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Cuba y el Cuarto Clásico Mundial de Beisbol

La preparación  fue mejor que nunca

Algunos afirman que la preparación del equipo Cuba al reciente Clásico Mundial de Béisbol fue la mejor de todos los tiempos

No amigo, amiga. El título superior está correcto, no hay ningún error en él. Quiero reflexionar sobre la próxima edición del gran evento que hace casi un mes y durante 18 días desbordó estadios en continentes e islas.

El mismo que durante dos semanas desveló a los cubanos y las cubanas frente a sus televisores o al lado de sus radios en el hogar o el centro laboral, los ómnibus, las calles. El que nos amargó la vida, nos hizo gruñir, y maldecir a Víctor Mesa, la dirección del equipo nacional, al después lamentablemente desaparecido Yadier Pedroso y también Yulieski Gourriel.

El colmo del fanatismo llevó a la irracionalidad: a nivel de conversaciones entre aficionados, hubo hasta quienes culparon a este último, hijo del muy oportuno ex bateador Lourdes, de esa muerte, pues a causa de su error en el último juego Cuba perdió el derecho de pasar a las semifinales en San Francisco, razón por la cual el estelar lanzador de Artemisa al momento del accidente estaba manejando por las carreteras cubanas y no en los Estados Unidos. ¡Habrá visto usted cosa igual!

Creo que siempre hemos valorado en su justa medida la calidad de los Clásicos Mundiales de Beisbol (CMB), eventos donde ha brillado parte de la nata de los directores y atletas que juegan el mejor beisbol del mundo. Lo hemos justipreciado bien. Ahora, lo que no hemos hecho con exactitud, es valorar la diferencia que existe entre la calidad de nuestro deporte nacional y estos torneos.

En estos queremos lucirnos, demostrar que nos mantenemos en la élite mundial, hacer saber nuestra inteligencia, sapiencia y también valentía pues no pocos estiman, de modo erróneo, que también es vitrina donde exhibir machismo y pendencia. Por eso le dedicamos al recién terminado interés, esfuerzos y dineros.

Siempre he pensado que  volveremos a alcanzar un lugar muy destacado cuando nuestra Serie Nacional de Beisbol (SNB) tenga un buen nivel. Nunca será como repetir nuestros triunfos absolutos de hace más de un decenio, cuando nos enfrentábamos a conjuntos de amateurs, diezmados de figuras por el profesionalismo. No, ahora no es así, es contra profesionales del más alto nivel, y  nuestra competencia nacional –que a mi entender debe ser el más importante evento para toda Cuba- a lo largo de demasiados años, ha estado plagada de deficiencias, conservadurismos, atrasos, falta de técnica, secretismos, indisciplinas, caprichos, apropiación por unos pocos y creencias de que es un deporte más que un espectáculo.

Es necesario ahora remontar un camino que debe conducirnos, con esfuerzos e inversiones, a una posición más elevada. Llevará tiempo, trabajo y recursos, pero para el IV Clásico Mundial de Béisbol tendremos que enseñar a jugar un beisbol moderno a nuestros atletas, entrenadores, comentaristas, aficionados, a todos. No apareceremos allí con lanzadores que solo tiran tres o cuatro lanzamientos y que no dan strikes todos los días, con todos ellos. No llevaremos tiradores sin el pensamiento táctico necesario  para sorprender a los bateadores.

Tampoco nuestros bateadores verán por vez primera variedad de cinco o más pitcheos, bien mezclados, que caen en la zona pedida por el receptor: irán acostumbrados a batear las bolas bajas y por las esquinas. Ninguno de estos actuales faltantes tendremos que intentarlos resolver en seis meses: a  tocar la bola; a seleccionar bien los lanzamientos a conectar; a batear con dos strikes o contra envíos super rápidos.

Con una buena SNB cada día se pondrá en práctica, en cada juego,  un adecuado pensamiento táctico a lanzadores, defensores y bateadores. No irán entonces a competencia alguna a sufrir tensiones desacostumbradas al enfrentarse a estrellas y constelaciones de ellas.

Así podremos lograr un estilo de juego propio, nuestro, criollo, cubano; no tendremos que tratar de asimilar el asiático, consecuencia de filosofías y costumbres que no son las nuestras. ¿O es que ahora tendremos que imitar el juego de República Dominicana porque hizo lo que nadie en la corta vida de los Clásicos, ganó el primer lugar de forma inobjetable, invicta?

Con seis o siete meses de buen entrenamiento –muchos aseguran que el reciente es el mejor realizado en toda la historia de beisbol cubano, creámosle- no basta para hacer de este deporte de calidad mundial pues ese es solo un escalón, el superior.

Si pretendemos no regresar a esta situación actual, elevarnos al otro estado -el que quiere y merece nuestro pueblo- es necesario que la pelota tenga lo que lleva. Entonces debemos solventar las insuficiencias que todos nos hacemos:

– Los terrenos municipales –no me refiero a las graderías- están en estado tan deplorable como el que muestran, en un país donde hay sol todo el año y tenemos miles y miles de ingenieros y técnicos agrónomos. No tienen una jaula de bateo y a veces ni parabanes para hacer boleo.

– Cuba, con amplios planes de reforestación desde hace más de 50 años y experimentados artesanos fabricantes de bates en cada provincia, tengamos que importar tales artículos para practicar de forma masiva este deporte. Hemos perdido las fábricas de guantes y pelotas tan anunciadas por nuestra prensa en su momento.

– Nuestros lanzadores dan bolas cuando deben tirar strikes; no dominan a los contrarios en el momento preciso; no aumentan su repertorio de lanzamientos de año en año; se lesionan de modo frecuente.

– Según los directores y entrenadores de los equipos de la SNB nuestros bateadores muestran muchas deficiencias al pasar a la primera categoría; los prospectos demoran años en desarrollarse; no corren siempre fuerte.

– No se juegan ligas de desarrollo ni segunda categoría. No hay máquinas de bateo, ingenios fáciles de construir en nuestro país.

Hagamos los cambios que debamos hacer. Si el INDER no tiene el poder o la capacidad suficientes para acometer esta tarea permitamos que otros también participemos en las soluciones.

Sabemos que no es la única solución, pero vale la pena también ver los resultados de las ligas sociales de beisbol y softbol que proliferan acá en La Habana. Organizadas, disciplinadas, sin discusiones estériles, con pago adecuado a árbitros y anotadores, verdaderos eventos propios que no requieren recursos del Estado, sufragadas por sus participantes o por empresas y particulares.

Y seamos más diáfanos, más comunicativos, hagamos el beisbol a puertas abiertas para sus seguidores con la permisión del acceso de la prensa, con sus grandes posibilidades, a todos los momentos importantes para el desarrollo en Cuba del espectáculo que es el beisbol, en todassus instancias,

 
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Publicado por en 28/03/2013 en Béisbol, Cuba, Deporte, Revolución, Salud, Sociedad, USA

 

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El béisbol en Cuba y sus verdades de Perogrullo

Víctor Mesa y Jorge Fuentes

Víctor Mesa y Jorge Fuentes encabezan el colectivo de dirección que trabaja por modernizar concepciones, pensamientos y técnicas, en el equipo Cuba

Cada fenómeno y gestión en la sociedad debe ser analizado en el contexto en que se desarrolla. Y también es así en el béisbol, las realidades no pueden desconocerse. No obstante muchos, cegados por su fanatismo, su hipercriticismo o su desconocimiento de la realidad, pretenden peldaños que no podemos alcanzar.

La Revolución se hace, entre otros objetivos principales, para propiciar el desarrollo social, que incluye lo económico, político, cultural y deportivo, salud y muchos otros más. Por tanto a todos los territorios le corresponde, en igualdad de condiciones y en la medida de las posibilidades, la facilitación del acceso a cada uno de tales valores del bienestar humano, físico y espiritual.

El fenómeno del beisbol en Cuba no es tan solo deportivo, en el puro sentido de la palabra, es para nosotros también cultural, de orgullo nacional y territorial.

Un relevante dirigente político villareño me dijo en una ocasión: “Cuando el equipo de pelota gana una noche, al otro día veo como la producción sube”.  Si el equipo nacional no queda en primer lugar en cualquier torneo internacional, la gente en la calle anda callada y con la cabeza baja.

Por el contrario, si triunfamos, a cualquier hora del día y de la noche y en cualquier zona del país, el clamor es ensordecedor. Y es que el beisbol es deporte pero por encima de todo espectáculo. Se acerca mucho a los eventos militares: el triunfador es recibido como héroe; el perdedor… pobre del perdedor, es criticado sin piedad.

No hay mayor estímulo para cada uno de los cubanos, en cualquier ocupación vinculada a la fiesta beisbolera, que recibir el reconocimiento de su pueblo.  Eso marca el gran compromiso de directivos, atletas, entrenadores, analistas, comentaristas, periodistas.

Si bien es cierto que debe actualizarse la estrategia, táctica y técnica de los responsables de ejecutarla, también debemos hacerlo todos, incluidos quienes la siguen – aficionados y fanáticos- y comentan.

Todos tenemos que estudiar más los avances, vengan de donde vengan. Y esto es válido para cada aspecto del beisbol. Da pena que todavía usemos estrategias de cuando se usaba el bate de aluminio, o que no exista entre los bateadores -con varias series nacionales jugadas- disciplina en el home plate para discriminar lanzamientos así como que no sepan utilizar técnicas de sacrificio por el bien de su colectivo; o que lanzadores tiren unos tras otros lanzamientos malos y también que un pitcher sea mantenido en el box hasta explotar ruidosamente.

Los colectivos de dirección tienen que usar más las nuevas estadísticas (Ver entrevista a Víctor Mesa al frente del equipo de Matanzas). Más exactas, precisas y muy útiles, siempre complementarias de las existentes. Los jugadres a la ofensiva deben aprender a ajustarse a las cualidades del lanzador contrario, a la situación del inning o del encuentro. Los tiradores, por su parte, están obligados a lograr más el “abrir” arriba de sus sempiternos adversarios en cada turno al bate y lograr el a menudo difícil tercer strike.

Día tras día oigo y veo usar solo estadísticas -superadas ya por la modernidad- para emitir juicios, criterios y valorar desempeños. Juzgar a los bateadores con los mismos indicadores de bateo, sin tener en cuenta responsabilidad en la ofensiva de su equipo, sin  reconocer bases por bolas recibidas, bases adelantadas en los juegos, y por tanto de su quehacer integral en la ofensiva, es inconcebible.

Lo mismo es aplicable a la defensa. Uno de los principios básicos del juego es que el player debe participar en la producción de anotaciones para su equipo e impedir las del contrario. La victoria solo se logra cuando usted anota más que el contrario.

Enjuiciar un lanzador sin tener en cuenta su efectividad en lanzamientos buenos y malos o promedio de jugadores contrarios embasados por inning, o el cumplimiento de su función principal como abridor o relevista o cerrador, es sorprendente hoy.

He visto alabar a un relevista con bajo promedio de carreras limpias pero incapaz de mantener cerradas ventajas, o un empate, al ser bateado con hombres en posición anotadora, embasados por el lanzador o lanzadores anteriores, a quien o quienes se le carga la o las carreras anotadas y por tanto la derrota.

Todos estos buenos atributos –aún sin tener las avanzadas estadísticas que hoy ofrece la llamada Sabermetrics /– formaron parte del beisbol que un día jugamos en nuestro caimán verde. Urge recuperarlos, ponernos al día. Ahora pensamiento, entrenamiento, tácticas y técnicas empiezan a rescatarse por el equipo que nos representará en el Clásico Mundial y algo se puede ver en los colectivos de la Serie Nacional.

Es un camino largo pero que debemos recorrer de prisa, para llegar pronto hasta las ligas infantiles. Lo cierto es que el deporte que nos ocupa es reitero, un espectáculo que vale de acuerdo a la calidad de la liga doméstica que lo sostiene.

¿Son o no verdades de Perogrullo para nuestro béisbol?

 
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Publicado por en 14/12/2012 en Béisbol, Cuba, Deporte, Revolución, Salud, Sociedad

 

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Serie 51 de Béisbol: Ojalá me equivoque

Muy poco tiempo ha transcurrido desde que se inauguró la 51 Serie Nacional de Béisbol, en el estadio Capitán San Luis, el pasado domingo 27 de noviembre. Hoy culminan las primeras subseries programadas.

Los abultados scores de algunos equipos frente a otros, las cifras de bateo de los primeros frente a sus contrarios de turno, nos adelantan que será una competencia de enormes desigualdades. Algo salta a la vista aún para los menos avezados en el deporte de las bolas y los strikes: esta serie no será más calificada ni mejor, que las anteriores.

A todas luces, al concluir el primer tercio de competencia -no digamos para cuando se hayan jugado los primeros 48 desafíos programados por colectivo, en la mitad misma del campeonato- existirá una notable diferencia entre un grupo, los más competitivos, y el resto. Y no podrá ser de otra manera cuando hemos dividido el conjunto de la antigua provincia de La Habana en Artemisa y Mayabeque, creando dos equipos para nada finalistas, mientras permitimos un muy debilitado Isla de la Juventud. Por suerte la actual provincia de la Capital reforzó en algo a Metropolitanos que de seguro regalará el sótano –algo hasta ahora de su absoluta propiedad- a uno de los anteriores mencionados.

¿Alguien en Cuba puede creer que un equipo que sume 12 o 14 novatos puede llegar a luchar por la clasificación entre otros 16? ¿Cree usted beneficioso que existan ocho directores debutantes? También será difícil encontrar muchos aficionados que estimen que tan solo con un buen cuerpo de lanzadores un conjunto puede llegar a ser campeón o cuando menos ganador consistente.

Detengámonos además en que los cuatro equipos mencionados pertenecen a la llamada zona occidental. Aquí, nueve lucharán por clasificarse para los acostumbrados play-off. Mientras, por el oriente, lo harán tan solo ocho, en general más fuertes que los primeros. Conclusiones, serán zonas muy desiguales para llegar a los finales de la 51 Serie Nacional de Béisbol. Ante tal realidad, lo más lógico sería que para los play-off clasifiquen los ochos mejores del torneo, sin distinguíos de zonas.

Por otra parte me referiré a los cambios de la zona de strike y la altura del montículo. Ambas modificaciones ayudarán a nuestros lanzadores y adulterarán las estadísticas de la presente competencia con relación a torneos anteriores. Pero no nos engañemos, al final, no debemos interpretar que nuestro pitcheo ha mejorado.

Y para terminar, algunos apuntes sobre este torneo sui generis: ¡Usaremos dos tipos de pelotas diferentes! ¿Alguien conoce una competición seria donde se utilicen dos artículos fundamentales, de cualidades distintas? ¿No podíamos dejar las Mitzuno 150 existentes para otros torneos y ya desde el comienzo utilizar la Mitzuno 200? Ufff… de nuevo contra las estadísticas, escudo de algunos contra cambios más necesarios que en algún momento concentren la calidad.

Todo esto me asoma que esta no será una serie mejor ni más competitiva: Ojalá me equivoque.

Trabajos relacionados:

 Béisbol: Sobra uno… ¿Metropolitanos?

 
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Publicado por en 01/12/2011 en Uncategorized

 

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