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Derechos de Cuba. Crónica de un Renacimiento

21 Mar

A su consideración pongo otro aporte, en esta ocasión un sincero testimonio de la amiga Gisela Herrera González.

Derechos de Cuba. Crónica de un Renacimiento

Mastectomía o cirugía radical de mamas. Se extrae todo el seno y algunos ganglios

Mastectomía o cirugía radical de mama. Se extrae todo el seno y algunos ganglios

Fue de repente, la imagen reflejada en el espejo provocó en un abrir y cerrar de ojos un ajiaco de sensaciones… ¿Cómo era posible lo que se confirmara la sospecha?…, Unas lágrimas incontroladas empañaron la mirada, un temblor generalizado hizo más demorada la vuelta a la serenidad… No podía ser real que el cuerpo que se jactaba de tener como única cicatriz la de un parto normal, estuviera amenazado de cercenarse…

Pasados tres días, después de rayos X, ultrasonidos y análisis de sangre, la muestra recogida por una larga y fina aguja sellaba la valoración médica: Es un tumor y hay que operar de inmediato… Las lágrimas de mi hija Margis contrastaron con la mirada serena, segura y dulce, y el hablar pausado de la joven y bella mujer con bata blanca que solo dijo: No tenga temor, podrá vivir feliz, que es lo importante.

Quince días después volvió la imagen ante el espejo para despedirse de la perfección y cubrirse con una bata verde irónicamente abierta en la espalda; no hice preguntas que ocupaban mi mente ¿para qué? Por supuesto, también quedé sin respuestas.

Preparada e impuesta de la fortaleza que surge sin llamarse, ya ubicada en la antesala del salón de operaciones, donde no hay diferenciación de géneros, clase social, volumen y calidad del vestuario en el closet, ni otras, busqué a mi alrededor motivos para calmar la tensión y de pronto apareció una imagen real, propia de una publicación de humor: Un trasero viejo, caído, sin pelos, servía de base a un cuerpo sobre el que se erguía una cabeza llena de canas y que ponía al descubierto la intimidad de quizá un militar de carrera, que allí solo era un paciente más… No tuve que forzar la risa.

Ya en el salón frío, sobre la camilla aún más fría, con la tensión nerviosa al máximo, deseosa de que aquello terminara sin empezar, volvieron las mismas interrogantes de un clínico: ¿Hipertensa, diabética, fumadora, abusa del alcohol? Rápida y de forma mecánica, di las mismas respuestas, todas negativas…

A continuación lo esperado pero con una voz no por convincente deseada: Va a dormir, respire profundo y piense en algo que le agrade… Estaba preparada, recordé las imágenes de hija y nieta… El reloj del salón marcaba las 9 de la mañana, transcurría 11 de septiembre de 2007.
Con notable esfuerzo, perezosamente comencé a abrir los ojos bajo la mirada de mis preciosos cachorros, tanto hijos como sobrinos, las sensaciones de sus paridas y hasta los dolores de los remotos partos. De repente, de vuelta, en el salón post operatorio, volví a encontrarme los de batas verdes abiertas a la espalda, algunos murmuraban, otros dormitaban …

Sin asomarme al espejo, ni palpar, sabía que algo me faltaba, tuve una sensación rara, quizás también estaba media dormida y soñaba, pero sentía que el corazón latía más fuerte y se ensanchaba ocupando todo el espacio del pecho…

Así vino el largo viaje hasta la habitación, oía sin oír las voces de los transeúntes de aquel interminable pasillo de monótonos techos blancos. Ya en la habitación, con mi mano derecha entre las tibias de mi hija, la muchacha de mirada y voz dulces, dijo: Todo salió bien, vivirá feliz. A la par, la compañera de habitación, por casualidad antigua amiga de andadas juveniles, aquejada de otros males, levantó su brazo izquierdo y con sonrisa que trató de ser reconfortante dijo: Vamos a seguir escuchando a Joan Manuel, Pablo y Silvio…

Sonó el teléfono, me pusieron el auricular en el oído y a coro sobresaliendo la Z escuché: …Oye, somos los hermanos de Cataluña, ¿cómo estás?… Y di la respuesta más acostumbrada y mentirosa posible: Bien, para añadir de inmediato: Fue total (Nota de la Redacción. Se refiere a una intervención quirúrgica radical de mamas o Mastectomía). De manera seca y tajante sonó con todas las de la ley un: “Cojones, los cubanos o no llegan o se pasan”. Reí, conteniendo las molestias y respondí todo lo eufórica que pude: “Tienen razón, tal es así que se agrandó el corazón, así que seguiré viviendo, con espacio suficiente para recibir y repartir mas amor”.

Pasó un mes y con la cabeza brillante, reluciente, libre de todo cabello, después del primer suero, caminé por otro pasillo del mismo hospital, enrumbando a la consulta. Una sensación extraña me envolvía, me sentía energizada, creía firmemente que quienes me miraban, saludaban y hasta sonreían, era porque me veían hermosa y recién nacida.

La doctora, la muchacha de mirada serena, segura y dulce, a quien le habían relatado el posible sueño, –la oncóloga Gilenys Madrigal – me saludaba a la par que tras revisar los resultados de los análisis de laboratorios y especiales además de rayos X y ultrasonidos, con la bella sonrisa acostumbrada pero ahora orlada por un aura de optimismo, anunciaba: Los resultados de los exámenes indican que ciertamente renació y que el corazón creció…

La certeza se evidenció con un latido fuerte del músculo de la vida… listo para dar y recibir más amor.

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