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Joseíto La Fiera en un hotel de La Habana

17 Mar

Por Pedro Hernández Soto

Un lón vestido de verde toma un billete de $20.00La historia me la pasó el “combatiente” Teddy Vital una reciente tarde semilluviosa, de esa que los cubanos llamamos invernal, mientras degustábamos un café hecho con el de la cuota, vendido a precios  subsidiados, y que da título a este blog.

Una mañana de aquellos días iníciales de la beca en la Universidad de las Villas, tras desayunar, reposaban ambos en sus respectivas literas, en el edifico recién terminado para los becarios. Se avecinaban tres días de asueto –algo extraño- en el Curso de Nivelación.

De pronto La Fiera le propuso: “Combatiente, vámonos para La Habana”. A lo que rápido contestó Vital: ¿A qué y con qué dinero? “Allá está el equipo de básquet ball jugando el interuniversidades” y sin siquiera voltearse continuó pensando y ripostó en voz alta voz alta: “Tengo veinte pesos, tú cobraste el estipendio ayer y debes tenerlo completo pues desde entonces no te he visto gastar nada. Con eso alcanza y sobra. No te preocupes y confía en mí.”

La Fiera lo convenció -aunque Teddy argumentó que el efectivo alcanzaba tan solo $32.00 exiguos pesos- y pusieron en marcha la aventura con tremenda disposición y esos pequeños fondos. Se vistieron con sus nuevos y relucientes uniformes verde olivo (ambos pertenecían al Grupo Independiente de Artillería integrado por personal universitario) , en mochilas de igual color pusieron ropa interior, y encaminaron sus pasos a la Carretera Central para “coger botella”. No tardó en pararles un camión militar manejado por un soldado soviético con el cual no pudieron intercambiar ni una palabra durante todo el viaje.

Se bajaron en lugar de la desconocida Capital que ahora no recuerda y preguntando llegaron al hotel X, del cual el padre del relator había dado muy buenas opiniones, por lo económico y el servicio que brindaba. Y ocurrió el primer problema: tras reservar una habitación doble por dos noches, a $3.50 cada una, tuvieron que dejar $20.00 en fondo. Esto les dejó el capital en $5.00.

Por la noche dieron una vuelta por La Rampa y engañaron el hambre con lo más barato que encontraron, sendos panes con una papa rellena cada uno. No intercambiaron por lo complicada de la situación aunque no faltaron los alientos de Joseíto. Al otro día se levantaron temprano y “con las tripas fajadas a las mordidas”  se dirigieron al SEDER de La Habana. Allí conocieron que la Universidad de Las Villas jugaba por la tarde y se albergaban en el actual hotel Comodoro.

Bajaban de nuevo a La Rampa para tomar la guagua para Playa cuando tuvieron que incurrir en otro gasto, un pan con tortilla para los dos. Era media mañana y pasaban frente al hotel Habana Libre cuando el “jefe de la expedición” invitó al relator a entrar. Tomó un teléfono, sacó su tarjeta de huésped y marcó un número.

La conversación sostenida la recuerda tan solo en sus cuestiones esenciales. Y me la contó así:
“Con tono enfático preguntó: ¿Es hotel X? ¿Está residiendo ahí el Capitán Joseíto La Fiera? Sí, entonces póngame con él. ¿Que no está? Póngame entonces al Teniente Vital.  ¡Qué también salió! ¿Y no dejaron ningún recado? Entonces alzó la voz y dijo: ¡Qué carajo se creen estos dos! ¡Bueno, cuando aparezcan usted les dice de parte del Comandante Z (dio los apellidos de un becario amigo), que ellos mandan en su unidad militar pero no son los jefes del Comandante Z, que ellos se le subordinan y serán sancionados por incumplir la citación! ¡Que mañana deben estar aquí, en la oficina del Comandante, a las ocho en punto de la mañana o caen presos! Dígame su nombre. Esperó un momento y colgó.”

Mi interlocutor, con una sonrisa en los labios, me confesó: “Salí de allí sin entender nada y opté por no preguntarle. Pero cuando comprendí lo hecho le dije un montón de cosas: ¡No estoy de acuerdo contigo! ¡Eso es un disparate, una falta de respeto! ¡Conmigo no cuentes para estas mentiras, coño! ¡Vamos a caer presos por estafadores, carajo!

“Encabronado y rezongando yo, muerto de la risa él, cogimos la ruta que nos indicaron pero cometimos una guajiraza, lo hicimos cuando iba hacia La Habana Vieja, y tuvimos que dar la vuelta completa hasta llegar a la parada más cercana al Comodoro; el viaje nos llevó casi una hora.

“Llegamos casi a la hora de almuerzo. Cuando nos aproximábamos a la mesa caliente, la compañera que cuidaba que no hubiesen ’colados´ dejó pasar a Joseíto pues era alto y fuerte, lucía como un atleta. Yo era bajito y delgado, me detuvo autoritaria y espetó: ¡Usted no es del equipo! ¡Se apareció aquí hoy! A lo que los compañeros contestaron casi a coro: ¡Ese es la estrella del equipo. Usted está comprada por el equipo de La Universidad de La Habana! Él tenía un examen de premio pendiente “

Ante la violenta protesta, a todas luces válida, verdadera, se transó y así aseguramos la comida para los dos días que allí nos restaban e incluso el desayuno de la jornada  siguiente.

Ya casi a media noche, regresamos al hotel. El lobby tenía una gran cantidad de personas esperando por el acceso al cabaret o o al bar, y al pedir la llave de nuestra habitación, el encargado tomó un papel de la casilla correspondiente y nos preguntó: “¿Quién de ustedes es el Capitán Joseíto La Fiera?”

A la contesta positiva de mi compañero, añadió: “Capitán, le llamaron de la oficina del Comandante Z reclamando que ustedes estuvieron ausentes hoy a una reunión. Quien llamó estaba muy molesto y le citó para mañana a las ocho de la mañana en punto, si no quiere ir preso”.

Yo, abochornado me había quedado en un segundo plano. Joseíto impávido contestó con una carcajada, se volteó hacia mí y me dijo: “Si Z piensa que me voy a levantar temprano está loco”.

Y ya estábamos en la puerta del elevador –yo abochornado, mirando del techo al suelo- cuando el carpetero logró salir de su asombro y lo llamó: “Capitán, Capitán, por favor venga acá un momento…”. Cuando La Fiera se paró ante él le explicó en voz muy baja: “Recoja su depósito de fondos, con ustedes no es necesario… y le tendió un billete de $20.00. Que tengan buenas noches”.

Trabajo relacionado:

Enfrentamiento de Joseíto La Fiera con un padre agresivo. Por Pedro Hernández Soto

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Publicado por en 17/03/2014 en Uncategorized

 

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