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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (VI): ARTE DESDE Y PARA EL PUEBLO

05 Jul

Por Luis Machado Ordetx

Fidel-entre-el-público

Fidel, detrás, un espectador histórico de La Vitrina, puesta pública durante una histórica visita al poblado ganadero de La Yaya, en las cercanías de Mataguá. (Foto Archivo de Vanguardia).

El arribo sorpresivo de un huésped nocturno demarcó una impronta estética, de acentuación particular. Ahora su propósito directo no eran las escuelas, los pueblos en construcción o los cambios en el rostro agropecuario del lomerío villareño. No obstante, todo asumía un vínculo determinado por las apreciaciones y tópicos de una dramaturgia incomparable para la época.

 

Allí los resortes de lo público y lo privado se rompieron. Las reiteradas estancias se prolongaron durante horas de valoración y debates. También de diálogos entusiastas y de compromisos intelectuales que llevó a los artistas a despojarse de la telaraña capitalina. Fue el torrente a la definitiva radicación en un territorio agreste, casi inexplorado apenas hacía un tiempo.

Constituyeron tres momentos determinantes, y no más. Todos convergieron en la trascendencia de un fenómeno de ruptura y continuidad del fundamento del espacio escénico, nutrido de tensiones económico-sociales particulares. Era la esencia de un muestrario teatral surgido con investigaciones propias de “cuanto ser viviente se moviera por las lomas”, como en cierta ocasión afirmó Sergio Corrieri, el baluarte de aquel equipo creativo.

Fidel, hombre de extrema sensibilidad, estaba nuevamente en las montañas. De cierta manera se veía atraído por el goce espiritual, y del diagnóstico de particularidades, de acentos reiterados y hasta antagónicos, de una realidad que se reconstruye desde el punto de vista artístico. Los baluartes descansaban en los repertorios temáticos. Todos, en principio, fueron estructurados por el Grupo Teatro Escambray, cuando a finales de 1968 desplegó rumbos itinerantes antes de asentarse de manera concluyente en La Macagua, punto geográfico de una mirada renovadora.

Con la casa a cuestas                  

Las visitas del Comandante en Jefe impregnaron perspectivas y compromisos con la hechura de un teatro con y desde el pueblo, el protagonista de aquellos sucesos históricos de la serranía. También dieron arraigo al colectivo. El actor y dramaturgo Sergio González González, incorporado a ese equipo de trabajo a partir de los meses iniciales de 1970, dejó una sucinta relatoría.

Desde Santa Clara, como el que reescribe ahora los días de antes, rememora aspectos exactos. Abordarlo fue un lujo, uno más para contar el pasado.

“Allá en Crespo, cerca de lo que actualmente es la comunidad La Parra, en Cumanayagua, teníamos un campamento provisional, el segundo después de la salida de Topes de Collantes. Alguien anunció que Fidel estaría con nosotros. Dijeron que deseaba disfrutar, junto con sus acompañantes, la pieza La Vitrina Albio Paz, de. Antes había ocurrido el estreno, y de público, como era habitual, campesinos, refirió González González.

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Sergio González González, dio testimonio de antológicos acontecimientos que llevaron al Comandante en Jefe a un vínculo directo con integrantes del Grupo Teatro Escambray, puntal de las investigaciones sociológicas en la serranía. (Foto: Luis Machado Ordetx).

“Tal parece que Nicolás Chaos Piedra, primer secretario del Partido en la Región Escambray, comentó que por allí estaba asentado un grupo de teatro, y que desarrollábamos labores de investigación de campo y contribuíamos a llevar, desde el arte, todas las transformaciones que, con sus respectivos efectos dramáticos, acontecían en la serranía.

 

“La noticia llegó en la tarde. Preparamos enseguida el escenario, a cielo abierto, con montaje de tres torres de hierro que pesaban una enormidad y donde colocábamos las luces. Desde un principio, todos los integrantes hacíamos desde el montaje hasta la actuación.

“Vivíamos con la casa a cuestas, un espíritu que siempre primó porque los fundadores no traían encima nada material, excepto deseos de trabajar y algunas pertenencias personales. La naturaleza, en su espacio, funcionaría integrada al medio y a la acción de la obra.

“No voy a negar que existiera cierta tensión, luego rota cuando el equipo artístico se incorporara a sus respectivos roles. Era una especie de conciencia por los espectadores que teníamos en un momento especial. Claro, conocíamos, además, que luego habría un conversatorio, y el tiempo era propicio hasta para la jarana o la ocurrencia.

“Cuando acabamos la función nadie había comido. Ni ellos y tampoco nosotros. De inmediato surgió la invitación. Traían gallinuelas que seguro cazaron en alguna parte del lomerío. Al prepararlas, asadas, fritas o en salsa, y un ambiente más suelto, Fidel reía. Estaba contento, así lo recuerdo, con la labor investigativa. La pieza dramática, La Vitrina, era una carta de triunfo, o el espejo de los fenómenos individuales o familiares en los cuales se debatía el campesino sujeto a cambios no acontecidos antes.

— Fidel, ¿de qué habló?

“De todo. La conversación duró como dos horas, y marcó un antes y después para sentir propias las alegrías o las dificultades del pueblo. Estuvo interesado por las perspectivas de asentarnos de manera definitiva en la zona. Destacó la trascendencia y particularidades del arte vinculado a los problemas fundamentales de la región. También destacó la urgencia del conocimiento de la historia y los cambios significativos que asumía el país, principalmente del Escambray.

“Eso evidenció su humanismo, y estatura analítica sorprendente. Se interesó por aquella metodología propia, incipiente, de investigación que dejaba frutos en el reconocimiento de las diferencias entre granjeros y campesinos, o de la integración femenina a la producción y las influencias religiosas en los habitantes”.

En San Andrés de Caiguanabo y Guane, Pinar del Río, también hubo un proyecto cultural, de carácter efímero, muy similar al que inauguró el Grupo de Teatro Escambray cuando se asentó, inicialmente, a finales de 1968 en Topes de Collantes. El ubicado en la más occidental de las provincias cubanas solo duró una semana. Al involucrar a estudiantes, campesinos y trabajadores de ese territorio, partió de investigaciones previas con las fuentes orales. Fomentaron dos espectáculos culturales que fusionaron música-teatro-danza-pantomima.
Allí estuvieron Abelardo Estorino, Gilda Hernández, José Hermida, Carmen Collado, René de la Cruz, Lilliam Llerena y Guido López Gavilán . Esos fueron algunos de los integrantes de aquella avanzada cultural que deseó conocer una parte de la épica de la Revolución. Fomentaron programas mitad crónica y mitad periodismo. La idea, válida, pero de poca duración, demostró un camino para la inserción artístico-literaria en las alternativas que sucedían en territorios apartados y sujetos a planes pilotos, tal como se involucró a todo el Escambray villareño.

Así le comento al actor, dramaturgo y director teatral González González, el interlocutor. Incluso, le expongo que tal vez aquella visita del Comandante en Jefe entre el jueves 10 y el sábado 13 de diciembre de 1970 -cuando se verificaron las labores constructivas de las comunidades de La Yaya y Volveremos- aferró la permanencia.

Sergio durante su estancia en Topes de Collantes, como docente de extensión cultural, emprendió relaciones de trabajo con la avanzada teatral que, al menos por una semana, pensó asentarse en el lomerío. Allí se compenetró con las misiones de investigación participativa que hacían Gilda Hernández, Herminia Sánchez, Conchita Ares, Orieta Medina, Adelaida Herrera, Caridad Chao, Helmo Hernández, Albio Paz, Pedro Rentería , Federico Eternod, Miguel Navarro, Elio Martín y Manolo Terraza, los otros miembros del colectivo.

Desde entonces González González estuvo entre los que decidieron llevar el teatro a los más recónditos lugares, y fundar con sencillez junto a otros, una esperanza y un deseo de hacer cultura. Por eso siente alegría cuando le hablo del Escambray. También cuando le menciono el Grupo que ahora dirige Rafael González Rodríguez, dramaturgo surgido a partir de las investigaciones paralelas, de corte histórico-social, que en 1975 guió la doctora Graziella Pogolotti por las comunidades de La Yaya, El Tablón y La Parra, decisivas en las transformaciones agropecuarias del lomerío.

Constructores de historias

La segunda ocasión que Fidel se encontró con los actores del Grupo de Teatro Escambray, de acuerdo con las anotaciones que aportó Jesús (El Médico) Guzmán Pozo, ingeniero pecuario de esa región, quien atesora apuntes de las directivas del Comandante en Jefe para transformaciones de la serranía, puede que aconteciera entre el domingo 31 de enero y el martes 2 de febrero de 1971.

Cito esas fechas porque coinciden con el amplio periplo que llevó a líder de la Revolución por la presa Hanabanilla y su hidroeléctrica, cuando diálogó con los habitantes de ese asentamiento. Allí en el albergue de la Escuela de Remeros durmió la primera noche, y luego visitó Güinía de Miranda, Condado, San Pedro de Palmarejo, la Laguna del Taje, Pitajones, Ancón y Casilda.

—¿Cómo sucedió ese tropiezo fructífero?, pregunté a González González.

 

Fidel-con-Corrier

Fidel  y otros dirigentes, comparten con Sergio Corrieri, integrantes del Grupo Teatro Escambray y pobladores

Mira, Fidel nunca olvida nada. Creo que nosotros estábamos residiendo en los primeros edificios que se terminaron en La Yaya, y llegó una comunicación: “¡El Comandante en Jefe quiere ver otra obra del Grupo, y será por la noche en Los Pinos! El tema será la lucha contrabandidos”. En el repertorio teníamos Unos hombres y otros, original de Jesús Díaz, una de las pocas piezas que, en principio, allá en Topes de Collantes, abordó el presente revolucionario.

 

“Suspendimos el montaje que había programado para una comunidad. De inmediato fuimos en tiempo récord para Los Pinos. Allá llegamos en la tarde-noche. Nosotros tirábamos con fusiles y balas de salva. Por problemas de precaución la Seguridad Personal hizo la revisión del armamento, y hasta cambiaron las municiones por otras que traían. La función concluyó como a las 12 de la noche, y después vino el debate, algo que Corrieri decía que ¨adquiría rango de categoría estética¨.

“Fidel hizo anécdotas sobre la estrategia para liquidar el bandidismo en el país, y hasta porqué en el Escambray hubo que esperar años con el propósito de igualarlo a otros cambios fomentados en lugares montañosos. El tiempo se iba sin darnos cuenta con esa magia de su palabra. Hasta habló de la importancia trascendental de la Cultura en un territorio con esas características, y de cómo el desarrollo agropecuario constituía el alma latiente de esos pueblos.

“De buenas a primera el Comandante en Jefe preguntó a Chaos Piedra sobre el futuro de nuestro Grupo de Teatro, y del significado de un campamento que mejorara las condiciones de vida de los artistas, y hasta dijo, sé que ustedes estarán muchos años por aquí. El primer secretario del Partido en la región Escambray respondió: ¨No, no Comandante. Todavía no tienen un lugar fijo¨. De inmediato le dijo: Pues mañana Corrieri, con algunos actores, y especialistas, localizan el lugar que decidan, y ahí se hará el asentamiento. Imagínate, eran casi las 5 de la madrugada cuando dejó su orientación. Había que cumplirla de inmediato”.

Las obras constructivas se iniciaron el 17 de febrero de 1972 luego de recorrer muchos sitios. Fue un azar que estuviera enclavado a 10 kilómetros de Cumanayagua, municipio que años después pasó a la provincia de Cienfuegos. En la obra, junto a los ejecutores en edificaciones, se incorporaron los integrantes del Grupo, quienes sumaron horas de trabajo voluntario.

“A finales de enero del siguiente año ya tenían concluido el campamento con todas sus áreas especializadas, viviendas, y hasta jardines. Allí está la planta de Macagua, símbolo de hidalguía artística. Al comenzar febrero, con el estreno de El Paraíso Recobrado, pieza de Albio Paz, oficializaron la sede del colectivo. Adiós dijeron entonces a los albergues improvisados, a la casa de campaña por habitación, y reemprendieron con idénticos bríos la vida teatral-investigativa que antes llevaban en sumatoria de presupuestos estéticos excelentemente delineados.

Pueblo Nuevo

A La Yaya, llegó otra vez el Grupo de Teatro Escambray para reponer La Vitrina, de Albio Paz, una pieza de fuerza comunicativa y precisión dramática que aborda los conflictos campesinos ante las transformaciones agropecuarias del lomerío.

Corrieri-en-TV

Sergio Corrieri, en la extrema izquierda, durante una de las escenas de La mala hierba, pieza que aborda la lucha contrabanditos y fue filmada por la Televisión Cubana. (Foto: Archivo de Vanguardia).

De ese texto dijo Sergio Corrieri, director-fundador de la agrupación teatral, según recoge Andrés García Suárez en El Escambray en Ascenso (1973), que “sin dejar de ser una obra de autor, es producto de un trabajo colectivo, de un estudio realizado en común. La obra se corregirá y construirá definitivamente en la marcha y mediante la confrontación». Ya el sábado 19 de febrero de 1972, luego de muchas presentaciones y debates colectivos, tenía un acabado total en su proceso artístico y en la propuesta de análisis y polémica.

 

Ese día, en la noche, una imagen quedó guardada para la historia: Fidel, desde una posición anónima, aparece entre los espectadores. Allí llegó acompañado de dirigentes del Partido, y de una delegación de estudiantes que presidía Sergio Barría, profesor de Agronomía de la Universidad de Santiago de Chile.

Sergio González González puntualiza: “Más que hablar con nosotros, el Comandante en Jefe se interesó en el debate, y en cómo los espectadores repensaban asuntos propios de su realidad inmediata, o en la solución a los problemas. Ya La Vitrina había recorrido, como pieza dramática, un largo camino, pero se disfrutaba por igual. El arte mostró su función social, y contribuyó a afirmar cómo el campesino se adaptó a las nuevas transformaciones y al propósito de una Revolución que lo emancipó. Aquello fue hermoso porque, otra vez, Fidel se vio rodeado de pueblo”.

Trabajos relacionados:
Fidel en El Escambray (I): Génesis de una Fundación
Fidel en El Escambray (II): La Lucha contra Bandidos
Fidel en El Escambray (III): Pueblos, carreteras y presas 
Fidel en El Escambray (IV): Criterios de una mujer 
Fidel en El Escambray (V): De campesinos y cooperativas

 

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6 Respuestas a “FIDEL EN EL ESCAMBRAY (VI): ARTE DESDE Y PARA EL PUEBLO

  1. Marcos Concepcion

    06/07/2017 at 1:50 PM

    No tengo palabras para escribir y con ello calificar el gigantesco trabajo – historico – que se publica aqui en este blog, ‘Cafe Mezclado’, sobre una parte de la historia de un Escambray que una vez fue refugio de los bandidos mas grande que pario una dificil etapa de la Gloriosa Revolucion cubana, pero tambien se dejo constancia de muchas otras cosas positivas plasmadas aqui en tan corto espacio… Yo fui, de cierta manera, testigo de lo que con mucha alegria, tambien tristeza, se cuenta en esta gran historia… Gracias companeros de este prestigioso blog ‘CAFE MEZCLADO’ por el bien que hacen a nuestras nuevas generaciones, porque son ellos los que estan recogiendo los grandes frutos de una verdadera Revolucion, que es la nuestra, la cubana… Gracias…

     
    • hdezsoto

      10/07/2017 at 2:32 PM

      Gracias a usted Marcos Concepción por tan hermoso reconocimiento. Creo, es más, estoy seguro, que el investigador-escritor Lic. Luis Machado Ordext, tanto como yo, dueño y editor de este blog, sencillamente rendimos un modesto homenaje al más grande de los cubanos del siglo XX. Debemos tener en cuenta que esta es su obra tan solo en una porción de nuestro país y del mundo. Gracias de nuevo por hacernos saber cumplido este propósito nuestro.

       

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