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Deuda pendiente: Reflexiones desde Venezuela

01 May

Por Irma Cáceres Pérez1

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Caracas, viernes 19 de abril de 2013. Parte de la multitud que aguardaba ante el Palacio Presidencial por la toma de posesión de Nicolás Maduro Moros, presidente electo de la República Bolivariana de Venezuela. Foto cortesía de Rolbis Llacer Machado

Cuando buscaba un nombre para empezar a escribir estas líneas sobre Venezuela lo primero que vino a mi mente fue “deuda pendiente”… ¿Por qué? Había dicho que sí a la invitación a esta página de nuestro colega Pedro Hernández aunque siento que nunca podré contar todos los hechos presenciados y experiencias de mi estancia en el Distrito Capital y en muchos de los Estados en Venezuela, desde octubre del dos mil diez a la fecha.

Esta pequeña introducción brotó espontánea, la escribí de un tirón,  aprovechando un pequeño tiempo libre y decidí recoger las ideas frescas del viernes 19 de abril 2013, día de la toma de posesión del primer presidente chavista, Nicolás Maduro Moro .

Como ríos humanos los seguidores de la Revolución bolivariana y del comandante Hugo Chávez avanzaban en masa hacia el antiguo Palacio Federal, existente ya en la época cuando nuestro José Martí visitó Caracas y donde se reúne la Asamblea Nacional, que cuenta también con otros edificios aledaños. Como referencia, el edificio está situado al lado del corazón de la ciudad: la Plaza Simón Bolívar, esa misma que visitara Apóstol sin sacudirse el polvo del camino.

El camarógrafo Rolbis Llacer y yo decidimos ir hasta la Asamblea en el metro porque sería más rápido. Aquí resulta inútil medir las distancias en kilómetros pues las demoras dependen del tráfico y los embotellamientos, tan grandes y prolongados que podrían hacer bajar de su altar a un santo. Comprensible en este mundo que vivimos y donde la gasolina cuesta menos que el agua.

Ya la entrada al metro, en la estación de Bellas Artes, inspiraba hacer fotos e imágenes por la multitud, colorido y apresuramiento humano. Nos acercamos a un extremo de la profunda y ancha escalera de doble carril para garantizar protección de cámara y trípode, además de apoyo en los pasamanos.

Al llegar, justo comenzaba a detenerse en la vía la inmensa culebra eléctrica, con su estruendoso sonido y chirrear de frenos, una marea de banderas, carteles, gorras, y un ensordecedor enjambre humano se abalanzó sobre el tren. Ya venía lleno y el milagro se hizo palabras: ¡Adelante compatriotas!; ¡Permiso!; ¡Entren!; ¡Empujen!; ¡Dale pana!; ¡Muévanse coño que todos estamos en lo mismo! Decir que subimos sería incierto, nos subieron.

Aquella masa compacta de hombres, mujeres -algunas hasta con niños pequeños-, adolescentes, personas de la tercera y cuarta edad, con bolsos, mochilas, carteras, pequeñas sillas, no se detuvo. Conclusión: las puertas no cerraban y por el altavoz se solicitaba paciencia y despeje de las puertas. Entonces comenzó aquel abrazo gigante de pueblo de apretarse más, más y más hasta sentirte una sin poder tomar la menor bocanada de aire.

Nadie supo cuando el tren arrancó pese a que habitualmente da como una sacudida y hay que estar bien sujeto, pues puedes caerte. Nada de eso, nadie se enteró, no había espacio ni milimétrico para movimiento alguno.

Aún en esas condiciones el trayecto resultó casi indescriptible pero totalmente inolvidable. Con una mano en la mochila de Rolbis, resultó que cuando iba a aferrarme a algo, en el tumulto quedó aprisionado mi brazo entre varias personas y no podía moverlo en lo absoluto.

Uno de esos seres de oralidad extraordinaria –semejándose a Chávez-, comenzó a hacer cuentos políticos del candidato perdedor, de doble, triple y todos los sentidos, con tal gracia y humor, que una risa gigantesca opacaba el ruido del tren y el apretujamiento. Sin darnos cuenta, alegres, gozosos, fuertes, nos mirábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Así llegamos a nuestro destino: la estación del Capitolio.

Al subir, desde la escalera eléctrica ya oímos los altavoces con músicas de estos tiempos, dedicadas a Chávez, a la Patria, coreadas a viva voz por quienes estaban allí desde mucho antes.

Nos encaminamos al sitio de la pertinente acreditación para la prensa, a pocos metros de una de las entradas al Palacio. Otro enjambre de cientos de colegas rodeaba el lugar. Ni siquiera lo intentamos pues la emisión del noticiero Al Mediodía esperaba algo de nosotros. No, no, ni lo piensen, no habíamos llegado tarde, sépanlo, eran solo las ocho de la mañana.

Volvimos al pueblo, a la marea humana. Nos acercamos a la entrada oficial de los diputados, para capturar a algún madrugador. Teníamos que tener suerte, el pueblo nunca falla. Enseguida saben que eres cubano y para Cuba hay tanto agradecimiento, que conmueve. Podrías hacer infinitas entrevistas.

Entre tantas consignas, canciones y mensajes para amigos o médicos que les curaron, a veces a gritos, te preocupas pues crees no saldrá bien el audio. Hicimos ocho entrevistas, dos a diputados y seis a trabajadores. Magníficas para la prensa escrita o la radio, pero los noticieros, tiranos del tiempo, te imponen límites hasta de segundos. Por eso, me alegra compartir esta experiencia con quienes tengan la paciencia de leer estas impresiones. ¿Saben?

Los venezolanos que viven su revolución, están satisfechos porque Maduro dará continuidad al Plan de la Patria, que asegura el presente y el futuro político, económico y social del país, aunque conocen de las amenazas permanentes, pero aun están de duelo por la partida de Chávez. No solo es comprensible, aquí parece realmente que Chávez aparecerá en cualquier momento. Lo escuchas en los altavoces, amigos y enemigos lo citan constantemente y su imagen aparece de las más diversas y creativas formas por doquier.

El retorno, muy fácil, el pueblo permanecería allá todo el día y los trenes vinieron casi vacíos. Empecé a escribir y la tentación me lleva a un tema que no pude, lamentablemente, abordar antes: el homenaje de los periodistas cubanos al presidente Hugo Chávez, un reconocimiento a quien siempre mostró admiración y fe por las ideas de José Martí.

La vida hizo coincidir las honras fúnebres del insigne patriota venezolano, con el Día de la Prensa Nacional en Cuba. Muy emotivas resultaron las circunstancias de la entrega del Premio Nacional José Martí a ese gran comunicador, otorgado por el Octavo Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec).

El ex ministro de Cultura e intelectual cubano Abel Prieto lo entregó a Adam Chávez en representación de la familia, en la capilla ardiente de la Academia Militar. Unas tres horas estuvo la delegación cubana, integrada por Miguel Barnet, presidente de la Unión Nacinal de Escritos y Artistas de Cuba (Uneac), quien pronunciara sentidas palabras al igual que Leo Brower y otras personalidades.

Era imposible hacer fotos o imágenes. Asistíamos dos periodistas cubanas, Miosotis Fabelo, Premio de Periodismo Juan Gualberto Gómez de este año y yo. Sentada allí pensaba en cuántos colegas cubanos le habían conocido, cuántos lo admiraban, o quienes añoraron un encuentro personal.

Recordé la famosa noche de Isla Margarita cuando junto a Fidel apareció el nombre de ALBA. Ese día, mientras esperábamos la llegada del comandante en Jefe Fidel Castro,  junto a Juana Carrasco hablamos con él sobre el papel de la prensa en Venezuela.

También vino a mi mente el inolvidable Eduardo Dimas, y el día que le hicimos una entrevista para la televisión en la reunión del Grupo de los 77, en La Habana. Pasó por mi pensamiento su primera toma de posesión y la pregunta de la colega Diana Diéguez a mi regreso a La Habana. ¿Qué te pareció Chávez? Un iluminado, le dije.

Y allí, en la Capilla ardiente me repetí: Un iluminado por el fuego sagrado de la Revolución.

Es un indiscutible privilegio para los periodistas cubanos contar con un referente como Martí, no solo por su patriotismo, si no por haber puesto sus ideas y aliento al servicio de la independencia nacional y de América toda. En los tiempos que corren es un ejemplo para la presente época, que cuenta con mayores posibilidades de alcance con el uso de las nuevas tecnologías.

Sin embargo, en ningún lugar como en Venezuela, estos medios y muchas mentes mercenarias son absorbidas por las leyes del mercado y del mejor postor, impuestos desde los centros mundiales de poder, que distorsionan y conspiran contra el chavismo.

Martí vivió en Caracas y vino a beber de la sabia del Libertador, quien dejó una profunda huella en su vida. ¿Nunca se han preguntado que hubiera escrito el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada, del presente en Venezuela? Al igual que un día fue apresurado y humildemente hasta la estatua de Bolívar a rendirle tributo, iría también ahora ante ese otro hijo del Libertador, Hugo Chávez. Con la magia de su pluma dejaría de nuevo plasmada para siempre esa frase que parece escrita hoy: Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar.

1 Irma Cáceres Pérez. Premio Nacional de Periodismo José Martí por la Obra de toda la Vida, de la Unión de Periodistas de Cuba; y Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, otorgada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias a destacados intelectuales; entre más de otras dos docenas de importantes premios, condecoraciones y reconocimientos.

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1 comentario

Publicado por en 01/05/2013 en Revolución, Salud, USA

 

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Una respuesta a “Deuda pendiente: Reflexiones desde Venezuela

  1. José Pablo

    02/05/2013 at 3:57 PM

    FELICIDADES A “CAFÉ MEZCLADO” POR TENER LA COLABORACIÓN DE TAN ILUSTRE REPORTERA. ES SIN DUDAS UNA CRÓNICA ESCRITA CON MUCHO SENTIR Y AMOR HACIA CHÁVEZ Y VENEZUELA Y NOS DA UNA IMAGEN DIFERENTE DE ESE PUEBLO AL QUE TANTO ESTAMOS DANDO LOS CUBANOS Y MUCHOS NO COMPRENDEN.

     

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