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Pedro de la Hoz, ¿quién le debe a quién?

03 Abr

Por Pedro Hernández Soto

CUBA-LA HABANA-PRESIDE DÍAZ-CANEL ACTO DE ENTREGA DE LOS PREMIOS NACIONALES DE PERIODISMO

Fue la tercera vez. En esta ocasión yo seguía con atención sus palabras dadas a nombre de los galardonados con el Premio  Nacional José Martí por la Obra de la Vida -el pasado viernes 10 de marzo en el Mausoleo conmemorativo del Apóstol de Cuba– que confiere, con particular celo, cada año, la Unión de Periodistas de Cuba. Le habían dejado la “pista” caliente pues, rompiendo el protocolo, la carismática doctora Isabel Moya,  actual directora de la Editorial de la Mujer, había dado un magnifico discurso.

Mientras le escuchaba me sentía orgulloso de haber trabajado junto a él y a la vez  trataba de hilar cuantos aspectos nos unían: la amistad entre nuestros progenitores allá en Cienfuegos,  la cercanía de los domicilios originarios, su llegada como recién graduado al periódico Vanguardia , la compartida cobija profesional que nos brindó ese gran periodista que fue su tío Roberto González Quesada -tronco fundacional y prestigiado del diario Vanguardia a quien sobre nombrábamos El Patriarca-, los avatares de las ediciones diarias en aquellos difíciles tiempos de la implantación de las Tesis y Resoluciones del 1er. Congreso de Partido, y las magníficas relaciones estrechadas desde entonces cada día más. Cuando aquello era delgado, su voz juvenil, igual de inquieto y polémico, y dejaba asomar el talento que desarrollaría en muy poco tiempo.

Días antes me había enviado una invitación al acto con la petición que asistiera sin falta. Supuse una agradable trampa, algo que acostumbra pues lo había hecho con anterioridad. Así, en un momento de su discurso mencionó con nombre y apellidos a varias personas que a su entender fueron decisivas en su desarrollo: “…mi tío Roberto González Quesada, distinguido también con el Premio Nacional de Periodismo José Martí; Armando Hart, Pedro Hernández Soto, Enrique Román, la indómita Marta Rojas, mi amigo Miguel Barnet y mi compañera Virginia Alberdi…”.

Al terminar las premiaciones se me acercó sonriente, mas cariñoso que afable-aunque apresurado por acudir de inmediato hacia una reunión en la UNEAC– para decirme, con ese timbre algo ronco que ahora le caracteriza: “¡Viste!”

Pero no le fue suficiente. El 14 de marzo el apreciado José Luis Estrada Betancourt, especializado en el periodismo cultural, publicaba en Juventud Rebelde la entrevista “Informar es una gran responsabilidad”   donde el galardonado expresó: “Luego me trasladé para Santa Clara donde, por suerte, hallé al otro gran director, Pedro Hernández Soto, ‘famoso’ por su mano dura con los periodistas, pero también porque los defendía a capa y espada. Hernández Soto me puso, sin embargo, al frente del equipo económico de Vanguardia, para así garantizar las dos cosas (sonríe). Escribía sobre estadística, planificación, normalización, temas que parecían muy áridos pero que después descubrí no lo eran tanto… Tocar varias áreas me reafirmó mi perfil cultural, y a la vez me confirmó la idea de que la cultura va más allá del arte y la literatura; es un concepto antropológico muy amplio, que tiene que ver con la producción de sentido, con los saberes acumulados a partir del proceso de decantación y asimilación”…

Póngase en mi lugar amigo lector: imagínese citado junto a tales personalidades en aquel lugar y ese momento; la reiteración en medios de prensa de un aporte considerable a la formación de un intelectual de tal calibre, porque olvidaba decirle que cuando le fue conferido el Premio Ramal Jorge Enrique Mendoza por la Obra de la Vida, Cubaperiodistas publico  el miércoles 3 de marzo de 2010 parte de sus palabras donde aparece: “…este premio ha llenado de satisfacción a gente que quiero mucho y que han tenido que ver con mi desempeño periodístico. Los sintetizo en tres nombres: Pedro Hernández Soto, Enrique Román y Marta Rojas…”.

Si El Patriarca pudiera conocer mi situación actual de seguro se divertiría y esbozaría aquella media sonrisa que le caracterizaba, honesta sin dejar de ser irónica. Conocedor de las cualidades de su sobrino, dos aspectos hoy le proporcionarían mucho regocijo: las cumbres alcanzadas y el ser hombre agradecido en extremo para con quienes han influido en su vida (aunque en grado minúsculo como en mi caso).

Pedro de la Hoz estuvo en Vanguardia dos veces, primero proveniente de las aulas universitarias con el débito de aprobar la Educación Física para alcanzar su graduación cuando era Félix López el director del SEDER en la Universidad Central de Las Villas,  quien lo incorporó a un curso recién comenzado para cumplir el requisito antes citado.

De inmediato se integró, sin reservas ni diferencias, al equipo de viejos reporteros -algunos con bajo nivel escolar pero vasta sapiencia- de quienes bebió experiencia, y también a los jóvenes como Mercedes Rodríguez García, José Antonio Fulgueira  y los desaparecidos Rene Ruano Arencibia e Ifrain Sacerio. Este último piquete de “los varoncitos” se reforzaba con los humoristas de Melaíto  : Roland, Panchito, Celia, Linares, el entonces benjamín Martirena, con Pedro Méndez  , su jefe, al frente.  Todos ellos unidos conformaban un coctel realmente explosivo.

En Villa Clara tanto ex integrantes de brigadas millonarias de corte de caña manual o mecanizado, obreros de la producción o los servicios, deben recordarlos en sus funciones reporteriles y también disfrutando de sus fiestas en las cuales siempre encontraban un espacio como polémicos repentistas o cuentacuentos. En fin, eran muy “divertidos” después de realizar su trabajo con profundidad y total seriedad.

Pero un buen día, en aquel diario de unos momentos distendidos y otros tensos,  el hoy destacado escritor José Antonio Fulgueiras y Pedro regresaron al periódico con un “pequeño” atraso. “Cubrieron” un acto en una empresa ubicada fuera de Santa Clara, se embullaron en el brindis y participaron hasta el final. Sabedores que esa información cerraba la edición, presumieron que yo la sustituiría por otra. No lo decidí así, a su llegada tuvieron que prepararla con todas la de la ley y afrontar el regaño ante los integrantes de un colectivo, demorados en la terminación de sus tareas y regreso al hogar. Nunca más volvió a suceder.

Después marchó a Cienfuegos a participar en la inauguración y puesta en marcha del 5 de septiembre para, tras ganar en La Perla del Sur un bien ganado prestigio, regresar a Vanguardia por algunas incomprensiones que, disgustado, no soportó su carácter fuerte y rebelde.

Permítame ahora un botón de muestra: Nunca olvidaré la ocasión cuando corrió peligro la inmaculada continuidad de la  publicación dominical de interesantes trabajos en la página cuatro; era la  época del periódico en formato grande -no de tabloide como ahora- y la hacíamos apaisada para  diferenciarla. Al conocer la situación fue hasta mi oficina y me ofreció: “¿Te  sirve una página de Los Beattles? A lo que asentí contra algunos tontos prejuicios de la época.

Estaba avanzada la tarde sabatina.  Yo no tenía otra opción y decidí “jugármela”. Seguí paso a paso su trabajo. Pedro, más que satisfacerme me asombró: se sentó ante una máquina de la redacción y escribió aquella información ampliada, sin detenerse un instante ni consultar fuente alguna para, en pocos minutos, entregarme un trabajo brillante.

Él ganó y ejerció un  liderazgo en aquel periódico trepidante por consumar su misión informativa y orientadora, en esos momentos dirigido por un eterno aprendiz de una hermosa profesión. Colaboró de modo destacado en alcanzar más rigor en el ejercicio de la crítica, en fortalecer las relaciones interpersonales, elevar la calidad de nuestra agenda mediática, hacer crecer la preparación profesional de todos. ¿Algún director hubiese querido más?

Entonces, querido Pedro de la Hoz González, ¿quién le debe a quién?

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4 Respuestas a “Pedro de la Hoz, ¿quién le debe a quién?

  1. Roberto A. Paneque

    05/04/2017 at 12:49 PM

    Pedro Hernández, a Pedro de la Hoz lo conoces mejor que yo, claro está; pero mira este detalle: fuimos el y yo compañeros como cinco años en un medio de prensa por lo que le veía y le oía a diario; sin embargo, hace un par de años le ví interviniendo en una reunión en Madrid donde se trataba de promocionar la Rumba Cubana como Patrimonio de la UNESCO, y me quedé sorprendido sobre el dominio que desplegó Pedro de la Hoz allí en ese foro. La sede era el Museo de América de Madrid. Habló de todos esos temas históricos de la rumba, de la esclavitud, de la cultura cubana con una soltura tal que me dejó gratamente impresionado. ¡Siempre te deseo a tí y a él lo mejor! ¡Un abrazo a los dos! Y eso de quien agradece a quien, a ti te agradecemos muchos periodistas como siempre te comportaste con nosotros, y algunos en situaciones difíciles, ¡nunca nos abandonaste!

     
    • hdezsoto

      06/04/2017 at 8:33 PM

      Gracias Roberto. ¡Por favor, no eches más leña al fuego! Ja, Ja, Ja… Salud y éxitos. Un abrazo.

       
  2. alexiscanovas

    06/04/2017 at 9:08 PM

    HONOR A QUIEN LO MERECE… MÁS SI ES MODESTO.

     
  3. Eliecer Cabrera Perez

    07/04/2017 at 4:28 PM

    Muy interesante esta Historia de aquellos inolvideables tiempos, recibe un abrazo de quien te aprecia Eliecer Cabrera

     

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