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Niños sin niñez

Por Magali García Moré

Niña sucia y desgreñada sostiene en sus manos una pala de mineríaEl asunto que me ocupa hoy tiene que ver con la niñez. Son los niños que trabajan, que viven sin esperanzas y sin futuro, que no saben de juegos ni de saberes. El presente para ellos no puede ser peor y el porvenir es verdaderamente incierto.

Es duro, muy duro: a ellos les robaron y les roban sus infancias, y nunca las recuperarán.

No conocen en el calendario el día que la ONU decidió dedicar a los infantes del mundo. Aunque suman más de 215 millones sufren explotación, miseria, hambre.

Si pudiéramos tener uno cerca, sus ojos nos expresarían –como la nena de la foto- la medida de su tristeza, de su desolación y de no saber por qué viven en ese limbo que les impedirá más tarde ser hombres y mujeres plenos, el ejercitar todas sus posibilidades y ser entes dinámicos y útiles para sus semejantes.

No disponen de aulas ni maestros, médicos  ni medicinas. Carecen de las cosas más elementales, y hasta de cantos y juegos.

Las cifras son espeluznantes, les repito, 215 millones de niños trabajan en el mundo según dio a conocer la ONU en reciente informe, a la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

¿A qué se dedican esos pequeños? El 60 % de ese total labora en la agricultura, mientras más de 15 millones lo hacen en el trabajo doméstico. Lo peor es que sólo uno de cada cinco de esos muchachos recibe un mal salario por su labor. Esto significa que si la familia espera aliviar su difícil situación económica por esa vía, nunca lo logrará.

El informe a la OIT afirma que más de la mitad de los pequeños laboran en condiciones de… ¡ESCLAVITUD!, servidumbre, prostitución, actividades ilícitas y otras, por obligaciones contraídas bien sea por deudas o el estado económico familiar. Faenas todas perjudiciales para su salud, seguridad y moral.

El problema rebasa lo que se ha dicho al respecto en los últimos años. Ni siquiera, al momento de analizar las cifras por países, áreas o regiones, se puede hacer una comparación para determinar si hay una mejoría medianamente aceptable pues la información se dificulta por la diversidad de fuentes, métodos de recepción de los datos y hasta los diferentes grupos de edades utilizados.

Esta es una de las conclusiones del IV Encuentro Internacional contra el Trabajo Infantil celebrado en Ciudad de México recientemente. E importante antecedente para la Conferencia Mundial que sobre el mismo tema tendrá lugar en Brasil, el próximo octubre.

En la reunión efectuada en el hermano país azteca, los expertos reconocieron -y quedó perfectamente deslindado-, que aun hay otras múltiples formas de explotación que conforman un complejo modo que son las peores formas de trabajo infantil cuya existencia es sin duda inadmisible.

Entre los temas abordados se mencionan: Trata con fines de explotación laboral en contextos de migración; Políticas educativas para eliminar el trabajo infantil en pueblos indígenas; Estrategias, planes nacionales y modelos de intervención para la prevención y erradicación del trabajo infantil.

Y establecieron tres dimensiones comunes a los temas mencionados entre los que destacaron como grandes dificultades para superar su atención y tratamiento: la información que existe sobre el fenómeno, el papel que pueden jugar los programas condicionados, y la forma de incidir en las políticas públicas en América Latina.

Todas son obstáculos en la observación de tendencias en la región y la forma en que ésta se compara con otras zonas del mundo a través del tiempo y de distintas acciones de políticas públicas, expresa la información que reseñó el Blog Humanum que reseñó la reunión.

Se reconoció en las conclusiones que de los programas diseñados con el objetivo expreso de disminuir el trabajo infantil, muy pocos han logrado efectos positivos, entre ellos el Programa de Erradicación del Trabajo Infantil, de Brasil; el Bono de Desarrollo Humano, de Ecuador; la Red de Protección Social de Nicaragua y Progresa/Oportunidades, de México.

El fenómeno existe desde las primeras formas sociales en que surge la explotación del hombre, pero no cabe dudas que su alcance es particularmente dramático en el capitalismo.

Hoy, sabemos, por ejemplo, cuantos niños mueren en un determinado período de tiempo de enfermedades curables, o al momento del nacimiento (Vea aquí estadísticas actualizadas sobre mortalidad infantil. Nadie podría calcular las inteligencias y los talentos que han quedado sin poder desarrollarse y luego cumplir con una forma de trabajo socialmente útil, condicionado todo ello por el modo infrahumano de vida prevaleciente para una gran parte de la población infantil y sus familias.

Encuentros como el de Ciudad de México y el previsto para fines de este año en Brasil tienen el sano propósito de enfatizar la importancia del tema, dice el texto consultado del Humanum: difundir información sobre opciones de política pública y propiciar coaliciones de aquellos interesados en convertirlo en prioridad máxima.

El reto es mayúsculo en cualquier país porque el asunto tiene numerosos y fuertes contrincantes no solo en nuestro continente, sino en todas las regiones del mundo, atadas las gestiones gobernativas en su médula, con asuntos tales como la explotación, la indigencia, el hambre, el crimen, la inseguridad.

Si no trabajamos muy fuerte por la erradicación de estos graves y urgentísimos problemas, que afectan casi a la población de cada país, no será posible avanzar en la disminución de estas cifras. Y su existencia radica fundamentalmente en las desigualdades prevalecientes. Es imprescindible entonces el cambio estructural de la sociedad a fin de alcanzar una igualdad, una equidad, que descanse no solo en el modo de producción sino también de la distribución.

Estamos convencidos de la necesidad de urgentes acciones de los gobiernos a fin de que la igualdad de oportunidades, hecho transversal a todos los países, sea reclamo de voluntad política y aun más, gestión decidida para cambiar la situación imperante, a fin de quebrar la pobreza y la desigualdad.

La OIT, por su parte, insiste en reclamar la adopción de políticas de protección social, y entre otras se refiere a la adjudicación de becas y el pago de compensaciones a familias para que envíen a sus pequeños a las escuelas.

Sin embargo, la propia Organización Internacional del Trabajo reconoce que más de cinco mil millones de personas, cerca del 75% de la población mundial, no tienen acceso efectivo a la protección social integral.

La realidad aplastante de las cifras que se mencionan en este material, permite desde nuestro país trabajar confiados en el futuro: de esos 215 millones de niños que trabajan en el mundo: ¡Ninguno es cubano!

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