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Los Cinco: una causa de todos

18 Sep

Por Alberto Rodríguez Arufe

cinco-cubanos_2Cuando se han cumplido 15 años del injusto, prolongado y cruel encarcelamiento de nuestros Cinco Héroes he leído y escuchado tantos comentarios y reflexiones, tan profundos, que pensé que poco o nada podría añadir si escribía sobre el tema.

Sin embargo cuando salí a la calle el jueves 12 de septiembre, fue tal el impacto que recibí que no tardé mucho en cambiar de opinión.

Debía acudir a un tratamiento programado en el Hospital Hermanos Ameijeiras por lo que transité entre 8 y 9 de la mañana por las avenidas Boyeros y San Lázaro, que suelen estar bastante concurridas a esas horas, mientras exhibía en mi muñeca derecha -al igual que mi hijo Silvio Alejandro- una cinta amarilla como dictaba mi conciencia.

Suponía que encontraría bastantes personas que, de alguna forma, también responderían a la convocatoria de René González Sehwerert (el quinto de nuestros Héroes de la República de Cuba, preso también en los Estados Unidos y liberado después de cumplir en su totalidad la condena impuesta) de usar ese día alguna prensa de color amarilla como manifestación de solidaridad con nuestros compañeros.

Muy pronto lo que vi superó con creces lo que había imaginado: primero fueron los autos con cintas amarillas en las antenas y los espejos, después las distinguí en balcones, árboles y postes, y por último, en mi transitar, comencé a notar como las prendas de vestir amarillas sobresalían en el colorido movimiento mañanero de los habitantes de la ciudad.

A los lazos y cintas amarillas que portaban en sus cuerpos muchos ciudadanos se añadía una infinidad de pullovers, blusas, pañuelos, carteras, jabas, collares, hebillas, gorras y otros artículos, del mismo color, que le daban una tonalidad -como más cerca del sol- a nuestra capital.

Al pasar frente a la Universidad de la Habana, impresionaba ver a cientos de jóvenes movilizados en la escalinata y calles adyacentes con atributos característicos de esta jornada y, ya en la sala del hospital, médicos y enfermeras tampoco se quedaban al margen de esta ola de solidaridad y amor que nos envolvió a todos, en medio de una atmósfera caracterizada por la espontaneidad, la firmeza y la frescura que generan las causas justas, cuando son asumidas por el pueblo en lo más hondo de sus sentimientos

Me conmovieron también las noticias que daban a conocer como nuestros intelectuales y artistas se habían colocado en la primera línea de esta jornada, con importantes conciertos y actividades donde participaron muchas de nuestras principales figuras de las artes y las letras, que incluyó la presentación simultanea, en plazas y parques a lo largo y ancho de toda nuestra geografía insular, de 104 bandas de música y 22 coros, lo que me hizo recordar las retretas que animaban la vida nocturna del parque Vidal de Santa Clara en mis ya lejanos pero inolvidables años de adolescente.

Cuanto aliento da saber que la vanguardia de la cultura que representa buena parte del tesoro espiritual de la nación ha hecho suya la causa de poner fin al injusto encierro de Fernando González Llort, Gerardo Hernández Nordelo, Antonio Guerrero y Ramón Labañino.

Importante también la nutrida presencia de las nuevas generaciones que haciendo suya esta batalla se van formando también en los valores que necesita el futuro de la nación cubana y que de manera conmovedora estuvieron representadas en las sentidas palabras pronunciadas por Laura, la hija de Ramón, en la gala que inspirada en la obra de Silvio Rodríguez se presento en el teatro Carlos Marx.

Estuve al tanto de muchos de los documentos, entrevistas, análisis y opiniones que con abundante información y valiosos argumentos se publicaron en estos días.

Me llamó la atención de modo particular un razonamiento -tan sencillo como irrebatible- que prevalecía en los comentarios de mucha gente: Ellos se arriesgaron y sacrificaron por defendernos del terrorismo y darnos la posibilidad de vivir en paz a todos los cubanos sin distinción alguna y nada más natural que sintamos la obligación moral de luchar por su pronta libertad y que esta por lo tanto sea una causa de todos.

Resultó estimulante comprobar que la iniciativa a la que nos invitó René fuera acogida de manera masiva y entusiasta por los cubanos, sin dudas ello estuvo avalado por el ejemplo personal de valentía integridad y patriotismo que Los Cinco han protagonizado ante su pueblo y el mundo, a la vez que siempre es reconfortante saber, que a pesar de las insatisfacciones y dificultades que caracterizan la compleja etapa por la que atraviesa el país, en la gran mayoría de los cubanos prevalecen los sentimientos de justicia y solidaridad .

Decía en la televisión la activista libanesa de la causa de Los Cinco en su país, Wafi Hibraim, que cuando uno se solidariza con esta misión, se purifica internamente. Comparto esta idea y pienso que estos hermanos, con su conducta paradigmática, están participando en los procesos que tienen lugar en nuestro país para enfrentar la pérdida de valores y conductas dañinas a la sociedad y, para que como dice la canción de Silvio Rodríguez, seamos un tilín mejores.

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