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Fidel, siempre humano, siempre de carne y hueso

09 Ago

Por Pedro Hernández Soto

de Cubadebate

Foto de Cubadebate

Aquel seis de enero de 1959 no presumí que tanta justicia social se avecinaba. A escondidas había leído una copia de La Historia me absolverá, forrada como una libreta escolar. Su contenido me abrió muchas esperanzas y marcó el camino a seguir.

El dos de enero comenzó el recorrido triunfal de la Caravana de la Libertad desde Santiago de Cuba hasta La Habana, Fidel al frente. El pueblo se aglomeraba a su paso por la Carretera Central, en ciudades, pueblos, bateyes y campos, para mostrarles el regocijo popular a los libertadores; una excitación patriótica dominaba el país de oriente a occidente. Mientras, junto a combatientes del 26 de julio en el Escambray, eran jornadas de mucha acción, poco descanso y escasa comida, ocupados en detenciones de esbirros y confidentes, ocupación de armamentos, registros en busca de fortunas ocultas e información, custodia de bienes patrimoniales y otros.

Cumplíamos nuestros deberes con urgencia sin pensar en algo más que ordenarlo todo con probidad y equidad. Supimos que el 5 Fidel estaba hablando en el parque Leoncio Vidal a los santaclareños y  anunciaba una visita a Cienfuegos.

En el parque José Martí, justo a la entrada del edificio del antiguo municipio sureño, hoy sede del Poder Popular provincial, se instaló una rastra para ser usada como tribuna. Allí me fui con mi uniforme y mi mejorado armamento, ahora una pistola española Llama de 9 mm, en la primera línea de una multitud que esperó a pie firme desde el anochecer. Por la demora en hacer acto de presencia hubo muchos rumores: si estaba esperando al Che y Camilo para una reunión, si había ido a comer a Covadonga (era un lugar obligado a visitar en Cienfuegos), si estaba en la casa de la casa de odontólogo combatiente del Ejército Rebelde, etc.

 Ya era fría y despejada la madrugada del 6 cuando llegó Fidel. Fatigado el rostro, descuidada la barba, ajado el uniforme verde olivo, invulnerable el espíritu se veía a la vez imponente y auténticamente sencillo. Habló para los cienfuegueros y toda Cuba en un discurso para mí muy corto, demasiado. Yo estaba alelado, de su intervención tan solo recuerdo su decisión de incluirnos en la ruta victoriosa para saludarnos y rendir homenaje a los mártires del 5 de septiembre. Se comentó sobre una reunión celebrada para resolver los roces provocados por algunos integrantes del II Frente. Fue uno de los momentos más hermosos de mi vida, guardo muy bien en mi memoria aquellas imágenes, incluso la de un soldado rebelde rendido por el cansancio, quien supuestamente custodiaba mientras entrecerraba por ratos los párpados, apoyado en un fusil Garand.

Fue una alocución que no supe apreciar en todas su profundidad y amplitud. Más que el estadista preclaro vi en él al héroe guerrillero, al organizador y realizador de la guerra liberadora. Mi alegría por el derrocamiento de la tiranía y la presencia del protagonista, empañaba la panorámica reiterada allí sobre una Cuba justa y desarrollada, ya anunciada en El Programa del Moncada.

En la segunda mitad del decenio de los años 80 del pasado siglo fui designado por el Departamento Ideológico del CCPCC –donde laboraba- para representarlo en el llamado Grupo Central. Lo conformaba un  conjunto de ministros seleccionados que se reunía cada semana a discutir de sus planes, gestiones, aciertos y desaciertos. Antes yo debía estudiarme a profundidad los informes presentados y prepararme para asistir a aquellas rendiciones, siempre con comienzo fijado para las tres de la tarde  y extendidas hasta primeras horas de la madrugada. De todo lo escrito y discutido debía notificar al siguiente día a mi jefe del departamento y seleccionar la información que brindaríamos a los directores y jefes de información de los medios de comunicación. Tres veces la dirigía el compañero Osmany Cienfuegos, secretario del Consejo de Ministros, y una, al final del mes, Fidel.

Ya allí pude, con mayor precisión apreciar “en vivo y en directo” la grandeza de El Líder de la Revolución Cubana (para mí no vale lo de “histórico” pues lo fue, lo es y lo será siendo por siempre), perenne en el razonamiento más profundo, con la opinión acertada, con la valoración más justa.

Recuerdo en una ocasión cuando presente el ministro de un organismo promotor de un nuevo contrato con clientes que disfrutaban de un servicio escaso en la población pero necesario para toda la familia, que incluía una nueva cláusula para retirarlo de inmediato si el titular fallecía. Cuando supo aquello el Comandante en Jefe se indignó, y dando extendidos pasos a todo lo largo del fondo de la presidencia, criticó con toda dureza a los promotores y les calificó como buitres que daban vueltas alrededor del moribundo para esperar su muerte y en medio del dolor de los familiares cancelar la prestación.

La más reciente fue a comienzos de la década de los 90 cuando me desempeñaba como vicepresidente del ICRT para atender los servicios informativos de la televisión. Se reunió él con sus compañeros de la columna 1 que bajó sus órdenes combatieron en la Sierra Maestra en la guerra nacional liberadora ocurrida entre 1956 y 1958, y el acto se grabó completo.

Al término del mismo preguntó: ¿Quién está aquí por la televisión? Entonces me le acerqué rápido y contesté “Yo, Comandante”. Avanzó hacia mí, vi con asombro como puso su brazo derecho sobre mis hombros e inquirió: ¿Cuándo piensan ustedes transmitir esto? De inmediato contesté que en horario estelar. Me dijo entonces, con mucha delicadeza: “Pero que sea después de la novela para que la gente no se moleste”.

Ahora no cesan, alrededor del aniversario 90 de su natalicio, los testimonios de campesinos, obreros, intelectuales, investigadores, estudiantes, amas de casa, atletas y dirigentes sobre acciones de Fidel que le han ganado afectos, simpatías y seguidores en escala planetaria. No hay cubano vivo que no haya conocido del accionar de este hombre que decidió vivir enalteciendo la pobreza digna y solidaria.

Cada día los medios de comunicación traen mensajes de felicitación a Fidel por su cumpleaños y reconocen su labor por el bien de la humanidad; lo realizan desde jóvenes hasta viejos, creyentes o no, mujeres y hombres, seres de cualquier color de piel o preferencia sexual, en un concierto planetario. Creo no obstante que aún no se puede tener una dimensión exacta de su grandeza. ¡Que suerte hemos tenido los desposeídos del mundo!

 

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4 Respuestas a “Fidel, siempre humano, siempre de carne y hueso

  1. Eiecer Cabrera

    09/08/2016 at 9:37 PM

    Estimadoamigo Pedro como todo lo que escribes muy bueno un abrazo de Eliecer Cabrera

     
    • hdezsoto

      10/08/2016 at 3:31 PM

      Gracias Eliecer. Como comprenderás son recuerdos y a la vez compromiso el detallar las acciones de este excelente hombre.hombre

       
  2. Maga

    10/08/2016 at 1:07 PM

    Buenos recuerdos, amigo, Y deben ser para el disfrute de muchos y no unicamente para los hijos y los nietos… Un abrazo, Maga

     

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