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¡Cuatro operaciones cardiovasculares en año y medio!

11 Jun

Como lo más importante es el milagro mismo, no los santos,  testigos  ni el santuario donde se produjo, por eso acepté la petición del paciente de omitir nombres de los participantes en esta historia que les contaré hoy. Les aseguro que es real en su totalidad, la conocí paso a paso.

Mi amigo, lo llamaremos R, de unos 63 años, sintió a fines de 2009 una considerable disminución de fuerza motora y un cansancio desacostumbrado. Tras riguroso examen médico -en secreto, como a menudo hacemos algunos, para no alarmar a familiares y compañeros-, conoció que padecía de un peligroso coágulo de sangre en una bifurcación de la aorta, cercana al corazón.

Como la anglioplastia no pudo alcanzar al amenazante cúmulo, nuestro camarada fue llevado al quirófano, cortado su esternón en dos partes a lo largo de su eje longitudinal, abierto el tórax y “bypasseada” la aorta.

A los pocos días conversé con él en su casa. Durante toda la plática sostuvo sobre su pecho, con ambas manos, una pequeña almohada. Ya, a punto de retirarme, la curiosidad me obligó a preguntar y conocí que era para mantener todo el tiempo los brazos cerrados pues, si los abría, corría el peligro de lastimar el esternón y su cicatrización. De allí me fui contento, tranquilo. Pero tan solo había terminado la primera peripecia.

Pasó poco más de una semana para la nueva alarma: comenzaron unas fiebres altas que obligaron de nuevo a su hospitalización. El diagnóstico estuvo rápido: severa infección en el tórax, en la región trasera del esternón. Una bacteria había contaminado toda la zona, de manera tal que hasta destruyó el alambre que unía los dos segmentos. De vuelta al salón de operaciones –segunda vez en menos de tres meses- para raspar estos fragmentos por su cara interior, y de nuevo barrenarlos y “coserlos”. Le insertaron un sistema de ducha para enjuagar con antibióticos el interior del tórax y con drenaje por una salida implantada en el abdomen. Otros anticuerpos suministrados de modo endovenoso completaron el tratamiento que resolvió el problema. Concluyó el segundo round.

 R. se recuperó, comenzó a trabajar como antes y hasta compartimos en alguna que otra fiesta.  Así se mantuvo durante casi un año cuando comenzó a sufrir de dolores en las piernas, cada vez más intensos, acompañados por fiebres que también fueron en aumento.  Volvió al centro hospitalario. La situación era compleja, los recursos radiológicos anunciaron una zona opaca cercana al corazón. Se pensó en una infección. La utilización de los más modernos antibióticos no resolvió el problema. Hubo que  volver al quirófano ahora para abrir y conocer que había un derrame de sangre, que fue extraída. Se observó, en la parte posterior de una sección de la aorta, un aneurisma que era necesario erradicar y sustituir la deteriorada arteria por un implante. Fin del tercer momento.

Se preparó al paciente con urgencia para una nueva intervención pues se calculó que podía morir en días. No obstante, las probabilidades de supervivencia a la cirugía eran muy bajas. Es un hombre de 63 años que debía soportar una cuarta  anestesia general en menos de año y medio.

La nueva operación duró cuatro horas y media. Participó un nutrido grupo multidisciplinario de especialistas.

No pudo hacerse lo acostumbrado, introducir la prótesis por dentro, a lo largo de la arteria, pues el mal estado de esta última solo permitió extraerla y botarla. Se sustituyó desde un punto cercano al corazón  hasta las piernas con los consiguientes cortes para suturar los empates.

Al parecer, el reinicio de la circulación corpórea alteró procesos: los peristálticos de los intestinos y también se desequilibraron otros. Esto le produjo diarreas y trastornó el contenido de sodio y potasio en sangre. Hubo que estabilizarlo todo esto en muy poco tiempo. Fin del cuarto episodio.

Anoche, junto a mis hijos, lo visité en su casa. Conversamos bastante rato. Conserva su afable carácter, tiene buen color y, como siempre, un magnífico ánimo. Ríe cuando comenta de su última operación. Le hablé de publicar esta historia y me ofreció tratar de buscar –como buen economista que es- el valor aproximado de su intervención quirúrgica.

Estoy asombrado por la existencia de estas dos voluntades: la lógica por vivir de mi amigo y la de servicio de nuestras ciencias médicas. Es verdad lo que afirmó mi hija al regreso a casa: La suerte de R es vivir en Cuba.

 
3 comentarios

Publicado por en 11/06/2011 en Amistad, Cuba, Salud, Sociedad

 

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3 Respuestas a “¡Cuatro operaciones cardiovasculares en año y medio!

  1. Toni

    15/06/2011 at 3:45 AM

    Felicidades, Piotr. Me gusta lo que haces. Mezclas bien el café.
    Tepé

     
    • hdezsoto

      15/06/2011 at 6:28 PM

      Gracias Tony. Con gusto. Sígueme leyendo y hazme reocmendacones.
      Un abrazo,
      Pedro

       
  2. Vlado

    15/06/2011 at 9:52 PM

    Muy buen articulo Pedruco,yo tuve una experiencia reciente y no precisamente religiosa , en la cual se vio involucrada la salud de mi y hijo y por supuesto su periplo por los hospitales de mi amada ciudad de Santa Clara y al final termine parafraseando lo mismo .Te felicito.
    Un abrazo a la distancia
    El Vlado

     

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