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Universidad Central: becarios del año 1961

La inquietud se disipó al instante. En cuanto Mayi, Tony, Nikita y yo, transpusimos el umbral de entrada del círculo social Gerardo Abreu (Fontán), la preocupación desapareció. Eran las 10.08 de la soleada mañana y un nutrido grupo, reunido en el lobby, miraba atento a los que llegaban para tratar de reconocer a sus compañeros de hacía ya cerca de 50 años. Parte de los fundadores del plan de becas en la Universidad Central de Las Villas, había respondido a la convocatoria.

El llamado se había hecho a quienes habían salido, en 1961, de las aulas de los cursos de nivelación hacia la Campaña de Alfabetización y a la Limpia del Escambray. Acudieron otros, no necesariamente participantes en esas dos jornadas, integrantes del contingente de jóvenes que, de seguro sin saberlo, con su ingreso, cambiaron en el momento oportuno la composición de clases en aquellos recintos universitarios.

¡Cuanto afecto se desbordó! ¡Cuanto cariño mantenido a través de los años! Los abrazos, a veces de oso, nos envolvieron a todos. Algunos, más precipitados o creyéndose irreconocibles por el paso del tiempo, daban su nombre al momento del saludo afectuoso… como para no perder segundos en preguntas y respuestas. En un momento del domingo 11 de diciembre llegamos a ser cerca de 65 compañeros.

Condujo la reunión Emeterio Juan Román, el de la idea primaria de este encuentro, para referirse a la participación de los becarios universitarios en la batalla por dar la luz del leer y el escribir a los analfabetos, en lugares amenazados por los bandidos contrarrevolucionarios; a como se preparó esta reunión, y leyó comunicaciones y anécdotas de compañeros que no pudieron acudir a la cita.

Nelson Montiel hizo un amplio análisis del ingreso de los becarios de los niveles en la Universidad, del estudio, del trabajo voluntario, del Batallón universitario, del Grupo independiente de morteros 120 del Ejército Central, de la participación en restañar daños por el ciclón Flora en las todavía anegadas provincias orientales, del rescate de damnificados por inundaciones en la zona norte de Las Villas y de muchas tareas más. No pudo abarcar toda la historia de aquellos inolvidables años.

Habló también de la vida revolucionaria que ha llevado la inmensa mayoría de aquella tropa fundacional, de la proximidad en 2012 del aniversario 50 del Grupo y enumeró las principales medidas organizativas que asegurarán la conmemoración. De modo especial propuso soluciones para encontrarnos con los compañeros residentes en Santa Clara -y otras localidades- quienes no pudieron estar en este primer encuentro. Reconoció la presencia allí de relevantes dirigentes salidos de nuestras filas y por citar alguno mencionó tan solo a dos: Eugenio Mainegra Álvarez y Eduardo Cruz González.

Agustín Broche, ex dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas, reseñó la misión de los dos pelotones de estudiantes universitarios incorporados a la Limpia del Escambray y otras tareas ejecutadas entonces. Valoró como aquel quehacer político, estudiantil, militar, revolucionario, creó valores morales tales como la autodisciplina para el orden y la higiene en nuestros albergues, las taquillas sin candados y sin pérdidas, las evaluaciones con ausencia total de fraudes, la absoluta responsabilidad en cumplimiento de cualquier tarea encomendada y otras.

La directora del Museo de la Alfabetización, Luisa Campos, invitada especial a la reunión, resaltó la importancia de la misma y nos obsequió una documentada disertación sobre aspectos –por lo menos para la mayoría de nosotros desconocidos-de la gesta. Dejó en el ambiente el firme compromiso de colaborar todos en enriquecer los fondos de la institución que rige.

Todo el tiempo, al centro de la presidencia, estuvo Eugenio Urdambidelus López, llevado por el fraterno Berto Ortega. Eugenio entregó sus fincas, inmuebles y banco comercial a la Revolución naciente y se empeño en trabajar por su fortalecimiento. Vicepresidente de la FEUC en 1960, pasó a la presidencia tras la traición de Porfirio Ramírez, en aquella universidad establecida por el Punto 4 del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica.

Apoyó primero la constitución de la Asociación de Jóvenes Rebeldes y, después, de la Unión de Jóvenes Comunistas. Tras el discurso del Che del 28 de diciembre de 1959, pidió una entrevista al Comandante en jefe, le propuso crear un plan de becas en la Universidad Central y regresó a Santa Clara con un millón de pesos y la encomienda de fundarlo.

Fue una magnífica mañana que tuvo como colofón un entrañable intercambio interpersonal entre hombres y  mujeres de cabezas canas o entrecanas, de anteriores actuaciones más o menos destacadas, con mayor o menor memoria, acompañados por diversos padecimientos, presentes varios con esposa e hijos.

Hubo la imprescindible reciprocidad de información sobre la vida personal, la familia, números de  teléfonos, direcciones de correos electrónicos, fotos conjuntas pero, sobre todo, prevaleció el afán de cada año vernos, hablarnos, abrazarnos, chocar manos y recordar apodos; perpetuar lo magnificente y también lo risible… ¿por qué no?

Trabajo vinculado:

Universidad Central. Grupo de artillería, 50 años

 

 

 

 

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Publicado por en 13/12/2011 en Amistad, Cuba, Política, Revolución, Sociedad

 

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Universidad Central. Grupo de artillería, 50 años

Vista parcial del polígono del Grupo para, cada día, izar y arriar la bandera

La llamada me llegó el sábado. Tony (Vidal) se disculpó por la inasistencia a la reunión de coordinación sobre el encuentro de los estudiantes participantes en la Campaña de
Alfabetización y en la Limpia del Escambray, y me dijo: “Mañana nos veremos un grupo en la casa de Nikita (Manuel Ruiz) para preparar una garbanzada, estás invitado y si quieres te recojo a las 11 y media”.

Y así fue, precisos como nunca, partimos hacia Centro Habana. Allá nos encontramos a Montiel (Nelson) enfundado en un delantal, terminando unas frituras de maíz, con Niki y Mari de ayudantes. Poco después llegaron los “Guajiros” (Muñiz y Deysi), Broche (Agustín), Abdel (Esquivel), y bien tarde Manolito (Bravo) y Lourdes.

Conversando y conversando terminamos constituyendo un grupo alrededor de la mesa del comedor y apareció el tema del arribo en 2012, del  aniversario 50 de la constitución del Grupo Independiente de Morteros 120 mm del Ejercito Central, integrado en su totalidad por estudiantes de la Universidad Central.

Tras coincidir en la decisión firme de conmemorar la fecha de todas-todas, y no dejarla pasar inadvertida, tal cual sucedió con el aniversario 50 de la fundación de la beca en del alto centro docente de Las Villas, comenzamos a razonar sobre el festejo, a recordar a muchos de nuestros compañeros, en especial los destacados en aquellos difíciles momentos y sobre todo a quienes ya no están entre nosotros.

Llovieron las anécdotas, los recuerdos, y esbozamos los primeros pasos organizativos, decidiendo seguir el ejemplo de la fundación de aquella unidad militar, de la cual tanto nos enorgullecemos. A continuación les cuento sobre su génesis.

La UCLV había reunido en mayo de 1961, en su sistema de becas, tras rigurosos exámenes docentes y morales, unos 300 jóvenes -impedidos de arribar a estudios universitarios por sus pocos recursos económicos-, para capacitarlos de manera tal que en un par de años ingresaran a diferentes carreras y cambiaran la composición de clases del alto centro docente. Muchos de ellos eran ex-dirigentes de sus centros de segunda enseñanza o laborales.

Era la respuesta a la petición que había hecho el Che, el 28 de diciembre de 1958, en inolvidable acto en el teatro universitario: “…que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, …”.

Por supuesto los reaccionarios, docentes y estudiantiles, comenzaron a atacar aquel arribo de comunistas en formación. De inmediato cambió la vida en el plantel. Se fortaleció la Milicia, la Asociación de Jóvenes Rebeldes,  posteriormente la Juventud Comunista y la Federación de Estudiantes. Los revolucionarios que les recibimos nos vimos más apoyados, e incluso, en ocasiones, mejor dirigidos.

Nelson Montiel era entonces uno de aquellos muchachos, y ya en agosto de 1962 se desempeñaba como jefe del batallón universitario de milicias. Se que a él no le gustará esto que voy a escribir a continuación pero es la verdad. Por si solo, ante la denuncia de Fidel sobre el peligro que se cernía sobre la Patria, decidió pedir un despacho al jefe del Ejército Central, comandante Juan Almeida Bosque para brindarle una idea.

El jefe del Tercer Frente durante la guerra revolucionaria escuchó atento al estudiante que le propuso aprovechar aquella fuerza -revolucionaria e instruida, basada en aquellos estudiantes de los niveles – para crear otra potente unidad militar –- capaz de enfrentar al enemigo si osaba invadirnos. El asaltante al cuartel Moncada le contestó que regresara tranquilo a las instalaciones de la beca, que ya tendría respuesta.

Casi fue instantánea la citación a la Jefatura de Artillería del Ejército del Centro. Su jefe, el capitán Barcáz recibió a Nelson y comenzó la organización del Grupo Independiente de Morteros 120 del Ejército Central.

Solo ingresamos los estudiantes revolucionarios, de buena conducta, con resultados docentes, comprometidos a respetar y hacer cumplir la recia disciplina militar. Otros muchos compañeros fueron decisivos en este trabajo y además después en la preparación combativa. Véanse todos reconocidos en el ya mencionado nombre del jefe.

Unos pocos –suficientes- oficiales de la FAR, recién graduados en la especialidad, llegaron para hacerse cargo de la unidad. La disciplina revolucionaria imperó desde el principio. Parte de las instalaciones universitarias se convirtieron en campamento y polígonos de entrenamiento. La disposición combativa avanzó según aumentaba el peligro de ataque. La Crisis de Octubre se agudizaba y los Estados Unidos nos amenazaban con barrernos del mapa.

Se comentó que nuestra misión era ocupar un espacio en la primera línea del contraataque al enemigo desembarcado. No hubo paso atrás, por el contrario, cada día, cada hora, cada minuto, se hizo más firme la decisión de prepararnos mejor, de poner en peligro nuestras vidas para defender la Patria amenazada. Hubo mucho sacrificio, mucho sudor, noches de vigilias, marchas interminables, incontables “preparen para la marcha…” “preparen para el combate…”, cortes militares, sanciones, reconocimientos, ascensos.

El Grupo dejó mucho más que aquella modesta muestra revolucionaria. Pertenecer al Grupo se calificó desde aquel instante como un honor. Se crearon lazos de amistad irrompibles, entre soldados y oficiales, entre los estudiantes de los niveles y los de las carreras universitarias. Los indisciplinados terminaron dando ejemplos de conducta.

Este aniversario 50 de aquel Grupo Independiente de Artillería del Ejército Central merece una buena celebración. Creo que en organizarla nos va también el honor. Me atrevo a adelantar que allí, ese día, de seguro formaremos, con espacios vacíos por los que no están, y de nuevo cantaremos el Himno de la Artillería.

Les informaré.

 
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Publicado por en 05/12/2011 en Cuba, Política, Revolución, Sociedad

 

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