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¿Existe la cortesía en los servicios?

26 Dic

Por Pedro Hernández Soto

Eduardo Fonseca Quiala portero en ETECSA

Eduardo Fonseca Quiala cumple con gusto sus deberes

Es cierto, en muchos centros de servicios usted, cliente, no es lo más importante cuando llega, sino conoce a alguien o muestra imagen de personaje poderoso. Fenómeno presente tanto en establecimientos que venden en moneda nacional (CUP) como en convertible (CUC).

Quienes debían atenderlo lo tratan en  muchas ocasiones con desdén, en su presencia continúan su conversación con un compañero/a de trabajo o amigo/a sobre la novela, la moda, la serie nacional de beisbol o los precios en el mercado agropecuario. Pero no es así en su totalidad. Convivimos también con otros bien diferentes.

Numerosos afirman que estos últimos constituyen una especie en extinción. Para nada, los hay mujeres y hombres, jóvenes y viejos, blancos, negros, mulatos, achinados, de todas los colores, creencias. Lo cierto que no es lo que más abunda pero los he visto, conocido, hablado con ellos. Se donde localizarlos.

Hoy les traigo un botón de muestra, quiero decir un hombre de muestra, aún más, un trabajador preocupado por hacer bien su función y coadyuvar a que cada cliente se sienta atendido y salga complacido de su visita.

Aparece en la foto. Se trata de Eduardo Fonseca Quiala, de 52 años de edad, uno de los porteros de la oficina de ETECSA que abrieron en San Pedro e Hidalgo, mi barrio, después que los vecinos de los alrededores pasaran años caminando a lugares lejanos a pagar el teléfono o hacer otras gestiones.

No quiero recordar la microscópica oficina ubicada en la esquina que conforman las avenidas de Boyeros y Calzada del Cerro, esperando en largas e interminables filas personas de pie, a pleno sol o lluvia; para después inclinarme al máximo y poder asomarme al pequeño orificio de la ventanilla. Aquello lo establecieron tras quitar la atención a los “clientes-usuarios” de la oficina de Panorama entre San Pedro y Lombillo. ¡No quiero ni pensarlo!

La actual instalación dispone de tres ventanillas para el pago del teléfono (casi siempre cuando menos hay una inactiva) y algunas sillas fuera, que tampoco alcanzan. Algo mucho mejor que lo anterior. Y dos funcionarias en el interior para otras gestiones.

Pues bueno, a lo que iba. Eduardo siempre me ha recibido y también a quienes he visto llegar tras de mí, con un saludo cortés, contentivo de las buenas horas, para inmediatamente después preguntar como puede ayudar y servir. Más de una vez he tenido la oportunidad de observar su comportamiento.

Él en realidad, orienta, encamina, ayuda. Hasta en los casos que alguien debe retirarse y regresar con otros documentos requeridos para el trámite. Tal situación la pude apreciar con una señora de la tercera edad que intentaba comprar un aparato telefónico por indicación del técnico de la empresa que revisó el suyo y lo desahució. Él le explicó en detalle del “pi al pa” y ella no se fue disgustada pues la atención fue exquisita.

Y no debo irme de este espacio sin hacer también un reconocimiento al resto del personal pues allí he sido atendido de modo muy profesional. Una cosa es que yo no esté de acuerdo con otras facetas de la calidad del servicio de la organización y otra el no reconocer el talento y el esfuerzo de algunos de sus trabajadores.

Por eso insisto en que los hay. Conozco otros ejemplos pero ahí precisamente radica el problema: no deben ser ejemplos sino generalidad, lo común, lo acostumbrado.

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5 Respuestas a “¿Existe la cortesía en los servicios?

  1. Jose Manuel Palli

    26/12/2013 at 1:17 PM

    Quisiera dar fe de mi experiencia reciente en una dependencia de Etecsa (quizàs la misma que aparece en la foto) en donde a pesar de mi impetuoso pedido de prioridad hacia mi calidad de “visitante extranjero invitado a participar en una conferencia por mis colegas de la Union Nacional de Juristas de Cuba con muy poco tiempo para perderlo haciendo cola para cargar un teléfono”, el agente de seguridad a cargo de controlar el acceso a dicha dependencia, con una correcciòn y una amabilidad impecables, me señalò con firmeza que yo debìa hacer la cola como cualquier hijo de vecino…

    Mas allà de la frustracion momentanea ante la larga cola que tuve que hacer, es evidente que quien actuò como es debido -y, de paso, me dio una lecciòn muy valiosa- fue el caballero que controlaba la puerta del establecimiento.

     
  2. Magali Garcia Moré

    26/12/2013 at 3:40 PM

    Dicen que la excepción confirma la regla, pero vale la pena reconocer y destacar a los que cumplen con lo que parece ser algo muy difícil. Vale la pena reiterar que no hagamos a los demás lo que no nos gusta que nos hagan…
    Y nuevas felicitaciones por el año venidero…55 y seguimos!!!
    Maga

     
  3. Alexis Mario Cánovas Fabelo

    26/12/2013 at 4:02 PM

    Pedro:
    Tengo la DESGRACIA de estar varado fuera de Cuba, en Chile, por unas circunstancias monstruosas. En estos dos años y unos meses he podido comprobar los beneficios de que las entidades funcionen aplicando las Reglas de la Cuarta Etapa del Marketing: DE RESPONSABILIDAD SOCIAL, cuyo lema es “La razón es el cliente, si ellos no existieran nosotros no existiríamos como empresa”, y la segunda: “No vendemos productos, COMPRAMOS CLIENTES.” En una sociedad explotadora como esta.
    ¿Cómo debiera ser en LA NUESTRA, donde cada uno de nosotros somos LOS DUEÑOS DE TODO?
    A hacer CONCIENCIA CON CIENCIA.

     
  4. Antonio Gómez Sotolongo

    28/12/2013 at 10:40 PM

    Es que las norias de sangre no se salen de su cause, eso es así desde que tengo uso de razón, y para no sufrirlo más me tuve que ir a otro país. La causa: la abolición de la propiedad privada y la instauración del monopolio del estado, el cual ha dejado en tan mal estado a Cuba, que los males de ayer son los mismos de hoy. Espero que les guste vivir así, porque no se menciona a los verdaderos culpables del mal y tampoco las posibles soluciones, así que dentro de 10 o 20 años más otros volverán a escribir de lo mismo, en los mismos términos.

     
    • hdezsoto

      29/12/2013 at 2:53 PM

      Señor Antonio Gómez Sotolongo:
      Usted prefirió vivir “Sin Patria y CON AMO”. Fue su decisión y la reconozco, aunque no la respeto. Los que hemos hecho una vida acá, de resistencia, con escaceses y nación, con independencia y sin lujos, seguimos orgullosos de los pinos nuevos y los viejos. Tratamos de imitarlos. Seguros estaremos de reposar al final en nuestra tierra, donde mismo descansan nuestros antecesores y compañeros caídos en la lucha; la misma regada con tanta sangre honesta, con tanto sudor patriota. Siga usted por allá. Nosotros continuaremos trabajando por alcanzar nuestro Socialismo -que no se adquiere a la medida como la sociedad que usted prefirió- y resistiendo los embates del Imperialismo y los cantos de sirena de algunos como usted.
      Pedro Hernández Soto

       

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