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No existen, no existen…

03 Ene

Mendigos esperan comida

Comentábamos hoy, primer día laboral en Bohemia digital, en ambiente jocoso, el caso que expuse en Café Mezclado referido a la simpática conversación con una internauta sobre la composición de la cena del fin de año y recordé muy diferentes épocas, en este caso de mi niñez. El tono y  objetivo de este escrito me lo enmarcan y motivan estos recuerdos y los mensajes de dos cibernautas que en recientes momentos me escribieron sobre los últimos posts publicados.

Me recriminaba el primero del “atrincheramiento” de algunos de mis trabajos, y traté de explicarle –por email- que mi blog lleva el nombre de Café Mezclado porque abarca mis pensamientos y sentimientos sobre los más variados temas que me preocupan, desde los problemas de la migración (aunque no tengo familiares en el exterior), plasmados en Proceso migratorio: sin prisa, sin pausa  hasta las creencias religiosas o de otro tipo, presentes en los cubanos aunque no practico ninguna, de lo que escribí en  Diez supersticiones para un buen Nuevo Año  y Cachita recorrió la Timba.

Del segundo lector le transcribo el campechano mensaje que me adjuntó en Sorpresivo encuentro el 31  , sobre el festín del último día del año, donde mi interlocutora y yo detallábamos los menús respectivos para esa noche: Simpática historia, compa Pedro. Y sobre la entrada puedo hacerle dos propuestas, además gratuitas: 1) Cultivar hortalizas hidropónicas (en agua) en el balcón, es fácil, recreativo, sano y se ahorra plata, seguro que podría obtener información y asesoría sobre cómo hacerlo; 2) No comer tanto, hermano, mire que una paleta de puerco para cuatro personas… na’, es broma, qué bien que la pasó bien. Y una pregunta: ¿cómo hacemos quienes vivimos en zonas no urbanas, es decir donde no hay manzanas, para que se nos cumpla el sortilegio? Saludos y, aunque con un día de retraso, feliz Libertad.

Volviendo a la conversación en Bd, en un momento valoré que en la puerta de mi casa, ahora en La Habana, no ha tocado nunca un mendigo, ni siquiera en la noche del 31 de diciembre. Le refiero esto porque recuerdo en mi niñez, allá en el natal Cienfuegos, poner en una lata  los sobrantes de aquellas cenas especiales (o cualquier otro día) a algún indigente, solo o acompañado por familiares y en no pocas ocasiones por niños.

También tuvimos en mi hogar años muy duros en que tuvimos que esperar tarde en la noche para que mi padre pudiera comprar un pedacito de cerdo, a precios rebajados, y entonces hacer la comida tradicional y ser fieles a las costumbres cubanas.

Hoy ambas cosas, los mendigos tocando a mi puerta y el comprar carne de cerdo a deshoras, para la Nochebuena o el día 31, no existen, no existen…

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