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Derechos de Cuba. Mis tres nuevas amigas

Fría mañana del 24 de diciembre. De izq. a der.: Yamilé, Raquel y Felicia. Los “bracitos” recogidos son porque terminaron de hacernos las extracciones de sangre de rigor, dos días antes recibir los sueros. Las sonrisas responden a mi promesa de escribir sobre ellas en este espacio.

Fría mañana del 24 de diciembre. De izq. a der.: Yamilé, Raquel y Felicia. Los “bracitos” recogidos son porque terminaron de hacernos las extracciones de sangre de rigor, dos días antes recibir los sueros. Las sonrisas responden a mi promesa de escribir sobre ellas en este espacio.

Debimos coincidir tan solo por primera vez en la sala de espera del Laboratorio de Análisis Clínico del Instituto Nacional de Oncología y Radiología para establecer mutuas corrientes de simpatía. Entre ellas ya estaban creadas hace ya un tiempo, no se cómo ni cuándo, pero si conozco que las fundaron allí mismo.

Recuerdo bien que en un momento trataba yo de animar a otra paciente que, sentada a mi derecha, se confesaba dominada por sus malestares y caída del cabello, y manifestaba una tremenda depresión psíquica. Logré estimularla cuando le hablé de las cosas que le faltaban por hacer en la vida. Su rostro se iluminó en algo al preguntarle si tenía nietos y me confesó que si, uno, de dos años, y me contó de sus graciosuras y diabluras. Le contesté que era mucho más importante verlo crecer y disfrutarlo antes que la pérdida del pelo, en definitiva transitoria. A partir de ese instante la conversación tomó otros aires.

En la izquierda inmediata, en fila, se sentaban las tres futuras amistades en aquella habitación alumbrada y climatizada, de unas veinte sillas, donde aguardaban otras tantas personas entre citados que esperaban por su turno y acompañantes, mientras algunos conversaban en voz baja y otros leían.

Al escucharme ellas interrumpieron su animada plática, pusieron atención a mi empeño y después me apoyaron, ejemplificando con sus casos personales las respectivas recuperaciones emocionales por las que transitaron. Aquel respaldo fue decisivo, entre los cuatro convencimos a aquella deprimida mujer: cambió por completo su faz, tono de voz y ánimo al hablar. Por cierto no he visto más a aquella convaleciente primero deprimida y después reanimada, al parecer tiene una frecuencia, para transfundirle los sueros, diferente a las nuestras .

En aquel instante me sentí satisfecho y estoy seguro que las entonces compañeras de espera también. Justo entonces empezamos a identificarnos. Somos de lugares tan distantes como Cojímar, Alamar (aunque oriunda de Bejucal), Marianao, y yo de Plaza de la Revolución hace 28 años (nacido y criado en Cienfuegos, y residente en Santa Clara durante 24 años de mi vida).

Claro que los cuentos comenzaron por nuestros padecimientos individuales, los tratamientos respectivos y las formas en que los afrontábamos. Ese día supe del temor de dos de ellas a los pinchazos para las extracciones de sangre o las transfusiones; de eso nos reímos muchísimo.

Después conocimos de avatares sufridos con anterioridad; de nuestras familias y sus composiciones así como de las magníficas atenciones que recibimos de estas; los esfuerzos por comer a pesar de todo; los alimentos necesarios, los preferidos y sus frecuencias de ingestión (en esto del tratamiento contra el cáncer la buena alimentación es decisiva); la satisfacción con los servicios prestados en el centro hospitalario por los doctores y el personal paramédico que nos atienden; las reacciones de los sueros, frecuencias e intensidades y mil cosas más.

Ahora nos encontramos cada 19 días y también a los dos días siguientes, primero en la fila para los análisis de sangre y después en la sala de Quimioterapia Ambulatoria. Entonces nos actualizamos acerca de los sucedido en el ínterin, de cómo nos sentimos, de qué hemos padecido, de los comportamientos personales (alguna que otra acción divertida o risible) y de las cosas de los nietos (excepto Yamile por razón cronológica), hijos, cónyuges, familiares, amigos y vecinos. Bueno, hablamos “de lo humano y lo divino” y reímos, reímos mucho.

Son de diferentes procedencias laborales. Las admiro por cubanas, si porque son muy cubanas mis nuevas amigas del Oncológico, son fuertes, valientes, decididas, alegres y sobre todo magníficas personas.

Todo lo asumo como que nos conocimos por fortuna, no por infortunio.

Trabajo relacionado:

Derechos de Cuba. Mi segundo suero en el Oncológico

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