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FIDEL EN EL ESCAMBRAY (IV): CRITERIOS DE UNA MUJER

22 Jun

Por Luis Machado Ordetx

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Dora Gutiérrez Bacás, residente en Manicaragua, rebusca en su memoria y vuelve al pasado de un asentamiento poblacional con historias. (Foto: Luis Machado Ordetx).

En el valle que se extiende cuesta abajo en la loma de La Yaya, “Fidel mostró la genialidad de constructor y declaró que el sitio era envidiable” para los proyectos sociales y productivos del país. Ahora el dirigente cubano estaba en las estribaciones que sirven de antesala al Escambray, una geografía solitaria en la parte central de Cuba.

Su propósito: palpar las fuerzas renovadoras del entorno geográfico. Antes llegó a similares parajes en San Andrés de Caiguanabo, en Pinar del Río , y a los futuros pueblos ganaderos de La Habana y de territorios orientales. Ese fue su habitual estilo de trabajo: recorrer y conocer los lugares más insólitos y dialogar con sus habitantes anónimos.

En Manicaragua Dora Gutiérrez Bacás lo afirmó cuando la abordé como testigo de aquellos acontecimientos. Dio riendas sueltas a los recuerdos del surgimiento y desarrollo histórico de una comunidad dedicada a la explotación de vaquerías con equipos modernos para ordeños mecánicos. Nada tenía precedentes para el territorio villareño.

Razones tiene en el pronunciamiento. Casi vio nacer un asentamiento poblacional, y condujo las riendas de los estudios socio-económicos que impulsaron y velaron por el bienestar colectivo y la producción agropecuaria de un lugar que antes fue inhóspito, y ahora adicionaba desvelos económicos.

Desde marzo de 1971, por orientaciones del Comandante en Jefe, se organizó el Grupo de Desarrollo de Comunidades para asentamientos poblacionales, en fase de construcción o de unificación, surgidos con el triunfo de la Revolución. La mujer a quien presento formó parte indispensable de ese equipo.

Un censo de entonces determinó que existían 397 comunidades campesinas -bateyes azucareros o en proceso de integración y construcción-, y de inmediato Gutiérrez Bacás cursó una escuela en predios habaneros y se especializó en misiones sociales, administrativas y político-ideológicas con aquellos campesinos que vendrían a residir a La Yaya, enclave inicial en la base genética de La Vitrina, en Mataguá.

—¿Cómo entendían ustedes la comunidad?, indago. Ella, ahora con 78 años, echa una sonrisa tierna y rememora los tiempos en los cuales laboró en Jibacoa  y Alamar, en La Habana, y dirigió similar proceso en 23 asentamientos poblacionales de la serranía villareña.

—Es un fenómeno difícil de explicar. Hoy no es así por determinadas decisiones. La comunidad era una unidad político-administrativa de gobierno local y desapareció un tiempo después de la elección de los delegados de circunscripciones. Creo que una actividad no interfería con la otra. Era el criterio de Fidel. Había una distinción en los territorios, en la modernización de la agricultura, o en optimizar los recursos del suelo, y educar en tecnologías y comportamiento social. Todo tributaba a alcanzar eficiencia en la gestión productiva de los ganaderos.

vanguardia-escambray“Eso logramos en La Yaya. Allí la fuerza agrícola, sin el pueblo terminado, contribuyó a la construcción de edificios multifamiliares, educacionales, de salud y recreación, o de fomento hortícola. Aquello era un jardín. Todo en los últimos tiempos cambió mucho con cierta desatención en la urbanización rural. Nosotros pretendimos y logramos eliminar, a partir de la concentración de la población, las diferencias entre el campo y la ciudad. Fue el sueño de Fidel. Después de los años 80 del pasado siglo no he ido más por la comunidad, pero no me desprendo de ella jamás, y sé lo que pasa allí.

—Pero, ¿usted habló con Fidel?, y con Raúl Castro ¿también?, inquiero.

—Sí, ¡cómo no! El Comandante en Jefe estuvo 4 veces allí. Primero en la localización del pueblo y la futura construcción de vaquerías, y luego cuando asignó más equipos para levantar los edificios. No lo vi. Entonces no estaba al frente del trabajo comunal allá. Sin embargo, tuve la posibilidad de intercambiar puntos de vista el viernes 19 de febrero de 1965, en Isla de Pinos, cuando concluyó la III plenaria nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC)  . Ahí está la fotografía de la edición de Bohemia de la última semana del mes de ese año.

—¿Qué dijo?

—Estaba parada detrás del asiento que él ocupo en su diálogo con varias delegadas, y de pronto se viró y dijo: usted no va a decir nada. Y solo atiné a contestarle: “¡Comandante!, cuando las muchachitas orientales terminen”. Señaló entonces: ¿de dónde eres?, y respondí de Las Villas, y refirió, hay mucho que hacer por allá para incorporar a la mujer al trabajo socialmente útil y muchos proyectos tenemos por ese territorio, declaró sonriente, y hasta habló de vaquerías mecanizadas, de la superación agropecuaria y de los servicios.

“Después en La Yaya, creo que era el jueves 10 de diciembre de 1970, se apareció con una comitiva del Partido para apreciar la terminación del primer módulo de 24 viviendas montado en la futura comunidad. Allí orientó a todos la importancia social y económica del pueblo, y el trabajo de convencimiento y voluntariedad del campesino aislado que vendría a residir al asentamiento. Allí comprometió a todos para que nada fallara. Enfatizó, incluso, hasta de garantizar la leche a las familias incorporadas, y a situar servicios de ómnibus hacia Mataguá y San Juan de los Yeras , y colocar una posta sanitaria con ambulancia fija y crear una finca de autoconsumo asistida por la colectividad.”

Más de un recorrido hizo Fidel por la región. Del 12 al 16 de febrero de 1971 efectuó el más abarcador. Desandó parte de Cienfuegos y 6 municipios de la regional Escambray. Estuvo por la carretera Mataguá-Báez, en fase de terminación, y conversó nuevamente, a pie de obra, con los constructores de La Yaya, hombres y mujeres comprometidos en cambiar el entorno rural y aislado de las familias y ofrecer otro panorama a la vida comunitaria. Fue ese un método de dirección indispensable para intercambiar criterios con el pueblo y trazar estrategias de desarrollo.

Un año después, por esa fecha, el domingo 20 de febrero, Vanguardia publicó una información: Visitó Fidel el pueblo de La Yaya en unión de la delegación chilena, y un fotorreportaje que confirma el encuentro con pobladores y la repercusión de la pieza La Vitrina, escrita por Albio Paz y montada por el Grupo Teatro Escambray bajo la dirección de Sergio Corrieri .

—Dora, ¿usted hace referencia a esa visita del Comandante en Jefe?

—Sí, allí habló de las perspectivas de la base lechera, del mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo, y que nada material faltara, y lo que restaba por concluir sería responsabilidad de los moradores. Un mes antes de su estancia de horas se mudaron las primeras siete familias. Eso ocurrió el 25 de enero y, poco a poco, el ambiente rural se cambió por ciudad joven. Todos a aprender, a trabajar, a educar a los niños. Los periplos de delegaciones nacionales y extranjeras no paraban. Venían a conocer las transformaciones y el ambiente productivo. Varias veces llegó aquí Laura Meneses de Albizu Campos, la viuda del patriota puertorriqueño.

—Fidel, ¿durmió aquella noche en La Yaya?

—¡No!, voy a aclararte porque más de uno se ha equivocado. Estuvo junto a Arnaldo Milián Castro y Nicolás Chaos Piedra, primeros secretarios del Partido en Las Villas y la regional Escambray, respectivamente, así como el capitán Jorge Risquet Valdés-Saldaña , ministro del Trabajo, y el profesor de agronomía Sergio Barría, quien presidió la delegación de 32 chilenos que transitaban por la provincia en esos días.

“No, el Comandante en Jefe no se quedó allí. Ahora, en el edificio 1, apartamento 24 se crearon las condiciones de alojamiento. Cierto es que observó la vivienda, y discutió en sus habitaciones aspectos puntuales con Milián Castro y Chaos Piedra para garantizar las condiciones de trabajo, y de vida, cada vez más confortables, a todos los moradores. Otra casa, en el edificio 3 apartamento 43, quedó de reserva para su estancia. Durante casi una década el sitio donde permaneció Fidel por unas horas se convirtió en casa de visita, y los visitantes estampaban sus firmas, otros dejaban fotos y recortes de prensa en cuatro libros encuadernados. Todos contaban la historia de la comunidad. Cuando fui a Angola en 1979, allí los dejé, y al regresar jamás los volví a ver. Ya para entonces asumí otras labores de dirección municipal.

—También dijo que Raúl, ¿pasó por allí? ¿Cuándo y por qué?

—Bueno llegó con una delegación militar de la República Popular de Mongolia. Antes estuvieron por la terminal marítima, la planta de Fertilizantes y el ingenio Espartaco, en Cienfuegos. Ya era casi al caer la tarde e indagó: ¿dónde está Dorita, quiero saludarla? Enseguida me avisaron, y declaró: ¡Ah, eres tú!, pues el Comandante en Jefe dijo que te viera para conocer sobre el trabajo de las comunidades, y que ayudaras a las cercanas de las Fuerzas Armadas. Hay que transformarlas al estilo de La Yaya, y por último respondí: Comandante, lo que usted diga se hace”, y luego le mostramos todo el pueblo.

Contorno ganadero

La Agrupación Genética del Escambray, más de la tercera parte del territorio, tuvo su primera base lechera en La Yaya, asentamiento que convirtió a los campesinos en obreros agropecuarios. Hubo después otras similares en La Sierrita, Cumanayagua y Manicaragua, momento que marcó las rutas transformadoras de la ganadería.

La ubicada en Mataguá, denominada por Fidel La Vitrina, dispondría de 40 unidades, con centros de desarrollo, recrías de terneros y vaquerías y animales F-1 obtenidos por cruzamientos entre toros Holstein con hembras Cebú, mayores aportadoras de leche. Los primeros animales llegaron de La Güirita, en Trinidad , y dispusieron de áreas acuartonadas y de rotación en potreros, así como de pangola, pasto ideal para los rebaños, hierba natural y forrajes.

Un tiempo atrás, al mostrar las Directivas del Comandante en Jefe para el Escambray, pregunté al ingeniero pecuario Jesús Guzmán Pozo (El Médico), el por qué en esa zona no existe la vaquería número 1, y la cuenta de unidades comienza en la 2. La explicación que dio fue sencilla: “Fidel se opuso a que demolieran la torre del antiguo ingenio Santa Catalina, en Cardoso, y dijo que ese constituía un patrimonio histórico de la industria azucarera”. Esa fue la razón y no otra en un asentamiento rodeado por instalaciones ganaderas, las numeradas 2; 4; 5; 10; 12; 33; 34; 42 y 43. Al cierre de 1971, a escasos meses de concluir la comunidad, la región produjo 36 millones de litros de leche, unos 20 más que igual período anterior, y 96 vaquerías lograron cero mortalidad en rebaños.

Un criterio de Fidel, cuando en improvisada tribuna sobre un taburete habló en La Yaya luego de la representación teatral, fue un llamado a la conciencia: los índices de gestación, natalidad, de menos muertes de terneros y añojos, y más pastos y chapea de potreros, son el secreto de los incrementos de la masa ganadera.

Una carta a Fidel, en Vanguardia del sábado 9 de octubre de 1971, apunta que “hoy —referido al día anterior— está terminado el pueblo de La Yaya, no importa que muchos escépticos no lo creyeran. Es ya una realidad”, dice el texto. El pueblo a un costo superior al millón 250 000 pesos, y más de 40 000 horas de trabajo voluntario, dispuso de 10 módulos de 4 plantas, con 24 viviendas en cada unidad, y en total 240 apartamentos de 2 y 3 dormitorios. Fueron entregados con sus respectivos muebles y equipos electrodomésticos y cocina de luz brillante y ropa de cama. Todos gratuitos, y contó con conexiones de hidrología y acondicionamiento urbanístico, de servicios comerciales, educacionales y recreativos, así como de un tanque-depósito con capacidad de 60 000 galones de agua.

Un principio del Comandante en Jefe en esa época: No hacemos nada con estar haciendo caminos que apenas viene una primavera desaparecen. Tienen que ser caminos pavimentados. A la larga resulta más económico. Eso constituyó el arma que unió a todas las redes terrestres de la explotación ganadera de la región, y a La Yaya, de manera particular, en su esencia comunitaria.

Las brigadas ejecutoras después se desplazaron a similares asentamientos en La Parra, en Cumanayagua. Especialistas de Planificación Física, Geodesia y Cartografía, Investigaciones Aplicadas, y de Edificaciones Sociales y Agropecuarias, efectuaron las microlocalizaciones de terrenos para edificios en Arimao, El Tablón, El Roble, así como La Sierpe, Caracusey, Managuaco y Heriberto Orellanes (Sancti Spíritus), O´ Bourke y Juraguá, en Cienfuegos, y El Silencio, en Sagua la Grande. Unos serían por sistemas Girón IV, otros por tipo E-14 y Sandino.

Las viviendas fortalecerían el desarrollo ganadero y de cultivos varios en una provincia necesitada de un despegue en lugares con escasas transformaciones sociales.

El Comandante en Jefe, según Vanguardia del domingo 10 de junio de 1973, refirió en La Sierrita que: la comunidad tendrá todo lo que sea capaz de realizar su población. Esa fue la llave, el detonador, que enrumbó la mirada a la gestión de una colectividad con rasgos urbano-rural vinculados al desarrollo agropecuario.

Escenario teatral

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Fidel reunido con integrantes del Grupo Teatro Escambray y pobladores.

A finales de enero de 1973, en sesiones de trabajo en La Macagua, durante un diálogo con Corrieri, “veo en la cercanía a Flora Lauten con su niño, allá en una casa de campaña. De inmediato le dije a Sergio que me prestara a la actriz y dramaturga para que fuera a La Yaya, lugar donde antes pernoctó el Grupo de Teatro Escambray hasta que se construyó su sede definitiva. No hubo problemas, y a la comunidad llegó la joven con tremendo entusiasmo. Hasta casa tuvo por el tiempo que deseó, creo que unos dos años y medio”, apuntó Gutiérrez Bacás.

Después de intercambios con los residentes (vaqueros, obreros agrícolas, operadores de equipos de transporte, carpinteros, enfermeras, maestras, estudiantes y hasta amas de casa), se organizó el colectivo artístico.

A partir de investigaciones socio-culturales, terreno que conocía a la perfección Flora, “se creó el Grupo de Teatro Escambray “La Yaya”, integrado por 17 aficionados”, dijo. Ya “había desde julio de 1971 un precedente con los proyectos que dirigieron alumnos de Humanidades de la Universidad de La Habana para favorecer la política cultural. Graziella Pogolotti, junto a Helmo Hernández, el coordinador, encabezaron los trabajos de carácter socioeconómico y productivo con los obreros agrícolas y campesinos”, refirió. Con observación participativa y entrevistas, se realizaron actividades teatrales y de animación artística. El terreno estaba abonado desde entonces.

Notas de prensa en Vanguardia resaltan que el 2 de mayo de 1973 comenzaron los ensayos para la puesta en escena de ¿Dónde está Marta?, texto dramático que abordó la problemática de incorporación de la mujer a faenas agropecuarias. Esa siempre fue una preocupación de Fidel desde que se celebró la Plenaria Nacional de la FMC en Isla de Pinos.

Después vinieron otras representaciones a semejanza de la estética de Teatro Escambray: el debate colectivo, y el diálogo actor-público. Son significativas en La Yaya las piezas El secreto de la mano, referida al oscurantismo; Este silencio tiene dueño, que insiste en el matrimonio joven y las limitantes femeninas para sumarse a las vaquerías, y ¡Qué se apaguen las chismosas!, recreo de la existencia de pueblo nuevo y en transformación económica y social. Después se estrenaron otras: ¡Ay señora, mi vecina, se me murió la gallina, atenta a la responsabilidad social y el cuidado del medio ambiente, y De cómo algunos hombres perdieron el paraíso, alegórica a los credos religiosos que proliferan en los campos cubanos.

—Dora, ¿qué decía la gente?

—Imagínese, allí todos hablaban de la grandeza de la Revolución al convertir en artistas a trabajadores-vecinos que, en idéntica forma, entretenían a la colectividad y aleccionaban en temas productivos y sociales. También se impartieron en la comunidad cursos de amarres de cabillas, ordeño mecánico, peluquería, corte y costura y la creación de aulas de superación educacional.

Al año de fundar el poblado ganadero ya vivían allí 744 personas de diferentes edades, según reportes de Vanguardia, el rotativo villareño, y el universo comunitario acentuó sus perspectivas económicas.

Trabajos relacionados:

Fidel en El Escambray (I): Génesis de una Fundación
Fidel en El Escambray (II): La Lucha contra Bandidos
Fidel en El Escambray (III): Pueblos, carreteras y presas
Fidel en El Escambray (V): De campesinos y cooperativas
Fidel en El Escambray (VI): Arte desde y para el pueblo

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6 Respuestas a “FIDEL EN EL ESCAMBRAY (IV): CRITERIOS DE UNA MUJER

  1. María Victoria Valdés Rodda

    23/06/2017 at 7:13 PM

    FIDEL GRANDIOSO. ¡Que vida tan llena de emociones ha tenido este país!

     
    • hdezsoto

      27/06/2017 at 4:33 PM

      Así es. Estos trabajos me han permitido conocer mucho más de los empeños multiplicados y profundos de toda una vida (Fidel) dedicada al bienestar de su pueblo.

       

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