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INFARTO

02 Oct

Por Pedro Hernández Soto

h fjardoMe tiré en una cama unipersonal y empecé a especular cómo salir. Al acostumbrarse mi vista a la oscuridad pude divisar algunas pequeñas hendijas en las paredes y tres pequeños cilindros de gas (balitas) alineadas al lado de una de las paredes. Pensé tomar una de ellas como ariete y emprenderla contra la puerta pero ¿y si se estropeaba la válvula?, entonces moriría asfixiado. Esa no era la mejor variante.

En mi mortificación y todo lo molesto que era capaz grité:
¡Coj…, abran aquí!

Al momento se encendió una luz sobre mi cabeza (aún continuaba acostado), se me acercó un rostro que no reconocí y me preguntó:

  • Pedro, ¿qué te pasa?

Mi contesta fue:

  • ¿Y quién coj… eres tú?

Su contesta fue tranquila, calmada, apaciguadora:

  • Soy Leordanis, el enfermero…

Yo continuaba “verde”, aún no volvía por completo a la realidad, continuaba en el cuartico oscuro. Pensé que era uno de los cómplices. Le dije:

  • ¿Y dónde coj… estoy?

La nueva contestación en el mismo tono, con trasuntando paciencia:

  • En la sala de Cardiopatía, en el hospital Fajardo, donde te estamos atendiendo…

Orígenes

Me senté y entonces reconocí el recinto donde estaba recluido. Los restantes pacientes (tres) me miraban sonrientes como anuncio de las burlas que sobrevendrían después. Mi grito se había oído en todo el piso. Era mi última pesadilla en aquellos ocho días de ingreso en aquella instalación donde me habían salvado la vida. Era el recién pasado lunes 15 de diciembre y ese día me daban el alta.

Todo había comenzado el viernes 5 de diciembre. Por la mañana salí con mi hijo Ernesto, en el viejo Peugeot de la familia, a resolver algunos asuntos y llegué tan agotado que me tiré en la cama, solo me levanté a almorzar y comer. Sábado y domingo fueron al calco. El lunes viendo que aquella debilidad persistía me llevaron al policlínico, allí me examinaron, me pusieron bajo observación y, al estar todo normal, me devolvieron a casa con la advertencia de ir al hospital si se repetía el malestar.

La noche fue testigo del sumum. Contestaba incoherencias a las preguntas de mi esposa Genys e hija Lidia. Dos vecinas acudieron en mi ayuda a medirme la presión arterial: Maira, hipertensa, y después Rosita, enfermera con tres misiones internacionalistas. La segunda advirtió la gravedad de la situación y consultó con su esposo, médico, quien recomendó: ¡No pierdan tiempo y llévenlo de inmediato para el hospital!

Al momento mi hijo Pedro estaba dispuesto y allá me llevaron. Hacía 11 años no visitaba ese sanatorio: me impresionaron su higiene y elegancia.

Usted puede imaginarse: medición de la presión arterial, electrocardiograma, análisis de sangre y orina; e ingreso por infarto agudo de miocardio. Yo me encontraba como si me “hubiese pasado el brazo”, Savón, el estelar super completo de nuestro equipo de boxeo Los domadores de Cuba.

En plena madrugada vomité y cuando amaneció lo que me cayó arriba fue tremendo, el protocolo previsto para los casos como el mío: medición de la presión arterial (4 veces por día), dos electrocardiogramas en igual espacio de tiempo, suero con antibiótico para combatir una infección en los riñones (cuatro frascos por día), otros medicamentos (mañana y tarde), reposo absoluto, rígida dieta, baño en la cama.

Pero lo realmente más impresionante fue la calidez de la atención, desde los galenos hasta el personal de servicios. Complacientes y enérgicos, profesionales y criollos, todo en su justa medida. ¿Sus nombres? No puedo darlos todos y, ofrecer tan solo algunos, sería injusto. Trabajan en turnos de 24 horas con descanso de 48. Los relevos y las entregas siempre fueron puntuales. No conocí de ausencias.

Así se sucedieron aquellos ocho días, con un frío para mí atroz, sin apetito y loco por regresar a mi casa. Hasta que al fin llegó el lunes 15 de diciembre y me devolvieron a mi familia.

Fue una experiencia tremenda. No tan solo en a vivir en carne propio la calidad de las ciencias médicas cubanas, que es bastante, sino también algo muy importante: tener una dimensión más exacta de cuánto me quieren mi familia y amigos. Es justo vivir para reciprocarlos.

¡Ah, olvidaba algo! Cuando conté a mi amigo Juan (creyente) la pesadilla que abre esta crónica, me dijo:

¡Eso es que te querían llevar y Ollá (deidad yoruba que rige los cementerios) no quiso llevarte todavía porque… tú eres muy fuerte!

Lo cierto es que hoy, diez meses después, atendido por cinco médicos de diferentes especialidades, ¡puedo hacerle el cuento!

 
8 comentarios

Publicado por en 02/10/2015 en Uncategorized

 

8 Respuestas a “INFARTO

  1. Eduardo Cruz

    02/10/2015 at 1:55 PM

    Pedro
    Felicidades. Estuve al tanto de ti por los amigos comunes y extrañaba tu blog.
    Me alegro de tu vuelta al “ring”, no te fajes mas con Savon, escoge uno mas chiquito y que se faje tu nieto con el.
    Un abrazo de hermano
    Eduardo

     
    • hdezsoto

      06/10/2015 at 3:02 PM

      Gracias Eddy. ¡Al fin apareces! Mañana me opero por cataratas del otro ojo (el derecho fue el 18.98) Tardaré un tiempo en reincorporarme. Recibe mi más afectuoso saludo y un abrazo rompecostillas. Me debes una visita, coño

       
  2. carlos

    02/10/2015 at 3:29 PM

    pedro, imaginaba que te habia pasado algo grande, sorpresa que estas de nuevo en la BATALLAZ

     
    • hdezsoto

      06/10/2015 at 2:59 PM

      Bueno, hago pininos. Mañana me operan de catratas el otro ojo: el primero fue jace 17 días. Por eso estaré fuera de circulación otros 20 o más. Gracias.

       
  3. Caridad Miranda Martínez

    05/10/2015 at 12:10 AM

    Parafraseando el título de un libro de Gabriel García Márquez: Sobreviviste para contarlo. Y lo seguirás haciendo por mucho tiempo, mi viejo compañero y amigo. Muy conmovedora y linda tu crónica. Te deseo salud y fuerzas para afrontar los retos propios de la adultez con mayúscula. Recibe un abrazo todo lo fuerte que puedas resistirlo, y mis sinceras muestras de afecto para Genis y el resto de la familia.
    Caridad Miranda

     
    • hdezsoto

      06/10/2015 at 2:58 PM

      Gracias Cary. Mañana tendré la 2da operación de cataratas (la anterior fue hace 17 días). En cuanto pueda te llamaré para encontrarnos. Un beso grandeeeeeeeeee…

       
  4. crucence

    06/10/2015 at 9:32 PM

    Tu ausencia nos preocupaba, hoy veo que sigues en la lucha, nos alegra, capitan de mil batallas.
    Como decia un borrachin en mi querido Cruces: “Hay hombres que no mueren… hay que matarlos”, pero dudo que exista un ser, por maligno que sea que se atreva a arrebatarnos tu presencia , tu amistad, tu bondad y tu alto espiritud de compañerismo.
    Que sigan esperando las viejas rejas del porton del camposanto Cienfueguero “Tomas Acea”, que el Pedro sigue dando lucha y ahora mas que nunca, mesclando ideas y reflexiones (como buen Ingeniero Quimico) para entregarnolas cual jaibol de sabidurias en cada sorbo de su Cafe Mesclado

    Abrazos Juan Leon

     
    • hdezsoto

      19/02/2016 at 2:39 PM

      Ja, Ja, Ja… Juan, genio y figura por siempre… porque nunca tendrás sepultura

       

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