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Antonio Rodríguez Palacios: protagonista de la Universidad Revolucionaria

03 Abr

Por Pedro Hernández Soto

Dr. Antonio Rodríguez Palacios

Dr. Antonio Rodríguez Palacios en el Taller La Historia de la Universidad Central de Las Villas, celebrado por el aniversario 50 del Grupo de Artillería del centro docente. Teatro Universitario, 18 de octubre de 2012. Foto: José García Bertrand (Alfredo)

Dicen que las malas noticias llegan rápido. También tengo esa opinión. Es que hombres y mujeres somos seres humanos y como tales sensibles, apreciamos las nobles obras y las buenas personas. Y aunque las tristezas y desgracias no se comparten, si somos devotos en que las conozcan todos aquellos, que de una forma u otra merecen saberlas.

Ha muerto un hombre que ocupó un espacio, un lugar para nada despreciable, en las relaciones con cada uno de quienes transitamos en un momento u otro por la Universidad Central de Las Villas, cuales trabajadores, profesores, investigadores o estudiantes.

Me atrevo, sin temor a equivocarme, a afirmar que no puede escribirse la historia de la Universidad Martha Abreu Moderna, de la Universidad Martha Abreu Revolucionaria, sin tener en cuenta al Doctor en Pedagogía Antonio Rodríguez Palacios.

Lo conocí en cuanto llegué al centro docente, en una fría mañana de enero de 1960, al lado del río, detrás del chalet que ocupaba el Jardín Botánico, adjunto a la entonces Escuela de Agronomía, en el comienzo del que creo primer curso de milicias para docentes, alumnos y obreros. Allí aprendimos los rudimentos del combate irregular. Era él estudiante en la Escuela de Pedagogía, vicepresidente de la Federación Estudiantil Universitaria Central (de Las Villas) y trabajaba en una secundaria básica por Remedios.

Siempre demostró ser responsable, inteligente y laborioso. Profesor universitario, revolucionario a carta cabal, firme en sus principios, sin extremismos ni dobleces, se ganó mientras estuvo activo, el ser miembro del grupo de dirección de centro, transitando a su vez por importantes cargos.

Sencillo, disfrutaba el ser buen conversador, con cosas importantes que contar dada su amplia cultura. Carismático, fraternal y polémico, lo hacía en cualquier lugar, pues encontraba tiempo para todo. Incluso lugares frecuentados por él, para intercambiar con jóvenes, tomaron un nombre específico, bautizado con esa jocosidad propia de los cubanos, patronímico que acumula decenios.

Hombre respetuoso -aún cuando en edad aventajase en mucho a sus interlocutores- por ello sumaba amigos de continuo y por doquier.

Presumía de su hombría, valentía, desconocimiento del miedo y desprendimiento de las cosas materiales. Usted podía verlo pasar conduciendo un enorme camión, montando un bello caballo de raza, paseando un impresionante perro, cargando un hermosísimo gallo de pelea o un terminado cuadro pintado por si mismo.

Era por todo ello, un hombre conocido por todas y todos. Un ejemplo es mi familia: de mis hijos ídolo, de su madre, abuela y bisabuela muy estimado. Siempre tenía a su disposición el buche de café en aquella casa de Las Antillas.

En mis por desgracia pocos viajes a Santa Clara nos tropezamos alguna que otra vez, ambos en tránsito por el Parque Vidal y entonces sostuvimos animadas charlas, recordamos historias, hombres y mujeres, tiempos pasados.

Las últimas coincidencias fueron en octubre último, en los talleres por las celebraciones dadas por el aniversario 50 de la constitución del Grupo de Artillería Independiente de Morteros de la Universidad. Participó y brilló, aún con plenas facultades mentales, en el dedicado específicamente a la historia del centro, al aportar importantes jalones del tránsito y consolidación de aquella institución -creada al amparo del Punto 4 del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica-, de disfrute y capacitación de las clases acomodadas de las zonas centrales del país, a la actual, de centro de instrucción y cultura para todo el pueblo, pujante, en desarrollo, reconocida por la calidad de su docencia, el avance en sus investigaciones y la educación integral de todos sus integrantes que la pintan de obrero y campesino, de mulato, negro y blanco, como lo pidió el Comandante Ernesto Che Guevara el 29 diciembre de 1959, en el propio Teatro Universitario.

Un gran hombre cumplió una importante misión en su vida, no lo perdimos.

Trabajos relacionados:

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5 Respuestas a “Antonio Rodríguez Palacios: protagonista de la Universidad Revolucionaria

  1. Eduardo Cruz

    03/04/2013 at 4:29 PM

    Pedro
    Tu blog sigue siendo un enlace imprescindible para los que estamos fuera transitoriamente. Sensible pérdida para todos nosotros y para la UCLV. Cada uno de los que pasamos por esa Universidad podríamos escribir una anécdota sobre Antonio el hombre, el amigo, el dirigente, el ejemplo. Siempre fué exigente y desarrollaba su amistad sobre la base de los principios.
    Efectivamente no lo perdimos, está en lo que nos dejó y nos enseñó a cada uno de nosotros. Antonio representa también una época de nuestra Universidad.
    Eduardo

     
  2. Jesús R. Fonseca

    03/04/2013 at 9:37 PM

    Un gran revolucionario y amigo, guardó muy gratos recuerdos de el, lo conocí en le capitalismo cuando era un estudiante un poco mayor que los de mi grupo generacional, tal como lo decribes, añado; amante dle deporte, era uno de los más asiduos concurrentes a todas las actividades deportivas, la última vez que nos vimo y ocnversamos fue en la Sala Amistad de Santa Clara en un partido de baloncesto hace unos tres años. Gloria a quién la merece.

     
  3. Alexis Mario Cánovas Fabelo

    04/04/2013 at 3:17 PM

    Hombres así pidió el Che que se fuera, “héroes de todos los días”, los HOMBRES NUEVOS para construir la Patria Nueva.
    Evitar que caigan seres así en el olvido es este trabajo que hiciste.
    ¡Dios te bendiga, mi hermano!
    La Patria te contempla orgullosa.
    ¡FELICIDADES!

     
  4. Arturo Edmundo Lopez Calleja Hiort Lorenzen

    13/09/2016 at 9:46 PM

    Sin hablar de Antonio Rodriguez Palacios no se puede escribir la historia y los logros de la UCLV, hombre muy preparado, honrado, ejemplar, sencillo, exigente, amigo, destilaba su caracter de profesor en todas sus conversaciones que entablaba, en fin un revolucionario ejemplar. Mis mejores recuerdos a Antonio y gracias por sus enseñanzas

     

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