dos amigos entrañables residentes en Guáimaro y Santiago de Cuba, respectivamente.

Hablamos de lo humano y lo divino: del juego de béisbol donde participó mi nieto en Encrucijada, del arribo de turistas a Cienfuegos, de las lluvias y la próxima zafra en la zona  centro-oriental, y con el último de la estructura de la próxima Serie Nacional de Béisbol. Colgué a reclamos de mi señora por lo elevado de los gastos de la comunicación.

Ahora un colega residente en Infanta y Manglar me ratificó lo dicho el domingo sobre la iglesia ocupada: se mantiene la calma, pero ahora retirado el protector cerco policiaco y no se aprecian las tropas de asalto ni los francotiradores que anunció por Twitter, el viernes, la falsa entrevistadora de Barack Obama, la multipremiada y mercenaria bloguera cubana, ahora contratada por la Radio Nacional de España.

Ninguno de mis interlocutores me trasladó algo parecido o en consonancia con lo que dicen hoy por la mañana una caterva de órganos de prensa del exterior. Entonces me asomé al balcón trasero y a las ventanas delanteras de mi apartamento, buscando algo anormal, y solo aprecié que jóvenes y niños marchaban uniformados, activos y alegres hacia sus escuelas mientras que mayores pasaban presurosos. En el mercado donde venden la leche -y  el yogourt- de las dietas pude ver una pequeña fila de compradores, en su mayoría de la tercera edad.

Los canales cubanos de televisión y las emisoras de radio transmiten sus programaciones habituales, con mayorazgo de informaciones económicas, culturales y deportivas.

Entonces nada de represión, nada de tensión, nada de violación de los derechos humanos, nada de dictadura. Sí, es cierto, hay un punto de estrés, el desenlace da la situación creada  por el grupo de creyentes que, influidos por el ex pastor Braulio Herrera, ocupan el inmueble religioso de Infanta y Santa Martha.

Es un problema interno de la Iglesia Evangélica Pentecostal Asamblea de Dios aunque todos estamos a la espera, los humanos por la solución de la disensión y las fuerzas de la contrarrevolución porque degenere en un suceso aprovechable para atacar a Cuba.

Para cuidar la salud de esos fieles se encuentra apostado allí suficiente personal médico y paramédico. Si algunos mercenarios disidentes y delincuentes intentan aprovechar  la situación para crear disturbios que pueden terminar en broncas callejeras, entonces si volverán allí nuestros miembros de la Policía Nacional Revolucionaria para mantener el orden y la paz.

Ese es el paisaje en la Cuba y La Habana de hoy.

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Publicado por en 15/09/2011 en Cuba, Política, Revolución, Sociedad

 

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El central Corazón de Jesús. Cuba, año 1958

Fue una mañana a principios de enero cuando el carro de alquiler me dejó en el paseo de la carretera de Santa Clara a Sagua la Grande, justo al comienzo de un polvoriento camino, que zigzagueante se internaba en un mar de verdes cañas. Me dijeron: “por ahí se va al central Corazón de Jesús” y decidí  esperar – no había otra opción- protegido del sol bajo un precario colgadizo de unas yaguas sostenidas por cuatro palos.

Al poco rato un viejo camión Chevrolet (lo recuerdo como si fuera hoy), de cabina pintada de verde –con múltiples abolladuras- y cama repleta de cañas limpias y bien ahiladas, respondió a mis señas, detuvo su marcha y accedió a llevarme, parado sobre el estribo y agarrado de la puerta,  mientras mi maleta reposaba en las piernas de unos de los ocupantes del asiento delantero.

Era una vía estrecha y en mal estado. En las ocasiones que nos cruzábamos con un carro transitando en sentido contrario, yo obedecía al chofer que me decía: “entra la cabeza”, entonces, en ocasiones, sentía las rozaduras de las hojas de caña en la espalda.

Aquellas dificultades no me interesaban. A mis diez y ocho años me sentía orondo en aquel lugar desconocido.  Quince días antes había estado en la Habana, en las oficinas de la Compañía Fiscalizadora Caimital, ubicadas en un moderno edificio de la Avenida de las Misiones (ahora se encuentra allí el Poder Popular provincial), donde me habían contratado como inspector de los colonos para trabajar en la zafra azucarera que recién comenzaba. En dos días me explicaron mis funciones incluyendo la frecuencia de información y como llenar el modelaje correspondiente.

El sistema de aviso funcionó. Hacía 72 horas había recibido en Cienfuegos, un telegrama  con un texto que decía algo como: Preséntese tal día a tal hora en el local de los colonos del central Corazón de Jesús. Le esperará Fulano de Tal para que usted se haga cargo de nuestra inspección técnica allí.

Es claro, yo no sabía donde estaba ubicada tal fábrica y tuve que organizar todo el viaje, viajar a Santa Clara en un ómnibus de la línea Flecha de Oro y después coger algo hacia Sagua. La única inversión obligada fue la compra de una maleta de cartón carmelita, ridícula imitación a piel de cocodrilo, en una tienda de la calle Castillo.

El Corazón de Jesús estaba enclavado en el municipio de Sitiecito, en la nación ocupaba el puesto 121 en capacidad de producción (180 mil @ por día) y era propiedad, junto al Ulacia S.A., de Francisco Blanco Calás. Esta familia pertenecía a la más rancia sacarocracia cubana pues poseía además los centrales América, Alto Cedro, Ramona, San Ramón y Carolina. Él era accionista de las compañías Azucarera Atlántica del Golfo (el más grande consorcio azucarero norteamericano), Azucarera Mariel S.A. y de la Azucarera Central Ramona S.A. Era un importante corredor de azúcar y destacado especulador, y amigo íntimo de Fulgencio Batista y Zaldívar quien, según algunos autores, tenía fuertes intereses en sus dos centrales.

Al entrar al batey el camino transcurría por el costado del ingenio y, a su vera, estaban en orden una buena casa, la fonda –espaciosa, ventilada, limpia, de madera y tejas, pintada de amarillo y con amplios portales- y al fin la oficina de la Asociación de Colonos, lista para múltiples usos y, más que todo, lugar de espera para no pocos aspirantes a la oportunidad de “coger un tajo” en cualquier corte de caña por la ausencia o enfermedad de algún habitual. Otra causa para el llamado temporal de los desempleados era la aparición de algún incendio de grandes proporciones en las plantaciones. Los enlistados para suplir en el ingenio hacían sus esperas cada día en el basculador de los carros o en el piso de azúcar (lugar donde se encontraban las centrífugas y las máquinas para el ensacado del azúcar).

El recibimiento fue bueno. Me esperaba el presidente de los colonos y con él fui a la administración, al laboratorio del central, a la casa-hospedaje, y la fonda.

Como era el único inspector mi vida fue muy agitada: debía controlar una industria de producción continua, pagadora a mis contratadores por el rendimiento de sus cañas. En la concreta era fiscalizar, durante tres turnos cada día,  peso y calidad de la caña molida, los pesos y polarizaciones del azúcar y la miel final obtenidas; y calcular parámetros semejantes en el bagazo y la cachaza.

Todo eso lo compensaba el otro plato de la balanza. Allí estaba el salario: ¿saben ustedes lo que representaban $165.00 mensual y los gastos de alimentación, alojamiento y transporte? Aunque aquel Potosí solo me duró setenta días pude ahorrar para pagar la matrícula -y comprar los libros- del segundo año de la Escuela de Maestros Químicos Azucareros, de Cienfuegos (de la cual escribiré en próxima oportunidad) pero antes mejoré mi ajuar. Mi padre no me aceptó que contribuyera a la economía hogareña.

En la estructura del central el máximo era el administrador, le seguían en orden el jefe de maquinaria, el de fabricación y por último el del laboratorio. Sus objetivos industriales debían ser coincidentes pero por puros intereses personales sus actuaciones no siempre iban en esa dirección. Discutían entre ellos muy a menudo e incluso llegué a ver, en una ocasión, irse a las manos los jefes de fabricación y maquinaria.

No existía mucho tiempo para distracciones, que, por lo demás no eran muchas: el dominó, las tertulias en cualquier lugar tranquilo, la lectura en la casa y una vez a la semana ir a Sagua la Grande, a los bares y prostíbulos. También nos poníamos a oír o tocar rumba en el barracón de los macheteros, que estaba algo detrás de la fonda.

Sobre esto último debo precisarles que entonces no juzgué aquel albergue pero hoy lo califico como tremendo: una nave para amarrar hamacas donde dormir y sentarse, pertenencias personales guardadas en sacos de yute o cajones de cartón, dos excusados para casi treinta hombres, la cocina rústica no alcanzaba y muchos debían cocinarse la comida en el suelo, dentro en un calderito propio sobre tres piedras; y todos llevar esos comestibles al día siguiente para el corte y allí  comerlos fríos, pasadas entre 10 o 14 horas de su cocción y sin ninguna medida de conservación.

Fue bastante para mí al debutar en la vida laboral.

Con la intervención revolucionaria este ingenio tomo el nombre de la madre de los Maceo,  Mariana Grajales, y después, no hace tanto, por los bajos precios del azúcar se decidió cerrarlo pues siempre fue un ingenio de poca molida y bajos rendimientos.

Pero quiero que sepan que de Corazón de Jesús guardo recuerdos imborrables para toda mi vida, tal cual el olor de las melazas y los jugos de caña, el fuerte sonido de los choques de las muelas de enganche de los carros de caña rompiendo el silencio de las madrugadas tibias, el urgente pitazo del central llamando al trabajo y la fraternidad del saludo de las manos obreras o campesinas.

 
 

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Volvió la Feria y no la mexicana, por cierto…

Comentaba el pasado jueves con mi amigo Blanquito hijo (Francisco Blanco Hernández), el ridículo espectáculo dado por el ciudadano cubano Ramón Alejandro Muñoz González, en días pasados, por allá por Marianao, cuando subido en una azotea vociferó todo lo que quiso contra la Revolución y sus dirigentes, a partir de las más soeces palabras y groseros insultos, sin que nadie le hiciera caso.

Y nos reíamos a quijada batiente de los esfuerzos que hace estos disidentes por acumular puntos para lograr su pasaporte hacia “La Yuma”, como ellos suelen llamarle.

Conversé sobre la cantidad de artículos que pude leer sobre el tema  (ocho) y además ver un video en You Tube, antes de aburrirme, acerca de esta bobería la cual ni la policía atendió. Es de señalar que el periódico El Mundo, en sus versiones digital e impresa, levantó esta “acción de protesta”. Su bufonada llegó a catalogarla como “Cuban Revolution”, buscando una similitud con la “Spanish Revolution” que ha movilizado a decenas de miles de personas en 60 ciudades de España.

Ayer, mi amigo, humorista gráfico, dibujante y diseñador, me hizo llegar esta caricatura que complementa este comentario para el disfrute de todos.

Y también quiero decirles que recordé mis tiempos de niño por lo que leí hoy en la prensa digital. Allá a Cienfuegos iba en determinada época del año un conglomerado más amplio que un circo, era la Feria Mexicana: Payasos, contorsionistas, prestidigitadores, hipnotistas, tiros al blanco, casa de los espejos, mujeres barbudas y mucho más presentaban en las noches, en un amplio solar caracterizado por las ruinas de un fortín español, activo durante nuestras guerras de independencia. A las ocho en punto un poderoso haz de luz de un gran reflector anunciaba el comienzo del espectáculo.

Ahora se afianza en mí ese recuerdo de divertimento donde hay muchos cirqueros actuando. El “Sajarov” villaclareño ha comenzado otra huelga de hambre hasta lograr el castigo, por el Gobierno cubano, de unos “supuestos agresores” por un “supuesto crimen”, todo sostenido en flagrantes mentiras. ¿Serán visiones provocadas por las ganancias por tantas supuestas huelgas o quizá las modernas tecnologías que les hacen ver crímenes y criminales virtuales?

Tranquilos amigos, tranquilos, no hay que temer un fatal desenlace para el premiado por los europeos pues ha soportado muchos supuestos abandonos de la alimentación y aún continúa vivo. La última duró más de 120 días para exigir la libertad de los presos políticos tras la muerte de Orlando Zapata. Casi toda esa huelga la pasó hospitalizado en la sala de terapia intensiva del moderno hospital Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara, con alimentación por vía parenteral. Con eso se ganó el premiecito y le hizo llegar a un buen fajo de euro$.

En definitiva él esta confiado con su vida: como respaldo de nuevo estará ahí el eficiente trabajo del personal médico y paramédico del Milián Castro y los recursos que la Revolución pone a disposición de la salud.

Tal disparate por tragicómico no deja de provocar una sonrisa pues entonces, tras oppening de circo, aparece en la pista otro que se aprovecha de la situación para quien no quiere quedarse atrás y busca retomar protagonismo: El Camaján. Este caballero acaba de hacer declaraciones públicas pidiéndole al huelguista que desista de su empeño. ¿Alguien puede creer que este señor, desplazado de los primeros planos de la minúscula disidencia cubana, le guarde buen aprecio a quién lo ha relegado a puestos inferiores en el mercado mercenario sufragado por el Gobierno de los Estados Unidos?

Para completar lo que nos presenta esta Feria de hoy, sepa usted que protestan los trece familiares de Orlando Zapata Tamayo que fueron ubicados en Arizona, tras ser beneficiados con el recibimiento en los Estados Unidos por la muerte del ex-delincuente. Sí, usted leyó bien, son trece; uno más y podrán constituir una orquesta. Ellos piden ser llevados a Miami donde debe existir en algún lugar –ahora no se sabe dónde- el producto de la colecta que con tales fines hizo un patronato.

Ah, olvidaba el acto final, faltaba la malabarista mayor, la bloguera insigne, que calificó como “cierto y doloroso” el ayuno del Sajarovito tropical. ¿Será dolorosa porque le anota en el Departamento de Estado puntos al competidor? Hay que ver.

Por hoy se apagó el reflector… pero la Feria continúa. Seguiremos informando.

 
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Publicado por en 06/06/2011 en Cuba, Política, Revolución, Sociedad

 

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