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Estadísticas de los cubanos y muchos más

01 Nov

Por Alberto Rodríguez Arufe

estadisticas-1Hay pocos días se daban a conocer los resultados definitivos del Censo de población y viviendas realizado en septiembre del pasado año. Supimos, entre muchos datos de interés, que somos 11 millones 167 mil 325 los nacionales que habitamos nuestro archipiélago, que decrecimos en algo más de 10 mil respecto el censo anterior y se confirmó la tendencia al envejecimiento de la población.

Además se incrementó el mestizaje y para bien de la sociedad hay un poco más de mujeres que hombres. Sin lugar a dudas estos resultados se convierten en una herramienta fundamental para proyectar el futuro, mucho más cuando el país está inmerso en un profundo proceso de transformaciones de su modelo de desarrollo económico y social.

Y es que la Estadística, ciencia cuyo objeto es reunir información cuantitativa concerniente a individuos, grupos, hechos, etc., y de esta deducir  previsiones para el futuro mediante el análisis de datos significativos; se ha convertido y potenciado -con el desarrollo de la Informática- en un instrumento imprescindible para dirigir, organizar o planificar cualquier actividad de carácter político, económico o social. En el mundo moderno prácticamente ninguna actividad humana escapa a la necesidad de utilizar la Estadística.

Recuerdo cuando estudié la licenciatura en Ciencias Sociales, la Estadística era un de las asignaturas básicas -por cierto la más difícil de dominar- y nunca he olvidado una frase que escuche del eminente profesor de marxismo Juan Mier Febles quien nos dijo: “las estadísticas eran como las bikinis que enseñan todo menos lo fundamental”. Con ello subrayaba que los datos solos no nos llevan a ninguna conclusión y, más allá del resultado numérico, su uso siempre estará acompañado del factor subjetivo derivado de los propósitos, intereses e ideología de quien los utiliza.

Esto se hace más visible en eventos como los procesos electorales, donde el mismo resultado tiene diferentes interpretaciones para las fuerzas políticas contendientes o ante hechos como la pretendida agresión militar de Estados Unidos a Siria (evitada con una acción brillante de la diplomacia rusa) y sobre la que el Presidente Obama y su secretario de estado Kerry -no obstante la evidente oposición mundial hasta en las filas de sus más cercanos aliados- sacaban una extraña cuenta para justificar que tenían apoyo internacional.

Hoy en día es inconcebible dirigir o gestionar una actividad política económica o social sin el uso de las estadísticas, ni podemos tan siquiera imaginarnos el beisbol sin los averages de los bateadores o de los lanzadores y, aunque los seres humanos no somos números, no es menos cierto que desde que nacemos pasamos a formar parte de los padrones, comenzando por uno de los de más alto valor en el desarrollo social: el índice de mortalidad infantil en el primer año de existencia.

En esas nuestro país afortunadamente alcanza una de las posiciones de vanguardia a escala mundial y así seguimos a lo largo de nuestras vidas hasta querer llegar lo más lejos posible en la esperanza de existir donde también nos destacamos en las estadísticas y las mujeres vuelven a superar a los hombres.

Desde luego hay estadísticas en las que nunca queremos estar incluidos como son las de mortalidad por accidentes de tránsito o las enfermedades más letales, aunque no siempre hacemos todo lo que está a nuestro alcance para evitarlo. Tampoco quisiéramos vernos entre los 800 millones de seres humanos que padecen hambre o entre las víctimas de daños colaterales o desplazados por las guerras imperiales con sus drones y todo un arsenal de moderna y mortífera tecnología.

Hay datos evidentes del injusto orden económico que prevalece en este mundo cuando fuentes (en lo absoluto sospechosas de ser de izquierda) nos dicen que un 10% de la población mundial posee el 85% de la riqueza del planeta y de ellos el 1% es dueño del 43% de las riquezas.

Leyendo la prensa encontramos otras cifras que llaman nuestra atención como es que cerca del 20% de la fuerza laboral del país está ocupada en el sector agrario y aporta solo el 3% al PIB, lo cual confirma todo lo que falta por hacer en este decisivo sector de la economía.

También podemos encontrar datos difíciles de creer como un despacho de la agencia española EFE que da cuenta de que en Monrovia, capital de Liberia, suspendieron los 25 mil estudiantes presentados a exámenes de ingreso a la universidad, todos. No obstante hay numeritos que a pesar de todo el avance de la tecnología no es posible encontrar, por ejemplo, la edad de Irela Bravo.

Lo cierto es que en el mundo actual con su desarrollo tecnológico y donde todos somos espiados por el autoproclamado protector global de la seguridad y un selecto grupo de sus aliados, buena parte de la información y los datos en los que muchas veces estamos incluidos cada uno de nosotros, están disponibles de manera pública, y lo más importante es la capacidad y la voluntad que tengamos para procesarlos y analizarlos con objetividad y honestidad.

Solo así podemos para actuar en consecuencia buscando el bien común aunque lamentablemente no faltarán quienes hagan lo contrario.

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