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Nuestro matrimonio en sus Bodas de Oro

Por Pedro Hernández Soto

Los casados brindan por sus Bodas de Oro

El brindis de los casados por sus Bodas de Oro. Tony Vidal a la izquierda, Montiel a la derecha

La festividad fue el sábado 27. La efeméride, que transcurrió normal un día antes, tuvo un comportamiento corriente, tranquilo, en familia.

María, la esposa de Ernestico mi hijo, me había dicho muy cercana ya la fecha: Ustedes no se ocuparán de nada, todo el asunto es mío. El convite sería en su espaciosa casa.

Algo grande estaban preparando. Y me di cuenta del corre corre preparatorio donde participaron su mamá Arminda (tremenda cocinera) a pesar de sentirse mal; sus hijas María de los Ángeles y Gretel, y mis hijos Lidia y Ernestico.

Citada para las tres de la tarde, ninguno de los invitados llegó a esa hora. Genys, se veía muy alegre, había estrenado un nuevo vestido y yo un obsequio de mi nieta Laureen en febrero: una bella guayabera bordada guardada para la ocasión.

La sorpresa comenzó temprano. Poco antes del arribo de los primeros convidados aquellas laboriosas organizadoras empezaron a cargar una mesa con lo preparado con sus propias manos.

Tantas fuentes no cabían: Rositas de maíz con mantequilla, chicharrones de puerco, croquetas de tres clases (pescado, cerdo y jamón), panecillos untados con una pasta deliciosa, ensalada fría (¡que ensalada fría!), inigualables tamales de maíz, arroz frito y cuando se vio blanquear uno de los depósitos, otro lleno hasta los topes lo sustituyó; y dos tipos de cake, cual de estos más deleitable, uno de ellos enorme y otro de chocolate, aportado por Reina Belkis y su esposo, mi hijo Pedrito.  María Emilia, La Gallega, aportó unos apetitosos rollitos de jamón con pepino encurtido.

Los líquidos nunca faltan en nuestras fiestas. Los hospederos habían garantizado un nivel de cerveza, vino, ron y sangría, y cada invitado vino armado con un “cañón”. Hubo rones blancos y dorados, aguardiente, refrescos de diferentes sabores.

En cuanto llegaron se nuclearon como de costumbre: En la sala por un lado el grupo de los históricos ex-artilleros de la Universidad Central de Las Villas (UCLV): Nikita, Tony Vidal, Manolito Bravo, Montiel, Pitín, Broche, Luis Gómez, José Pablo…; por otro las compañeras de los cinco primeros: Mary, Mayi, Lourdes, La Gallega y Zeida. El resto de los hombres vino solo.

Pitín trajo también a uno que ya casi forma parte de la tropa: su inseparable, bien educado y simpático nieto Alejandro. Estoy pesando proponerlo como Miembro Pionero Honorario del Grupo de Artillería de Morteros de 120 mm. de la UCLV.

En el comedor, el círculo lo componían Lourdes, hija del inolvidable Rafael Ching, con su esposo e hija; mi sobrina nieta Maribel y su novio, su mamá Melba con su compañero Carlos; y allí cogía un diez cada vez que podían Gretel y el esposo, María de los Ángeles y mi hija Lidia. En la cocina Arminda, la anfitriona María que, según después me hicieron conocer los propios visitantes les dispensó una atención impecable, y el esposo de María de los Ángeles.

Y déjenme defender otra parte de lo mío: mi hijo Ernestico también se lució pues él, que es algo inhibido para hablar, conversó con todo el mundo; Genys se compartía entre las funciones de complacer las peticiones de cualquiera y platicar con las amigas; Geovany, mi nieto, cansado tras participar en un juego completo de pelota bajo el inclemente sol de mayo, estaba algo apagado aunque también intercambió bastante. Yo me movía en función de que los visitantes se sintieran bien.

Genys luce su consideración. La impuso Nezlson Montiel (I), explicó las causas NIkita (D)

Genys luce su condecoración. Se la impuso Nelson Montiel (I), explicó las causas NIkita (D)

El grupo de la UCLV se había reunido a mis espaldas y tomado acuerdos. Tenían organizada una condecoración que llevaron a cabo en medio de risas y burlas, con un tremendo júbilo: a Genys le impusieron una vieja Medalla al Mérito por resistirme 50 años, que lució orgullosa durante la actividad; a mí un galardón que es un prendedor de corbata con un escudo hasta hoy de razón y procedencia desconocidas. Fue un momento de relajo con brindis de sidra y obligado beso de piquito.

Casi al final llegó un entrañable amigo de Santa Clara ahora trabajando acá en La Habana, Eladio González la Fe, que sostuvo una interesante conversación empresarial con Manolito y Pedrito, mi hijo, y otra sobre construcciones con Carlos el compañero de Melba.

Al final todos los ex–artilleros salieron cargados de comida, excepto yo, a quien en burla me recriminan en cada actividad por hacerlo. No importa, tengo pruebas gráficas que muestra su confiscación de parte de aquel delicioso menú, claro por oferta de la anfitriona pero no importa, les chantajearé.

Fue una magnífica tarde, inolvidable, muy digna de cincuenta años de casamiento.

Además del costo económico de la actividad, cuyo monto por supuesto no me han dejado conocer, también se resintieron la salud de María la dueña, que el lunes amaneció con un ataque de lumbago que aún padece, y la de Arminda pues un malestar se le convirtió en un principio de neumonía. Fueron las únicas afectaciones conocidas; a pesar de la comilona no hubo diarreas.

Para terminar tres confesiones serias: Primera, estoy firmemente convencido que casarme con Genys ha sido, por mucho, una de las mejores decisiones de mi vida; la segunda, tengo una gran familia; y tercera, disfruto de un inmejorable círculo de amigos, aunque no estuviesen presentes ni citados todos ni mucho menos.

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Publicado por en 07/05/2013 en Cuba, Familia, Sociedad, Solidaridad

 

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