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El chino Ching: A por el verdadero homenaje

El 27 de noviembre publiqué en este blog el post Adiós al chino Ching. Era la despedida sentida al querido amigo, muerto en plenitud de facultades, tras sufrir la peor de las agonías, no tan solo por soportar los más intensos dolores y sufrimientos físicos, sino, además, por ir perdiendo capacidades motoras para al final saberse condenado a muerte y no poder cumplir todos sus nuevos sueños familiares y laborales. Terminé aquel escrito dudando si con las 24 horas de velatorio le brindamos, amigos y compañeros, todo el reconocimiento que merecía.

Hoy me siento algo mejor y no es porque haya pasado el tiempo. Acabo de participar en el evento conmemorativo del 20 aniversario de la empresa que creó, de la Comercializadora Escambray. Quienes leyeron el trabajo antes referido recordarán que la catalogué como una de las firmas más eficientes y de mayor capacidad de desarrollo que he conocido en Cuba. Con tal juicio puse en juego la seriedad y credibilidad que usted puede reconocerme.

El hecho que un colectivo de trabajadores destine honrar a su guía fundador en el primer evento a realizar en su centro, da mucho que pensar y más aún, conocedor de las cualidades del recordado, debemos calificarlo como un acto revolucionario y necesario.

El acontecimiento comenzó con la inauguración del sitio histórico de la Empresa, que muestra la foto acompañante de este texto. Una instantánea del más destacado de los fundadores aparece en la parte superior izquierda.

Después pasamos a un pequeño teatro donde un panel compuesto por ex-dirigentes del Ministerio de la Construcción (un comandante del Ejército Rebelde, algunos creadores de Escambray, cumplidores de misiones internacionalistas, entre otros), trabajadores de la empresa y amigos, definió la personalidad, el carácter, la inteligencia, la humanidad, el sentido clasista, la laboriosidad y el valor de El Chino, mostrados a lo largo de su vida.

Conocí de los duros tiempos fundacionales, de días sin más almuerzo que pan y refrescos, con un solo transporte (en muy mal estado) y una nave vacía, sin siquiera estantes para ordenar la mercancía. De la creación de la empresa mixta con el máximo de austeridad y sacrifico. Del crecimiento a una provincia y después a otras. De la mayúscula felicidad mostrada por nuestro amigo en su hogar cuando se le compraron las acciones al extranjero codueño y la sociedad pasó en su totalidad a manos cubanas. Quizás entonces otro hubiese querido mantener el estado de cosas para comenzar a recibir “regalitos” con el incremento de las ganancias.

Del enfrentamiento y soluciones halladas a inesperadas dificultades cuando el español ex asociado logró la interrupción brusca de los abastecimientos por los proveedores. De los notables incrementos continuos de los aportes -en divisas y en moneda nacional- de la ya Comercializadora Escambray al presupuesto del país para el financiamiento de importantes materiales de construcción con destino a provincias. Téngase en cuenta que en 1992, año inaugural, fue de 600 mil CUC y el pasado año alcanzó 268 millones.

De su poder de vislumbrar con anticipación el futuro, aceptar los retos del desarrollo, planificarlos y asumirlos con entereza, como cuando debió responsabilizarse con los abastecimientos de los materiales a la vertiginosa construcción de hoteles para el turismo extranjero, que demandaba la economía del país. Me enteré que en el aspecto comercial, por diferentes reestructuraciones del MICONS, la Comercializadora Escambray ha podido absorber, sin menoscabo, otras 19 empresas.

Fueron mas de dos horas de testimonios, vivos, directos, sobre el empresario eficiente y eficaz. Para hacer el momento más dramático y creíble lo cerró Lourdes, la hija, quien por encima de las lágrimas, hilvanó una intervención coherente, una visión familiar de su cariño, rectitud, austeridad, autodisciplina, la lucha contra la enfermedad, la dedicación al hogar.

Para ella, y Lourdita y Rafael Luis, los nietos amadísimos, fue un duro momento pero pienso, que de manera inolvidable, quedarán grabados en sus mentes el ejemplo que el esposo primero, el padre después  y el abuelo, al final, brindó a todos; y comprenderán el porque aquellos curtidos hombres, llenos de canas, que ocuparon la presidencia, utilizaron adjetivos tan altos para calificarlo. Y entenderán también porque aquel auditorio de cerca de cincuenta personas se mantuvo en silencio y atento todo el tiempo que duró la actividad.

El cierre fue una información grabada del desarrollo cronológico de El Chino a lo largo de toda su vida como niño, joven y adulto. Sería muy largo relatarlo; solo permítanme decirle que cumplió con todos sus deberes, con todas las tareas revolucionarias de su tiempo, desarrolló entrañables amistades y logró un enorme espíritu de pertenencia  de los trabajadores de Comercializadora Escambray para con el centro.

Ante familiares, amigos y los trabajadores de la Comercializadora Escambray aparece un compromiso ineludible: imitarlo; ser dignos de su ejemplo. Ese será en justicia, el verdadero homenaje. A por él.

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