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Fidel y mi mayor orgullo

13 Ago

Por Magaly García Moré

Fiedel en Vietnam. Foto de Cubadebate.

Fidel en Viet Nam. Foto de Cubadebate

Lo digo así, rápido, pronto, claro, el mayor orgullo que atesoro en mí ya larga vida, es ser parte de la generación de Fidel. Primero el impacto del asalto al cuartel Moncada, y luego, el descubrimiento definitorio de su pensamiento político en su autodefensa en el juicio, me identificó definitivamente  con sus convicciones y de cuál era el camino de nuestro pueblo.

Formo parte de los humildes a quienes convocó para hacer una Revolución “más grande que nosotros mismos”, como la calificara en algún momento. La vida me situó en coyunturas en las que en más de una ocasión pude verlo, oírlo, y cada uno de esos momentos fueron siempre un estímulo muy especial.

De Fidel siempre aprendimos y nos mostraba en un ejercicio para pensar, el camino que se abría ante nosotros. Desde la carta a Celia  (mayo de 1958) donde fijó su permanente combate contra el imperialismo yanqui y reconocía que ese sería su “destino verdadero”. Podríamos sumarle el hondo sentido de la dignidad, el honor, la soberanía y la independencia que formaban parte de  este pueblo, ganado en desigual combate para llegar a tener la Patria deseada. Aprendimos el verdadero sentido de la justicia social, la solidaridad, cuando parecía que Cuba se perdía en el deshonor y la falta de integridad. Su palabra y su accionar en defensa de las causas más justas acometidas durante más de medio siglo en cualquier parte del mundo, contaron con su decidido trabajo en favor de los pueblos agredidos y necesitados.

De manera particular recuerdo su labor de abogado defensor del pueblo vietnamita, un ejemplo de internacionalismo que ha quedado para la historia. Qué decir en los combates sucesivos a favor de  Angola, Venezuela, Nicaragua. La labor  de médicos, maestros y constructores, combatientes, otros profesionales y especialistas que en este tiempo dejaron su quehacer como ejemplo permanente.

En Viet Nam coincidí con Fidel. Era  el año 1973, en el que lamentablemente tuvo lugar el cruento golpe de estado al Presidente Allende, pero el Comandante en Jefe tuvo la oportunidad de visitar la zona liberada de Viet Nam del Sur y recuerdo el  encuentro con los cubanos que nos encontrábamos en Hanoi. Se le veía feliz cuando afirmaba que este pueblo estaba ganando una guerra contra el ejército norteamericano ìen bicicleta! Allí esbozó a grandes rasgos cómo y cuánto podíamos ayudar al valeroso pueblo.

Un recuerdo imborrable ocurrió el 5 de agosto de1994. En ese entonces estaba al frente de la emisora Radio Rebelde, Antonio Moltó y yo nos pusimos de acuerdo para enviar un grupo de periodistas con tres móviles y situarlos en la zona de La Habana donde tenía lugar una algazara contrarrevolucionaria que fue disuelta en poquísimo tiempo con la participación de trabajadores movilizados con tal fin y la presencia de Fidel, que llego a la avenida del Prado desprovisto de armas, lo que  resulto un gesto impactante. Los periodistas de RR que se encontraron con él lograron entrevistarlo. Qué formidable momento.

Durante anos creó las mejores condiciones para el estudio de las nuevas generaciones, posibilitó que pudiera ser obligatoria la enseñanza hasta el noveno grado y que nuestros jóvenes pudieran formar parte de un país de seres humanos que sentaran las bases para el desarrollo científico: la creación de escuelas secundarias, vocacionales y vocacionales de ciencias, constituyeron la simiente de lo hoy alcanzado.

Nunca podríamos olvidar la campana de Alfabetización, algo sin precedente en este continente o en cualquier otro, que permitió dar al pueblo cubano el más elemental derecho humano de saber leer y escribir. Derecho aun  negado a millones de personas en el mundo.

Son temas en los que me vi involucrada de modo muy directo, y me marcaron para siempre. Por eso no hemos perdido la esperanza ni la confianza en Fidel, por muy difícil que fueran algunos de estos tiempos.

En su 90 aniversario, es un proceso enriquecedor volver sobre sus pasos. Y me permito sentir y sonar como la primera vez en  que lo vimos llegar ya de noche al campamento militar de Columbia para expresar a viva voz: ìVIVA FIDEL!

 
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Publicado por en 13/08/2016 en Cuba, Historia, Política, Revolución, Sociedad

 

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