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UCLV. Reflexiones sobre un homenaje inesperado

03 Dic

Por Pedro Hernández Soto

Diploma al Che de Doctor Honoris Causa

Texto del fácsimil: Imagen del Escudo Nacinoanl. República de Cuba. El Rector de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas en uso de las facultades que le confieren los estatutos de esta Universidad y a propuesta del Claustro correspondiente, expide el presente Título de Doctor Honoris Causa en la Escuela de Pedagogía, al doctor Ernesto Guevara Serna, en virtud del acuerdo número 890 de fecha 1 de diciembre de 1959 del Consejo Universitario, en reconocimiento a sus altas virtudes cívicas y como ejemplo dignificante para futuras generaciones. En la Ciudad Universitaria Abel Santamaría, a los 28 días del mes de diciembre de mil novecientos cincuenta y nueve. Firman: Dr. Moreno de Ayala, Decano; Ilegible, Rector; y José Rojas, Secretario General

¿Qué tú le encuentras a la Universidad Central Martha Abreu de Las Villas? Me preguntó el apreciado profesor Orlando I. Romero, en el nivel de confianza que acostumbramos a usar tan a menudo por divertirnos, cuando quejoso me reclamaba en conversación telefónica, el conocer por tercero, de mi viaje allá el pasado jueves 28 con regreso el 29.

No le di respuesta en aquel momento pues era mejor después, con calma y elementos más fuertes. Entonces se me ocurrió socializarla por esta vía y ya le llegará el correspondiente aviso por correo.

La primera de las razones es ser el lugar donde logré satisfacer mis anhelos personales de graduarme como profesional universitario. Lo valorarán mejor aquellos que no pudieron lograrlo en la época pre revolucionaria, también por causas económicas. De seguro lo aprecian con facilidad los miles de becarios nacionales, latinoamericanos y africanos, de diferentes carreras, que acoge Cuba desde 1960.

Recuerden –ya lo escribí en Café Mezclado- mi regreso a Cienfuegos, en 1956, con solo 17 años de edad, tras el cierre de la Universidad de La Habana. De todos modos debía ir de vuelta, tras haber gastado el dinero de un mes de estancia en una casa de huéspedes y esperar de modo infructuoso (¡Siempre tan soñador!) un nuevo envío de mis laboriosos padres, un modesto chofer de alquiler y una costurera.

Yo había olvidado que el dinero que me traje ($ 60.00) a esta urbe -en aquel entonces desconocida- donde debía encontrar trabajo pero no tenía familiares ni amigos, era producto de un préstamo hecho por Plácido Piñeiro,  comerciante vecino, dueño de la librería La Nueva.

Frustrado pero no vencido, aproveché el tiempo, estudié en mi ciudad natal y trabajé en centrales azucareros, hasta la reapertura de las universidades y completar en 1965 la carrera de ingeniero químico, en la universidad de la ciudad de Martha Abreu y el Che.

Otra razón es las fortísimas relaciones interpersonales establecidas en esas épocas tanto como estudiante y después ya profesor. Son cientos y  pienso se fortalecen mientras envejecemos pues sabemos más de la vida y la evaluamos con mejores criterios. Quizás las exigencias en la docencia, las investigaciones, la defensa y el trabajo voluntario así como la identificación en la cultura y el deporte; y la lucha por crear un centro de enseñanza superior, a la altura del que soñó el Héroe de la Batalla de Santa Clara, crearon estos lazos tan fuertes. Sus hijos y algunos hijos de sus hijos, forman parte viviente del grupo.

Mantenemos transparencia y fidelidad. Comulgamos con la Revolución y como nos interesa tanto lo discutimos todo; buscamos explicaciones, objetivos, raíces y resultados. Cada uno se pone en el lugar del aquejado por una situación difícil, de cualquier tipo, para entender mejor su problema.

Me enorgullezco por estas amistades, es mutua la confianza en que cada quien lo hace. Nos reunimos en cumpleaños y otras festividades, nos interesamos y ayudamos a los enfermos, y también vamos a los funerales. En cualquier lugar que te encuentre alguno de ellos, te toma de la mano y lleva donde necesites.

La tercera, y no por eso mucho menor en importancia a las anteriores, es el duro trabajo de cada uno de los integrantes de aquella academia por avanzar. Son conmovedores sus esfuerzos en cuanta dirección existe, ante todo para lograr una más elevada e integral formación técnica y ciudadana en sus educandos, catedráticos y trabajadores.

Allá me encontré, jueves y viernes, con viejos  amigos, encanecidos, con visibles marcas por el tiempo transcurrido. Nos vemos muy poco. Enseguida comenzamos a recordarnos unos/unas a otros/otras simpáticas anécdotas de nuestras épocas; y me actualizaron, con sentimiento, de los ya desaparecidos así como de enfermos y disminuidos.

De nuevo conocí docentes, funcionarios, empleados, estudiantes, corteses, serviciales, instruidos y cultos. Para qué contarles del equipo de dirección, seria llover sobre lo mojado tal cual los aguaceros del viernes.

Y ese día, además, de las intensas precipitaciones, ¿Qué sucedió? Pues, a Teatro Universitario lleno, nos dieron un homenaje al inquieto Pablo Valcárcel, fundador y trabajador toda su vida de la Universidad Central de Las Villas, ya con 85 años de edad, al pedagogo doctor Juan Virgilio López Palacios y a mí, cuestión ni imaginada.

Pensaba que la invitación al acto por el aniversario 61 de la institución era cosa común, incluso creí que se debía a mi ausencia de la conferencia recién brindada por el General de Brigada (R) Armando Choy Rodríguez y otros compañeros, a estudiantes y profesores, sobre la reunión efectuada en el hotel Modelo, en octubre de 1959, con el Comandante Camilo Cienfuegos entonces en tránsito hacia Camagüey, para lograr la autorización y crear las milicias estudiantiles en la provincia de Las Villas.

Y en el acto nos hicieron regalos fabulosos, fotocopias del título de Doctor Honoris Causa en Pedagogía que otorgó la UCMALV al Comandante Ernesto Guevara de la Serna, el 29 de diciembre de 1959, en ese mismo escenario. Allí El Guerrillero Heroico pronunció el discurso que marcó un curso revolucionario válido para las universidades cubanas, y en particular más que al resto, a la Martha Abreu, creada para las clases acomodadas y pudientes de la zona central del país.

Mi asombro creció, aunque no superó la emoción, con el acto cultural que presencié a continuación, con un espectáculo montado con tres solistas y un conjunto de bailes, que por su calidad son aplaudibles hasta el delirio. Saben que no me gusta demeritar pero aprecié tales intérpretes superiores a muchos a quienes veo en la Televisión Nacional con excesiva frecuencia.

Y para expandir esta respuesta en próxima emisión les ofreceré un resumen de la historia del centro de estudios, que pronunció en el acto un veterano de aquellos años primigenios, el primero amigo y hace ya años prestigioso doctor en ciencias Lorgio Batard.

Entonces estará contestada la pregunta de Orlando y de todos aquellos que con la misma intención u otras aviesas, se la hacen.

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